LXXXVI.LEYES MORALES – Libro III / Capítulo XII: PERFECCIÓN
MORAL / Parte I
En el capítulo anterior
les aclaré que, cada vez
que hablo de los vicios me refiero a los ‘vicios capitales espirituales’,
de los que nos habla Tomás de Aquino, en su Suma de Teología. Les hice esta
aclaración porque muchas veces, al escribir ‘vicios’ creo que ustedes pensarán
en alcohólicos, drogadictos y similares, los cuales son ‘vicios materiales’. Y
claro que, los ‘vicios materiales’ suelen ser el reflejo evidente de ciertos
‘vicios capitales espirituales’, pero mi mayor interés es que se esfuercen por deslastrarse de los ‘vicios capitales
espirituales’, los cuales son el ’barro’ que cubre nuestros Periespíritus y no
le permiten a nuestros Espíritus brillar, con la intensidad propia de nuestra
Dignidad de Hijos de Dios.
Ahora bien, según nos
indicó Tomás de Aquino, podemos combatir los ‘vicios capitales espirituales’
con el ejercicio de ciertas ‘virtudes’, las cuales son como el desembarrante de
nuestro Periespíritus. Nos dice Tomás que, para deslastrarnos de los ‘vicios
capitales espirituales’ debemos ejercitarnos en las ‘virtudes capitales’, a
saber: 1) contra la soberbia: humildad, 2) contra la avaricia: generosidad,
3) contra la lujuria: castidad, 4) contra la ira: paciencia, 5) contra la gula:
templanza, 6) pereza: diligencia y 7) contra la envidia: caridad.
Acerca de este tema ya
les he conversado abundantemente, por lo que no me detendré a repetírselos,
pero si quiero comentarles que, los Espíritus Superiores le confirman a Kardec
que, LA MAYOR VIRTUD ES LA CARIDAD, quizás
porque, si me ejercito en todas las virtudes pero me olvido del amor,
manifestado en el servicio, a mis Hermanos -Espíritus-, pues me estaría
olvidando de que todos formamos parte de un TODO el cual es nuestro Amoroso
Padre Dios, lo cual me obliga a recordar que MIS HERMANOS SON MAS IMPORTANTES
QUE YO MISMO.
(385): 893. ¿Cuál es la
más meritoria de todas las virtudes? – “Todas las virtudes poseen su mérito,
porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a
las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo
sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien
del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más
meritoria de ellas es la que se basa en la más desinteresada caridad”. (Así
pues, como nos decía Pablo: «Si yo hablara lenguas humanas y
angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que
resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y
entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la
fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si
diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara
mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha»
-1 Corintios 13-. El amor, manifestado en el servicio a los demás -Caridad- es
la mayor virtud, porque es la evidencia de que reconozco en los demás a un
Hermano, a quien debo ayudar a ‘Progresar Espiritualmente’, por lo que debo
esforzarme por servirle ‘Conscientemente’, lo que significa evitar servirle por
servirle, sin considerar que el servicio es procurando que ¿progresen
Espiritualmente’).
Aunque no lo crean, muchos son los que realizan obras de aparente caridad, pero
con la intención de ser vistos y aplaudidos. Recuerdan aquella
hermosa Parábola del fariseo y el publicano: «Dos hombres subieron al
templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en
pie, oraba consigo mismo de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy
como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno
dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano”. Mas el publicano,
estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba
el pecho, diciendo: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Os digo que este
descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se
enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido» -Lucas
18:9-14-. De allí que, acerca el servicio a los demás, nuestro Amado Yeshuá nos
recomendó: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para
ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro
Padre que está en los cielos» -Mateo 6:1-, esto es porque, la
intención de nuestras obras es lo que cuenta, por lo que, si nuestra intención al ejecutar alguna
obra es puramente egoísta -para nuestro propio beneficio material-, pues es muy
probable que no nos sea de Beneficio Espiritual.
(386): 895. Dejando a un
lado los defectos y los vicios sobre los cuales nadie podría engañarse, ¿cuál es el signo más
característico de la imperfección? – “El interés personal.
Las cualidades morales son con frecuencia como el dorado que se coloca sobre la
superficie de un objeto de cobre y que no resiste a la piedra de toque. Un hombre puede poseer cualidades reales que lo
convierten, a los ojos de la sociedad, en una persona de bien. Pero esas
cualidades, aunque sean por sí mismas un progreso, no siempre soportan ciertas
pruebas, y basta en ocasiones pulsar la nota del interés personal para que el
fondo quede al descubierto. El verdadero
desinterés es tan raro en la Tierra que, cuando se hace presente, se le admira
como a algo extraño”. (De allí que, hay personas que son muy
generosas, pero como dan dinero y hasta crean Fundaciones para ayudar a muchos,
pero lo hacen para ser aplaudidos, pues se convierten en simples altruistas,
cuyas obras los ayudan a tener renombre social, pero muy probablemente no les
ayude a ejercitarse en la ‘generosidad’ -virtud que combate la avaricia-,
puesto que realmente están repartiendo dinero, pero no porque quieren ser
generosos, sino porque quieren ser reconocidos socialmente, lo cual incrementa
el ‘vicio de la soberbia’, en vez de combatir la avaricia. Por eso es tan importante VIGILAR LA
INTENCIÓN DE TODO LO QUE HACEMOS, DECIMOS Y HASTA LO QUE PENSAMOS, si realmente
queremos ‘Crecer Espiritualmente’, al combatir nuestros ‘vicios’, porque
pudiéramos no solamente no estar combatiendo un vicio sino generando otros).
EL NECESARIO EQUILIBRIO
Si me van pillando la
idea, se habrán percatado que, esto de Llegar al Cielo es bastante complicado y por demás
exigente, porque no exige hallar un equilibrio entre lo que quiero para mí y lo
que quiero para los demás, hasta llegar a que ambos deseos sean la misma cosa.
Esto es porque, si bien es cierto que, nuestras Misiones en la Tierra, para las
cuales hemos sido materializados, parecieran ser particulares, muchas son
realmente colectivas, tanto cuanto formamos parte de un TODO y ese TODO DEBE
SER UNIFORME. Dicho de otra manera, la forma más eficiente de lograr Llegar al
Cielo es ayudando a otros a lograrlo. «NO
HAY AMOR MÁS GRANDE QUE AQUEL QUE DA LA VIDA POR SUS HERMANOS».
(386): 896. Hay personas desinteresadas, pero sin discernimiento, que prodigan sus bienes sin provecho real, en vez de emplearlos racionalmente. ¿Tienen algún mérito? – “Poseen el mérito del desinterés, pero no el del bien que pudieran realizar. Si el desinterés representa una virtud, la prodigalidad irreflexiva es siempre, por lo menos, una falta de juicio. No se concede la fortuna a algunos para que la desparramen a los cuatro vientos, como tampoco le es dada a otros para que la sepulten en una caja fuerte. Se trata de un depósito del que tendrán que rendir cuentas, porque deberían responder de todo el bien que les fue posible hacer y que no hayan hecho, así como de todas las lágrimas que hubieran podido enjugar con el dinero que han dado, en cambio, a quienes no lo necesitaban”. (Así pues, si me esfuerzo en la ‘generosidad’ simplemente para deslastrarme YO de la avaricia y no para ayudar ‘Conscientemente’ a mis Hermanos, pues estaré desperdiciando la fortuna que se me ha otorgado, para que me ejercite en la generosidad, al desparramarla a los cuatro vientos. De manera que, es preciso que, antes de realizar alguna acción, piense primero el motivo de tal acción y me haga ‘Consciente’ de ese motivo, a los fines de procurar que tal acción no sólo me ayude a mí a ‘Crecer Espiritualmente’, sino que sobre todo ayude a otros a lograr el mismo Objetivo.
Si sufro de ira y me esfuerzo por ejercitarme en la ‘paciencia’ -aceptar los fallos de otros- simplemente porque quiero salvarme y poder ir al cielo, entonces mis motivaciones son puramente egoístas y probablemente los ejercicios de ‘paciencia’ no me ayuden a Llegar al Cielo. Pero si mi motivo de ejercitarme en la ‘paciencia’ es tratar de mantener siempre presente que todos somos Hermanos, con derecho a equivocarnos, entonces seré paciente con los errores de mis Hermanos, sabiendo que yo también los he cometido y trataré de ayudarles a corregir sus fallas. Al ayudarlos a corregir sus fallas evitaré explotar violentamente y causarle daño a algún Hermano, entonces el ejercicio de la ‘paciencia’ será un ejercicio ‘Consciente’ del ‘servicio’ -Caridad- que le quiero dar a mis Hermanos, al procurar esforzarme por no explotar en ira y, a su vez, me ayudará a deslastrarme del vicio de la ira. Ese ‘Equilibrio Consciente’, entre lo que yo necesito -ir al Cielo- y lo que necesitan mis Hermanos -no ser lastimados y ayudarlos a corregir sus fallas-, es lo que hará de mi esfuerzo por controlar la ira mucho más eficiente. SI TODO LO QUE HAGO ES POR EL BIEN DE MIS HERMANOS, CON SEGURIDAD LOGRARÉ MI PROPIO BIEN. Y claro que, todo esfuerzo que yo haga por deslastrarme de mis ‘vicios espirituales’ siempre será ‘Meritorio’, pero si al ejercitarme en las ‘Virtudes Espirituales’ logro hacer que mi ‘Intención Consciente’ sea el bien de mis cercanos, quienes con seguridad sufrirán menos mi presencia, que se hará menos grosera y lastimosa, entonces será muchísimo más ‘Meritorio’ mi esfuerzo).
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