LXXXIV.LEYES MORALES – Libro III / Capítulo XI: LEY DE JUSTICIA,
AMOR Y CARIDAD / Parte I
‘Justicia’ es simple y llanamente ‘dar a cada quien lo que le
corresponda’. Luego, esta sencilla definición es complicada en el
cerebro de muchos, por lo que, al ser demasiado sencilla, tratan de complicarla
dándole conceptualizaciones tan extremas como castigar a aquellos que nos
ofenden. Y claro que, el castigo es lo que muchos pudieran merecer por sus
actos, pero no podemos olvidar que también hay quienes merecen premios por sus
acciones.
El caso es que, para los
hombres la ‘justicia’ suele estar relacionada con castigo, pero para nuestro
Amoroso Padre Dios la ‘Justicia es dar a cada quien lo que merece’, lo cual
puede ser bueno o malo, tanto cuanto no se trata de que sea bueno o malo, sino que es simplemente lo que se
merece: EL QUE ACTUÓ BIEN PUES RECIBIRÁ BIENES Y EL QUE ACTUÓ MAL PUES RECIBIRÁ
MALES. ¡SIMPLE KARMA!!!
(377): 873. El
sentimiento de justicia ¿es natural o constituye el resultado de ideas
adquiridas? – “Tan natural es, que os indignáis a la sola idea de que se cometa
una injusticia. No cabe duda de que el progreso moral desarrolla dicho sentimiento, pero no lo crea: Dios
lo puso en el corazón del hombre. He ahí por qué encontráis con frecuencia,
en personas simples y primitivas, nociones más exactas de la justicia que entre
aquellas otras que poseen mucho saber”. (La sencillez del sentido de justicia
forma parte de nuestra constitución espiritual, tanto cuanto procedemos de El
Sumo Justo Juez, Quien Es Amor y por ende nosotros lo somos, aunque, al ser
revestidos de materialidad, el peso de las
necesidades materiales nos hace inclinarnos por dejar para nosotros lo mejor,
pese a que nuestra ‘Consciencia’ nos dice que lo justo es dar a los demás lo
mejor. En atención al desorden de nuestras ‘Consciencias’, generado
por nuestras inclinaciones materiales, los hombres construyeron un sistema
legal, procurando evitar el caos de nuestras inclinaciones materiales. No
obstante, al ser una creación humana, los sistemas
legales suelen ser poco justos, tanto cuanto han sido desarrollados para dar a
los ricos y poderosos más poder sobre los pobres y débiles).
(378): 876. Fuera del
derecho que la ley humana consagra, ¿en qué se basa la justicia fundada sobre
la ley natural? – “Os ha dicho Cristo: «… como queréis que hagan los
hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos»
-Lucas 6:31-. Ha puesto Dios en el corazón del
hombre la norma de toda auténtica justicia, por el deseo de cada cual ver
respetados sus derechos. En la
incertidumbre de lo que debe hacer respecto al prójimo en determinada
circunstancia, pregúntese el hombre cómo
querría que se procediese con él en ese caso; pues Dios no podía darle
una guía más segura que su propia conciencia”. (Así de sencilla es
la ‘Justicia’: TRATAR A
LOS DEMÁS COMO NOS GUSTARÍA SER TRATADOS. Así pues, si deseo para mí
lo mejor de los alimentos de la mesa entonces evito comerla y se la dejo a los
demás. Bajo este hermoso criterio de la ‘Justicia’, que nos legó nuestro Amado
Yeshuá, no sólo estaremos practicando la ‘Justicia de Dios’, sino que también
estaremos combatiendo nuestra gula, que nos mueve a tomar lo mejor de los
alimentos para nosotros. Igual ocurre con cualquiera de los vicios capitales de
los que podamos sufrir. Si sufres de avaricia y procuras darle de tus riquezas
a los necesitados pues habrás vencido la avaricia y estarás ejercitándote en la
‘Justicia Divina’. El que sufra del vicio de la ira, pues si observa esta
sencilla norma de nuestro Amado Yeshuá, vencerá su ira al practicar la
‘Justicia de Dios’, que lo moverá a no maltratar a otros, simplemente porque a
aquel que sufre del vicio de la ira tampoco le gustaría ser maltratado. Al que
sufra de la pereza, pues le costará seguir durmiendo al sentir que hay tanto
que hacer por los demás, cosas que con seguridad le gustaría que hicieran por él.
La lujuria mueve a los que la sufren a abusar sexualmente de los demás, por lo
que, al seguir la sencilla Regla de nuestro Amado Yeshuá, el lujurioso dejará
de abusar sexualmente de otros simplemente porque con seguridad no quiere que
abusen de él… Como podrán apreciar, ser justos es sencillo, tanto cuanto es tratar a los demás como se
quiere ser tratado).
LA PROPIEDAD
Siendo la ‘Justicia’ el
acto de dar a cada quien lo que se merece, se hace evidente que, aquellos que se han esforzado por
crecer materialmente, merecen tener derecho de propiedad sobre los bienes que
logra adquirir, producto de su esfuerzo o trabajo. Bajo este
principio de lógica inferencial, los Espíritus Superiores le responden a Kardec
algunas preguntas acerca de la propiedad material, pero procurando dar a
entender que, siempre y cuando se hayan adquirido por vías legales, es lícito defender
la propiedad de los bienes materiales.
Ahora bien, en el
entendido de que los Espíritus Superiores tratan de ser complacientes con las
respuestas que le dan a Kardec, a los fines de no apesadumbrarlo, pareciera que
los Espíritus Superiores estuvieran de acuerdo en responder preguntas que
atañen a nuestros apegos materiales, cuando en realidad deberían movernos a
evitarlos. Quizás por esta razón, los Espíritus
Superiores le responden a Kardec conforme a sus necesidades materiales, pero
aclarándole siempre que los bienes materiales son más para ayudar a otros que
para el disfrute propio.
(379): 882. ¿Tiene
derecho el hombre a defender lo que ha reunido por medio de su trabajo? – “¿No
dijo Dios: «No hurtarás»? Y Jesús: «Dad, pues, a César lo que es de César, y a
Dios lo que es de Dios»”. (Causa gracia que, con esta respuesta los Espíritus
Superiores le dijeron a Kardec mucho y no le dijeron nada, quizás para no
apesadumbrarlo en sus intenciones, por lo que le dejaron a Kardec responderse a
sí mismo, al interpretar sabiamente la respuesta recibida, cosa que, según mi
humilde opinión, Kardec mal interpretó porque concluyó lo siguiente: «Lo
que el hombre reúne mediante un trabajo honrado es una propiedad legítima, que
le asiste el derecho de defender, porque la propiedad que sea fruto del trabajo
constituye un derecho natural tan sagrado como el de trabajar y el de vivir».
Evidentemente, nuestro Amoroso Padre Dios no está de acuerdo con el robo, pero
siempre es bueno recordar que no estamos en este Mundo para poseer y mucho
menos defender bienes materiales, tanto cuanto son efímeros, por lo que siempre
es mejor dejarles a los materialistas -César- que se quede con los bienes
materiales y nosotros ocuparnos de poseer y defender las espirituales. Y claro
que, en atención a la Justicia, hay bienes que se deben defender tanto cuanto
no son propiamente particulares, sino que existen para el sostén y disfrute de
una colectividad -familia, empresa, …- por lo que se justifica la defensa de
los mismos, porque su ausencia afecta a un colectivo. Pero defender propiedades
particulares -teléfonos, autos, dinero, …-, que afectan únicamente la vanidad
de quien las posee, no tiene ningún sentido, mucho menos perder la vida defendiéndolas).
(380): 883. El deseo de
poseer bienes ¿es natural? – “Sí, pero cuando se desean para sí mismo y para satisfacción
personal, significa egoísmo”.
883 a. Sin embargo, el
deseo de poseer, ¿no es legítimo, puesto que aquel que tiene con qué vivir no
representa una carga para nadie? – “Hay hombres que son insaciables y que acumulan sin provecho para
persona alguna, o lo hacen con el objeto de saciar sus pasiones.
¿Crees que Dios vea bien esa conducta? En cambio, el que reúne bienes por medio
de su trabajo, con miras a acudir en ayuda de sus semejantes, practica la ley
de amor y caridad, y su trabajo es bendecido por Dios”. (Así pues, NO ES MALO PROCURAR RIQUEZAS
SIEMPRE Y CUANDO SE HAGA CON EL FIN DE HACER EL BIEN, pero
tristemente, lo que comúnmente ocurre es que, aquellos que logran altos índices de riqueza se dejan
arropar por ésta y se olvidan del bien que pensaban realizar al obtenerla.
Ser rico no es malo, tanto cuanto son muchas las cosas buenas que se pueden
hacer con las riquezas, pero si decides aplicar tu riqueza en actos puramente lascivos
o carnales y procurando cada vez más riquezas, olvidándote del mucho bien que
pudieras hacer con esas riquezas, pues, evidentemente, la riqueza para ti es
dañina).
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