lunes, 8 de abril de 2024

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte LXXXIV

LXXXIV.LEYES MORALES – Libro III / Capítulo XI: LEY DE JUSTICIA, AMOR Y CARIDAD / Parte I

JUSTICIA      

‘Justicia’ es simple y llanamente ‘dar a cada quien lo que le corresponda’. Luego, esta sencilla definición es complicada en el cerebro de muchos, por lo que, al ser demasiado sencilla, tratan de complicarla dándole conceptualizaciones tan extremas como castigar a aquellos que nos ofenden. Y claro que, el castigo es lo que muchos pudieran merecer por sus actos, pero no podemos olvidar que también hay quienes merecen premios por sus acciones.

El caso es que, para los hombres la ‘justicia’ suele estar relacionada con castigo, pero para nuestro Amoroso Padre Dios la ‘Justicia es dar a cada quien lo que merece’, lo cual puede ser bueno o malo, tanto cuanto no se trata de que sea bueno o malo, sino que es simplemente lo que se merece: EL QUE ACTUÓ BIEN PUES RECIBIRÁ BIENES Y EL QUE ACTUÓ MAL PUES RECIBIRÁ MALES. ¡SIMPLE KARMA!!!

(377): 873. El sentimiento de justicia ¿es natural o constituye el resultado de ideas adquiridas? – “Tan natural es, que os indignáis a la sola idea de que se cometa una injusticia. No cabe duda de que el progreso moral desarrolla dicho sentimiento, pero no lo crea: Dios lo puso en el corazón del hombre. He ahí por qué encontráis con frecuencia, en personas simples y primitivas, nociones más exactas de la justicia que entre aquellas otras que poseen mucho saber”. (La sencillez del sentido de justicia forma parte de nuestra constitución espiritual, tanto cuanto procedemos de El Sumo Justo Juez, Quien Es Amor y por ende nosotros lo somos, aunque, al ser revestidos de materialidad, el peso de las necesidades materiales nos hace inclinarnos por dejar para nosotros lo mejor, pese a que nuestra ‘Consciencia’ nos dice que lo justo es dar a los demás lo mejor. En atención al desorden de nuestras ‘Consciencias’, generado por nuestras inclinaciones materiales, los hombres construyeron un sistema legal, procurando evitar el caos de nuestras inclinaciones materiales. No obstante, al ser una creación humana, los sistemas legales suelen ser poco justos, tanto cuanto han sido desarrollados para dar a los ricos y poderosos más poder sobre los pobres y débiles).

(378): 876. Fuera del derecho que la ley humana consagra, ¿en qué se basa la justicia fundada sobre la ley natural? – “Os ha dicho Cristo: «… como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos» -Lucas 6:31-. Ha puesto Dios en el corazón del hombre la norma de toda auténtica justicia, por el deseo de cada cual ver respetados sus derechos. En la incertidumbre de lo que debe hacer respecto al prójimo en determinada circunstancia, pregúntese el hombre cómo querría que se procediese con él en ese caso; pues Dios no podía darle una guía más segura que su propia conciencia”. (Así de sencilla es la ‘Justicia’: TRATAR A LOS DEMÁS COMO NOS GUSTARÍA SER TRATADOS. Así pues, si deseo para mí lo mejor de los alimentos de la mesa entonces evito comerla y se la dejo a los demás. Bajo este hermoso criterio de la ‘Justicia’, que nos legó nuestro Amado Yeshuá, no sólo estaremos practicando la ‘Justicia de Dios’, sino que también estaremos combatiendo nuestra gula, que nos mueve a tomar lo mejor de los alimentos para nosotros. Igual ocurre con cualquiera de los vicios capitales de los que podamos sufrir. Si sufres de avaricia y procuras darle de tus riquezas a los necesitados pues habrás vencido la avaricia y estarás ejercitándote en la ‘Justicia Divina’. El que sufra del vicio de la ira, pues si observa esta sencilla norma de nuestro Amado Yeshuá, vencerá su ira al practicar la ‘Justicia de Dios’, que lo moverá a no maltratar a otros, simplemente porque a aquel que sufre del vicio de la ira tampoco le gustaría ser maltratado. Al que sufra de la pereza, pues le costará seguir durmiendo al sentir que hay tanto que hacer por los demás, cosas que con seguridad le gustaría que hicieran por él. La lujuria mueve a los que la sufren a abusar sexualmente de los demás, por lo que, al seguir la sencilla Regla de nuestro Amado Yeshuá, el lujurioso dejará de abusar sexualmente de otros simplemente porque con seguridad no quiere que abusen de él… Como podrán apreciar, ser justos es sencillo, tanto cuanto es tratar a los demás como se quiere ser tratado).

LA PROPIEDAD

Siendo la ‘Justicia’ el acto de dar a cada quien lo que se merece, se hace evidente que, aquellos que se han esforzado por crecer materialmente, merecen tener derecho de propiedad sobre los bienes que logra adquirir, producto de su esfuerzo o trabajo. Bajo este principio de lógica inferencial, los Espíritus Superiores le responden a Kardec algunas preguntas acerca de la propiedad material, pero procurando dar a entender que, siempre y cuando se hayan adquirido por vías legales, es lícito defender la propiedad de los bienes materiales.

Ahora bien, en el entendido de que los Espíritus Superiores tratan de ser complacientes con las respuestas que le dan a Kardec, a los fines de no apesadumbrarlo, pareciera que los Espíritus Superiores estuvieran de acuerdo en responder preguntas que atañen a nuestros apegos materiales, cuando en realidad deberían movernos a evitarlos. Quizás por esta razón, los Espíritus Superiores le responden a Kardec conforme a sus necesidades materiales, pero aclarándole siempre que los bienes materiales son más para ayudar a otros que para el disfrute propio.

(379): 882. ¿Tiene derecho el hombre a defender lo que ha reunido por medio de su trabajo? – “¿No dijo Dios: «No hurtarás»? Y Jesús: «Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios»”. (Causa gracia que, con esta respuesta los Espíritus Superiores le dijeron a Kardec mucho y no le dijeron nada, quizás para no apesadumbrarlo en sus intenciones, por lo que le dejaron a Kardec responderse a sí mismo, al interpretar sabiamente la respuesta recibida, cosa que, según mi humilde opinión, Kardec mal interpretó porque concluyó lo siguiente: «Lo que el hombre reúne mediante un trabajo honrado es una propiedad legítima, que le asiste el derecho de defender, porque la propiedad que sea fruto del trabajo constituye un derecho natural tan sagrado como el de trabajar y el de vivir». Evidentemente, nuestro Amoroso Padre Dios no está de acuerdo con el robo, pero siempre es bueno recordar que no estamos en este Mundo para poseer y mucho menos defender bienes materiales, tanto cuanto son efímeros, por lo que siempre es mejor dejarles a los materialistas -César- que se quede con los bienes materiales y nosotros ocuparnos de poseer y defender las espirituales. Y claro que, en atención a la Justicia, hay bienes que se deben defender tanto cuanto no son propiamente particulares, sino que existen para el sostén y disfrute de una colectividad -familia, empresa, …- por lo que se justifica la defensa de los mismos, porque su ausencia afecta a un colectivo. Pero defender propiedades particulares -teléfonos, autos, dinero, …-, que afectan únicamente la vanidad de quien las posee, no tiene ningún sentido, mucho menos perder la vida defendiéndolas).   

(380): 883. El deseo de poseer bienes ¿es natural? – “Sí, pero cuando se desean para sí mismo y para satisfacción personal, significa egoísmo”.

883 a. Sin embargo, el deseo de poseer, ¿no es legítimo, puesto que aquel que tiene con qué vivir no representa una carga para nadie? – “Hay hombres que son insaciables y que acumulan sin provecho para persona alguna, o lo hacen con el objeto de saciar sus pasiones. ¿Crees que Dios vea bien esa conducta? En cambio, el que reúne bienes por medio de su trabajo, con miras a acudir en ayuda de sus semejantes, practica la ley de amor y caridad, y su trabajo es bendecido por Dios”. (Así pues, NO ES MALO PROCURAR RIQUEZAS SIEMPRE Y CUANDO SE HAGA CON EL FIN DE HACER EL BIEN, pero tristemente, lo que comúnmente ocurre es que, aquellos que logran altos índices de riqueza se dejan arropar por ésta y se olvidan del bien que pensaban realizar al obtenerla. Ser rico no es malo, tanto cuanto son muchas las cosas buenas que se pueden hacer con las riquezas, pero si decides aplicar tu riqueza en actos puramente lascivos o carnales y procurando cada vez más riquezas, olvidándote del mucho bien que pudieras hacer con esas riquezas, pues, evidentemente, la riqueza para ti es dañina).



 

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