El vocablo ‘conciencia’ deriva
del latín ‘conscientia’, compuesta por el prefijo ‘con’ –‘junto
con’ y el sustantivo ‘scientia’, que significa ‘ciencia o
conocimiento’. El significado inicial del verbo ‘conscire’, del cual
se originaron el adjetivo ‘conscius’ y el sustantivo ‘conscientia’,
era ‘conocer o saber junto con los demás’ o, más claramente, ‘compartir
el conocimiento con los demás’. De allí que, originariamente, ‘conciencia’
hacía referencia tanto a la necesidad de aprender como a la de compartir lo
aprendido.
Aunque ‘conciencia’
y ‘consciencia’ parten de la misma etimología, con el paso de los años,
por aquello de nuestra extraña necesidad de complicar las cosas, o quizás por
seguir el consejo de los Espíritus Superiores, de crear una palabra para cada
cosa, a fin de poder comprender mejor lo que aprendemos, la palabra ‘conciencia’ comenzó a definirse como: ‘la capacidad de darse cuenta de algo’, a los fines
de diferenciarla de la palabra ‘consciencia’,
la cual comenzó a definirse como ‘la capacidad del
ser humano de percibir -hacer conciencia de- la realidad y de reconocerse en
ella’.
Así pues, aquello de lo
que un ser humano puede darse cuenta, constituye el contenido de su conciencia,
mientras que, darse cuenta de la interacción con ese algo, constituye la ‘consciencia’.
Darse cuenta de dimensiones como el tiempo y el espacio es cualitativamente
diferente al hecho de darse cuenta de uno mismo -autoconciencia-
o a darse cuenta que uno se
da cuenta de algo -autorreflexión o experiencia
consciente-. Posiblemente los dos primeros niveles -conciencia y autoconciencia- no son exclusivos del género
humano y permiten a todo ser viviente estar ubicado en el espacio y en el
tiempo e identificarse como individuo frente a otros de su especie o de
especies diferentes. Estos constituyen la base de la experiencia
sensible.
Luego, no es lo mismo darse cuenta de algo que darse cuenta que uno se
da cuenta de algo. Cuando nos hacemos ‘conscientes’ de aquello que
somos ‘concientes’, comenzamos a subir de ‘Niveles de Consciencia’, tanto cuanto,
la única forma de aprehender el conocimiento es haciéndonos ‘conscientes’ de lo
que experimentamos o percibimos. Justamente, lo que diferencia a los seres
humanos de los animales es su ‘Nivel de Consciencia’, en el entendido de que, a mayor ‘Nivel de Consciencia’ nos hacemos más humanos y
menos animales.
CONOCIMIENTO
Estructuralmente, ‘conciencia’
y ‘consciencia’, contienen la palabra ‘ciencia’, en su composición etimológica,
lo que implica que guardan una profunda relación con la palabra ‘conocimiento’.
Ahora bien, la palabra ‘conocer’ abarca desde la
simple noción de las cosas hasta el entendimiento o comprensión plena de lo ‘conocido’.
De allí que, al igual que la ‘consciencia’, el ‘conocimiento’ tiene varios
niveles, tanto cuanto dependerá de los ‘Niveles de Consciencia’ aplicados en el
aprendizaje de ese conocimiento. De allí que, a
mayor ‘Nivel de Consciencia’ mayor será nuestro ‘conocimiento’, de las cosas
aprendidas.
Nuestros ‘conocimientos’
comienzan con la experiencia, porque, en efecto, ¿cómo habría de ejercitarse la
facultad de conocer si no fuera por los objetos que, excitando nuestros
sentidos de una parte, producen por sí mismos representaciones y, de otra,
impulsan nuestra inteligencia a compararlas entre sí, enlazarlas o separarlas,
y de esta suerte componer la materia informe de las impresiones sensibles para
formar ese conocimiento de las cosas que se llama experiencia? No obstante,
aunque se puede inferir que, ninguno de nuestros conocimientos precede a la
experiencia, la realidad es que, gran parte de nuestro
conocimiento empírico es una composición de lo que recibimos por las
impresiones y de lo que aplicamos por nuestra propia facultad de conocer, tanto
cuanto, nuestra percepción de la realidad depende de nuestros conocimientos
adquiridos previamente. De allí que, a
mayor cúmulo de ‘conocimiento’ mayor será la facultad de aprender de nuestras
experiencias.
El cúmulo de ‘conocimientos’
nos permiten apreciar, con mayor sensibilidad, cada experiencia vivida y, el
conocimiento adquirido de cada nueva experiencia, ya no depende de la
experiencia sensible sino de la experiencia de esa experiencia sensible.
Justamente, lo que distingue al ser humano de otros animales -incluyendo al
hombre- es su capacidad de convertir las
experiencias vividas en conocimiento, a los fines de aplicarlo positivamente en
otras experiencias de vida, en procura de mayor conocimiento, que le ayude a comprender el Mundo.
CONVIVENCIA
Aquel que comprende
su Mundo es capaz también de crear espacios de CONVIVENCIA, en donde se da
generosamente a otros con su misma capacidad. En este
contexto, la conciencia -lo que percibimos- no se considera individual, sino
que se sabe colectiva, porque cada uno comienza a comprender que no es el único
que está experimentando para aprender, lo que consecuentemente nos mueve a
enseñar o compartir lo aprendido, a los fines de que todos crezcan en el ‘conocimiento’.
De allí que, a mayor ‘Nivel de Consciencia’ mayor
será nuestro ‘Nivel de Convivencia’.
Todos estos ‘silogismos’
mencionados, pretenden entrelazar la realidad de la importancia de esforzarnos
por crecer en el ‘conocimiento’, a los fines de ‘ascender’ en la Pirámide Espírita,
tanto cuanto, los Espíritus se van purificando
conforme van haciendo uso del ‘conocimiento aprehendido’ para ayudar a otros Espíritus
a purificarse. Luego, la
prueba más clara del ‘Nivel de Purificación’ de un espíritu, es el amor que se
manifiesta en el trato a los demás o convivencia.
Sé que muchos han
concluido erróneamente que, debemos esforzarnos por crecer en el conocimiento
formal de las experiencias, por lo que suponen que deben comerse un buen número
libros para cumplir con el cometido de ‘Purificarse’, lo cual ciertamente es
parte de la verdad, pero no es toda La Verdad, tanto cuanto el conocimiento más importante es el que adquirimos al hacernos
conscientes de las experiencias que vivimos y, al hacernos conscientes,
procuramos aplicar, ese conocimiento, en la resolución de las nuevas
experiencias de vida que experimentemos colectivamente, puesto que comprendemos
que, aquello que experimentamos no siempre es particular o individual, sino que
afecta nuestro entorno y a quienes lo comparten con nosotros.
En este orden de ideas,
es preciso comprender que, para ‘ascender’ en la Pirámide Espírita, mas que
acumular ‘conocimientos formales’, es necesario aplicar los conocimientos
adquiridos con nuestra interrelación con los demás, recordando siempre la
importancia del amor en todas nuestras interrelaciones. Dicho de otra manera, por mucho ‘conocimiento formal’ que tenga, por muy
inteligente que sea, … por muy sabio que a mis ojos parezca, si no he aprendido
a convivir armonía con los demás, pues no he aprendido nada.
Hijos de un mismo padre
Desde los inicios de nuestra humanidad, nuestro Amoroso Padre Dios ha tratado de comunicarse con
nosotros para hacernos partícipes de una hermosa realidad: ¡SOMOS SUS HIJOS!!!
Tristemente, pese a nuestra avanzada historia, aún muchos no logran apreciar
éste hermoso mensaje. Y esto a pesar de que, nuestro Amoroso Padre Dios, a
través de los años, haciendo uso de ciertos “ILUMINADOS”, ha tratado de
comunicarnos que “de
alguna forma o manera toda la creación está interconectada”. Esta es
otra de las Reglas del juego por nuestros mundos: ¡TODA LA CREACIÓN ESTÁ INTERCONECTADA!!!
Las creencias centrales de las principales religiones
del mundo, procuran comunicarnos esta verdad con pensamientos sencillos. En el cristianismo, por ejemplo, se nos dice: NO HAGAS A LOS DEMÁS LO QUE NO QUIERES QUE TE HAGAN A TI.
En el islamismo, la idea central, si lees con
detenimiento, es: NADIE SERÁ UN VERDADERO CREYENTE
HASTA QUE DESEE PARA LOS DEMÁS LO QUE DESEA PARA SI MISMO. En el judaísmo se nos deja ésta idea central: NO LE HAGAS A TU PROJIMO AQUELLO QUE TE CAUSE MALESTAR A TI.
Como muchos sabrán, el hinduismo
no es una religión, sino un conjunto
de creencias metafísicas, religiosas, cultos, costumbres y rituales que conforman
una tradición religiosa. Algunas de esas muchas culturas religiosas expresan, como
la idea central de sus creencias, lo siguiente: ¡NO HAGAS A LOS DEMAS AQUELLO QUE TE CAUSE
SUFRIMIENTO A TI!
En el budismo, por ejemplo, se nos dice: NO LASTIMES A LOS DEMAS CON LO QUE TE CAUSA DOLOR A TI MISMO.
Mientras que el sijismo expresa: YO NO SOY UN EXTRAÑO PARA NADIE Y NADIE ES UN EXTRAÑO PARA MI
¡DE HECHO SOY AMIGO DE TODOS!
También algunas otras formas de culto religioso, a las
cuales no se les otorga propiamente la clasificación de religión, expresan de
alguna manera éste pensamiento central de la unidad ontológica de toda la
creación. El jainismo deja en claro que: DEBERIAMOS TRATAR A TODAS LAS CRIATURAS DEL MUNDO, COMO NOS
GUSTARIA SER TRATADOS. El taoísmo nos recomienda: CONSIDERA LOS BENEFICIOS DE TU PROJIMO COMO TUS BENEFICIOS, Y
SUS PÉRDIDAS COMO TUS PÉRDIDAS. El zoroastrismo nos pide: NO PRACTIQUES EN LOS DEMÁS AQUELLO QUE ES PERJUDICIAL PARA TI
MISMO.
HERMANOS
Pero todo esto sólo es posible comprenderlo si
aceptamos justamente que, si somos hijos de un Mismo
Padre, entonces somos hermanos. Muchos son los que logran aceptar
que somos Hijos de Dios, pero lo aceptan ‘individualmente’, porque no han logrado
hacer ‘colectiva’ sus ‘consciencias’. Consecuentemente, muchos son los que se ‘autodenominan’ -han alcanzado la autoconciencia-
Hijos de Dios, pero no se dan cuenta de
lo que se dieron cuenta -autorreflexión- que: ¡somos ‘hermanos’!!! Llegar al ‘Nivel de la Autorreflexión’,
es justamente lo que nos hace humanos, porque, muchos
animales tienen ‘conciencia’ -se dan cuenta de lo que les rodea-y hasta ‘autoconciencia’
-se dan cuenta de sí mismos-, pero sólo los humanos ‘experimentan
conscientemente su interrelación con lo que les rodea, porque reflexionan respecto a las implicaciones de aquello
que experimentan.
Mi amado papá -QEPD-, con pequeñas frases y
ejemplos, siempre me recordaba lo que nuestro Amoroso Padre Dios, ha tratado de
comunicarnos, de millones de formas y maneras: ¡AMENSE LOS UNOS A LOS OTROS
COMO YO LOS AMO!!!
En mis tiempos de estudiante, cuando me levantaba de madrugada a estudiar, para
algún examen, si por casualidad hacía algo de ruido al levantarme, mi papá se
levantaba y, con voz suave, me recordaba: “No haga ruido, que sus hermanos
están durmiendo”. Durante mis años mozos, cuando me gustaba la música rock, mi
papá siempre me recordaba bajarle el volumen, al equipo de sonido, diciéndome: “Recuerde
que hay vecinos que quieren descansar”. Cuando aprendí a manejar y me regaló un
automóvil me dijo: “Recuerde siempre que un automóvil es un arma, con la cual
puede matar a alguien, evite manejar a altas velocidades, no sea que vaya
lastimar a alguien”. Cuando me veía que yo entraba a la cocina, para servirme
algún bocadillo, mi papá siempre me decía: “Recuerde que los demás también
comen, por lo que, si no va a preparar bocadillos para los demás, por lo menos
no se coma todo, para que los demás también puedan prepararse algo” … Siempre, con inferencias sencillas, mi amado papá me
recordaba que ¡NO ESTOY SOLO EN ESTE MUNDO!!!
COMPASIÓN
Es posible que, de tanto repetírmelo mi amado papá,
fui comprendiendo que convivir implica reconocer que
el que habita en mi entorno es mi hermano y debo tratarlo como me gustaría que
él me tratara, aunque no vea esfuerzos en él por hacer lo propio,
tanto cuanto, la obligación de ‘ascender’ es particular o individual, por lo
que no debo esperar a que los demás asciendan para yo hacerlo. Ciertamente debo
esforzarme por tratar de ayudar a los demás a ‘ascender’, pero no por el hecho
de que no lo hagan debo evitar hacerlo yo. Si permito que el comportamiento de
los demás me impida ‘ascender’, entonces caeré en la misma vorágine de
Imperfección, en la que se encuentran muchos Espíritus.
Es preciso que me esfuerce por comprender y aceptar
que, en los seres que me rodean, existe un Espíritu Hermano que, aunque algo
Imperfecto, no deja de ser mi hermano, por lo que debo tratarlo con las mejores
de las atenciones posibles. La Clave, para lograr esto, es aceptar que no todos nuestros hermanos experimentan la vida de la misma
manera que nosotros lo hacemos. Aun en una misma familia, recibiendo
las mismas atenciones de los padres, no todos los hijos responden igual a esas
mismas atenciones. Así como no todos los hijos, de una misma familia, llegan a
comprender la importancia de la corrección con vara, no todos nuestros Espíritus Hermanos logran comprender que las Pruebas son
necesarias para ayudarnos a crecer espiritualmente, pese al peso de nuestra
materialidad.
Todo lo anterior es para ayudarles a comprender que, es preciso aprender a ponernos en los zapatos de los demás,
si realmente queremos evitar el odio y lograr amar, incluso a aquellos
hermanos, que no logran avanzar. Si
cuando vemos a algún ser sufriendo, logramos sentir ‘compasión’ -sufrir
juntos- por ese ser, pues lograremos hacer por ese ser lo que haríamos
en el caso de que fuéramos nosotros los que estuviéramos sufriendo ese dolor,
esa necesidad, … esa experiencia.
Este
‘sufrir juntos’ incluye a los animales y a las plantas, tanto cuanto, dentro de
esos seres también se encuentra un Espíritu Hermano, ciertamente
Imperfecto -en vía de Perfección-, pero que también merece nuestra estima y a
quien debemos brindarle nuestros mejores tratos. Esto implica no sólo evitar
maltratarles, sino también procurar tratarlos como esperaríamos que nos
trataran a nosotros si tuviéramos ocupando una nave de animal o de planta.
EXPERIENCIAS PERSONALES
De vez en vez, quizás
demasiado seguido para mi gusto, les converso acerca de mis ‘experiencias
personales’, no para vanagloriarme, sino para dejar en claro que, al igual que
ustedes, yo también soy sometidos a Pruebas, la cuales debo esforzarme por
superar. Al igual que ustedes yo también soy un Espíritu revestido de
materialidad, a fin de aprender de mis experiencias de vida. Mayormente, trato
de comunicar mis ‘experiencias personales’ a fin de comentarles lo que
aprehendí.
No obstante, en algunas
oportunidades les he comentado acerca de ciertas ‘experiencias personales’
vividas con mis cercanos. En estos casos, no puedo evitar el ser un crítico de
los comportamientos imperfectos de mis cercanos, no porque yo sea perfecto,
sino porque lo más probable es que ellos no se percaten de lo que yo sí, aunque
estoy claro de que, es preferible seguir aquella máxima de nuestro Amado
Yeshuá: “Quita primero la viga en tu ojo, antes de decirle a tu hermano que se
quite la pelusa de su ojo”. En todo caso, consciente de mis fragilidades, no
puedo evitar el intentar ayudar a otros a percatarse de sus fallas, aunque yo
aún esté luchando contra las mías.
En este orden de ideas,
les comento que, este capítulo lo estoy escribiendo días después de haber
publicado el presente artículo. Esto es porque, se presentó nuevamente la ‘experiencia
personal’ que me movió a escribir el presente artículo. Al escribir el presente
artículo, evité comentarles acerca de la ‘experiencia personal’ que me motivó a
escribirlo, por evitar hablarles de ciertas fallas de mis más cercanos. Lo
evité porque, no quiero que mis más cercanos se molesten con mis críticas,
pero, en atención a que se repitió mi ‘experiencia personal’, tengo que ver
esto como una Señal que me indica mi deber de cumplir con mi Misión de Profeta
y denunciar las injusticias.
Ocurre que, en casa
tenemos dos perros, uno que le compré hace años a una de mis hijas -por lo que
considera que es su dueña- y otra que rescató mi otra hija -por lo que
considera que es su dueña-. Cada una de mis hijas se considera la mamá de sus
perros. Resulta que, los dos perros han sido ‘acostumbrados’ a salir a hacer
sus necesidades cerca de las 8 de la mañana y cerca de las 4 de la tarde.
También los acostumbraron a comer al llegar de su primera salida -poco después
de las 8 am- y cerca de las 6 de la tarde. Ahora bien, todos sabemos que los
perros son animales de costumbres, al igual que los hombres, aunque a veces
pareciera que algunos hombres por costumbre son unos animales. Esto les debería
indicar a mis hijas que, moverles los horarios a los perros es someterlos a
sufrimientos innecesarios, puesto que ellos no comprenden que sus dueños a
veces están ocupados para sacarlos a hacer sus necesidades o para darles la
comida a sus horas.
Los perros no están
obligados a ‘Perfeccionarse’ por muto propio, sino que somos los humanos los
que debemos entrenar a los perros para que se ‘Perfeccionen’. Los que estamos
obligados a ‘Perfeccionarnos’ somos los seres humanos, quienes, además de tener
un Espíritu, tenemos un Alma, que debería movernos a hacernos ‘conscientes de
nuestras responsabilidades’ y cumplir con cada una de ellas -por muy insignificantes
que parezcan- con la Dignidad de Hijos de Dios en ‘Perfección’. ¡Tenemos que
esforzarnos por ser ‘Perfectos’ en todo!!!, hasta en lo más mínimo, si
realmente queremos acercarnos a nuestro Amoroso Padre Dios.
El esfuerzo por
‘Perfeccionarnos’ es directamente proporcional a nuestros ‘Niveles de
Consciencia’, sobre todo de la ‘Consciencia Colectiva’, tanto cuanto, ‘consciencia
es la capacidad del ser humano de percibir la realidad y de reconocerse en ella’.
Luego, nuestros ‘Niveles de Consciencia’ son directamente proporcionales a
nuestra ‘Compasión’, o lo que es lo mismo, a nuestra capacidad de sufrir con el
otro y procurar evitarle sufrimiento a los demás, tanto cuanto, en todas las
criaturas se encuentra un hermano nuestro, sufriendo las inclemencias de haber
sido revestidos de materialidad.
De manera que, si no me estoy esforzando por comprender al otro -sus
sufrimientos, sus necesidades, … sus fragilidades- pues no estoy siendo
consciente de la interconexión que tenemos con todos los Espíritus, humanos o
no. Si tengo una planta en la casa y no la riego y no la colocó al
sol, para que se alimente, pues no tengo consciencia de mi hermano -Espíritu-
que se encuentra en esa planta. Supongamos que no logro comprender la Interconexión
Universal de la Creación, aun así, la pura conciencia debería llevarme a
concluir que una planta, por muy estática que sea, necesita de agua y de sol
para vivir. ¿Para qué tengo plantas en casa si no me voy a hacer responsable de
esas vidas? ¿No era mejor haberlas dejado tranquilitas en sus biosistemas
particulares? ¿Qué me mueve a sacar a una planta de su biosistema natural para
que sufra?
Si acostumbraste a un
perro a salir a hacer sus necesidades antes de darle la primera comida del día,
no se te ocurra darle la primera comida del día antes de sacarlo a hacer sus
necesidades, porque el perro no comprende el intercambio de las actividades,
solo entiende que tiene ganas de hacer sus necesidades de defecar, pero también
tiene hambre, por lo que con seguridad comerá, aguantándose las ganas de
defecar. Con toda seguridad, cuando tu tienes ganas de defecar no puedes comer,
por lo que decides comer después de defecar. Pero, cuando el perro tiene ganas
de defecar, si le ponen el plato con la comida, el perro se esfuerza por comerse
la comida, pese al sufrimiento que le significa aguantar las ganas de defecar,
porque no está seguro de que, si espera a salir para hacer sus necesidades, al
llegar aún estará su comida en el plato. Tampoco está seguro de si lo sacarán a
defecar.
¿Recuerdas si alguna vez
has tenido ganas de defecar y no has podido hacerlo debido a que no estabas en el
lugar idóneo para hacerlo? ¿Recuerdas tus sensaciones al respecto? ¿Recuerdas
el escalofrío que te recorría el cuerpo? ¿Lograste aguantarte? Pues esa horrible
experiencia la sufre el perro cada vez que le cambias la posición de las
actividades a las cuales tú le acostumbraste. Pero, con la abismal diferencia
de que, el perro no tiene consciencia de lo que está ocurriendo, pero si tiene
consciencia de que a ti no te gusta que defeque en casa y se aguanta, porque te
ama y con amor acepta el plato de comida que le ofreces y se lo come, a pesar
de que sufre al hacerlo, porque se está aguantando las ganas de defecar.
Compasión es la
clave para aumentar mis ‘Niveles de Consciencia’. ¡Sufrir con el otro!!! -sus
dolores, sus necesidades, … sus vivencias-. Piensa en lo que
siente el perro cuando le cambias sus horarios. Trata de sentir lo que ese
perro siente y actívate en concordancia. ¡Eso es hacerte ‘Consciente de tus
Responsabilidades’!!! ¿Para qué tienes un perro si no te vas a responsabilizar
de su alimentación, aseo, … educación? ¿Por qué manifiestas que es tu hijo y lo
tratas como a cualquier perro de la calle? Mejor lo
hubieras dejado en la calle y así no estuvieras acumulando puntos negativos
debido a tus irresponsabilidades.
El ejercicio de ‘sentir
compasión’ por los perros y por las plantas que tengo en casa, van
incrementando mi compasión por el resto de plantas y de los perros. Mientras más me ejercite, llegará un tiempo en el cual
comenzaré a ‘sentir compasión’ por otros animales, hasta llegar a sentir
compasión por el río que estamos contaminando. Este ejercicio constante de ‘sentimiento de compasión’ por
todas las cosas que me rodean, va aumentando en mí mis ‘Niveles de Consciencia’,
puesto que me va haciendo ‘consciente de mi interrelación’ con toda La
Creación, al ‘sentir compasión’ por todo lo Creado, reconociendo en cada Cosa Creada
-plantas, animales, agua, … Tierra- a un Hermano, que debe ser tratado con
respeto y amor. Evidentemente, la ‘compasión’ comienza por mi propio
cuerpo, el cual debo cuidar, y continúa con mis congéneres -los seres humanos-,
pero debe alcanzar más allá de todo lo que logro visualizar. De allí que, si
estoy realizando bien el ejercicio, llegará el
tiempo en que ‘sentiré compasión’ incluso por aquel que no la tiene -el
malvado-, reconociendo en él a un Espíritu Hermano que se encuentra sufriendo,
por no poder tomar el control de su Periespíritu y mucho menos de su nave -el
cuerpo-.
Es preciso aclarar que, ‘compasión’
no es sinónimo de ‘cariño’, por lo que, si bien es cierto que muchas veces la ‘compasión’
nos mueve a realizar gestos de ‘cariño’, la ‘compasión’ va mucho más allá,
porque me debe mover a tratar de ‘sentir lo que el otro siente’ y de ‘esforzarme
por ayudarlo a superar su sufrimiento’. Acariciar una planta que parece enferma
no basta para ayudarla a superar su enfermedad, sino que debo de ‘tratar de ser
la planta misma’ para comprender su situación y así poder ayudarla más
eficientemente a superar su enfermedad. Igual ocurre con todas las Cosas Creadas,
DEBO TRATAR DE FORMAR PARTE DE LA COSA SI REALMENTE
QUIERO AYUDARLA. Luego, nuestra ayuda debe ir más allá de ayudar a
superar las dolencias físicas o materiales, DEBEMOS
ESFORZARNOS POR AYUDAR A NUESTROS HERMANOS A SUPERAR SUS DEFICIENCIAS
ESPIRITUALES, por lo que, muchas veces al acariciarlos, quizás les
estemos ayudando a superar levemente sus dolencias físicas, pero no les
estaremos ayudando a superar sus deficiencias materiales, tanto cuanto no
estamos reconociendo esas deficiencias, porque no estamos adentrándonos en su
interior, para reconocer a nuestro Espíritu Hermano y así poder ayudarle.
Lo anterior lo aclaro
porque, muchos son los que confunden ‘compasión’ con ‘cariño’. Mis hijas, por
ejemplo, dicen que yo no amo a los perritos porque no les hago cariño, pero
resulta que quizás los amo más de los que ellas los aman, porque yo me preocupo
de educarles, lo cual les ayuda a ‘Perfeccionarse’. La perra, por ejemplo, ladra
muy duro cuando siente que alguien a llegado al piso del apartamento, por lo
que, cada vez que llega un vecino a su casa, ella ladra, porque supone que es
alguien que viene a nuestra casa. De tanto indicarle, con voz severa, que no
debe ladrar, la perra ha ido aprendiendo a no hacerlo, sobre todo cuando yo
estoy solo en casa, porque cuando están mis hijas se olvidan de lo que les
estoy enseñando, simplemente porque sienten apoyo en mis hijas -quienes les dan
mucho cariño y nada de educación- y entonces ladran. Ambos perros, cuando mis
hijas están comiendo cualquier chuchería, se acercan a ellas para velar lo que
ellas están comiendo, a fin de que les compartan, con mucho cariño y con cero
educación. Resulta que, cuando yo estoy comiendo, así sea un suculento trozo de
carne bien aliñado, los perros ni se acercan un poquito, sino que más bien se
van lejos de donde yo estoy, quizás para no tener que sufrir al oler lo que me
estoy comiendo. Y claro que los amo, tanto cuanto me preocupo de que se ‘Perfeccionen’,
al intentar educarles, pero también me preocupo de que siempre tengan la comida
lista, a la hora que les acostumbraron a comer. Soy yo quien se levanta a las 6
de la mañana para cocinarles la comida y así este fría a las 8 de la mañana. Yo
me preocupo de que los lleven a hacer sus necesidades antes de darle la comida,
pero mis hijas aún ‘no sienten compasión’ por esos perros, aunque sí mucho ‘cariño’.
Otro buen ejemplo de
mi ‘experiencia personal’ son mis amadas hijas. Resulta que, yo me he visto en
la obligación de dejarles de manifestar gestos de cariño a mis hijas porque
tristemente lo mal interpretan como debilidad y he tenido que sufrir episodios
de soberbia, de parte de ellas, que me han obligado a ser más soberbios que
ellas para lograr ubicarlas en su lugar. Los gestos
de cariño llegan a ser mal interpretados como debilidad porque parecieran
reflejar que amamos tanto a una persona que estamos dispuestos a dejarnos
someter por ellas. Pero resulta que, cada quien tiene que aprender a
ubicarse en la posición existencial que planificó vivir y actuar en concordancia.
Si ellas ‘Planificaron’ ser mis hijas pues deben actuar en concordancia y jamás
deben faltarme el respeto o creer que pueden someterme, simplemente porque las
amo. Por muy viejo y culto que sea un hijo es su
obligación “amar y honrar a sus padres”, aunque los padres ya estén en edad de
chochear y sean mucho más incultos que los hijos. Por más anciano que sea un
padre, jamás debe permitir que sus hijos les falten el respeto, porque al
permitírselos correrán el riesgo de que les toque vivir un infierno, por haber
faltado al “amor y honra a sus padres”. Cada quien tiene que
ubicarse y hacerse responsable de aquello que planificó y actuar en
concordancia. El amor tiene muchas formas de
demostrarse -alimentación, vestido, recreación, vivienda, … educación- diferentes
a las del mero cariño, el cual muchas veces hace daño en vez de ayudar.
De la misma manera, ‘sentir compasión’ por el malvado no quiere
significar que debo llorar por él y mucho menos demostrarle amor con gestos de
cariño. Tomen siempre en cuenta que, el amor que se
espera de nosotros es propiamente por el Espíritu que se encuentra dentro de
ese ser creado. No es sentir amor por la ‘persona’ -esencia terrenal
o periespíritu o ego- que recubre al Espíritu que se encuentra dentro de ese
cuerpo. Lo que se espera de nosotros es que nos compadezcamos propiamente del
Espíritu, el cual es nuestro Hermano, que se encuentra ‘sufriendo’, por no
poder controlar su ‘persona’ -esencia terrenal o periespíritu o ego-, que
controla la nave -el cuerpo- y lo deja cometer las maldades que comete,
aprovechándose del Libre Albedrío. Si comprendemos esto, entonces tenemos claro
que, ‘compadecerme del malvado’ significa tratar de
ayudarlo a superar sus deficiencias espirituales, enseñándolo a someter a su
cuerpo, para que no se deje convencer por la ‘persona’ -esencia terrenal o
periespíritu o ego- de que puede hacer lo que le venga en gana. De
manera que, ‘compadecerme del malvado’ no es sufrir por los castigos que la
sociedad les imponga, los cuales ciertamente merecen, sino ‘compadecerme de su
Espíritu’ y tratar de que tome el ‘control de su nave’, no para salvarse
físicamente sino para ‘Perfeccionarse Espiritualmente’.
Ahora bien, cuando comento acerca de
hacerse ‘consciente hasta de lo más mínimo’, me refiero a que, por el simple
hecho de que la consciencia necesariamente es colectiva, porque debe movernos a
reconocer que formamos parte de una realidad colectiva, debo esforzarme por ejercitarme en la ‘compasión máxima’, la
cual implica considerar incluso el sufrimiento más mínimo de los que me rodean.
Consecuentemente, siempre debo evitar cualquier sufrimiento a aquellos que me
rodean, porque si ellos sufren entonces yo también sufriré. De allí que, se hace preciso que me haga consciente de mi forma de
realizar todas mis actividades, para evitar que los demás sufran o siquiera se
incomoden, por alguna actividad mal ejecutada o realizada inconscientemente.
Un buen ejemplo, de lo
comentado en el párrafo anterior, me ocurrió precisamente ayer, cerca de las 10
de la noche, cuando una de mis hijas jugaba un juego en línea con unos amigos.
Resulta que, cuando jugamos en línea con amigos, es común que nos emocionemos y
peguemos gritos de victoria o de derrota, cada vez que ganamos o cada vez que
perdemos. Mientras oía a mi amada hija gritar de emoción, yo me alegraba al sentir
a mi hija feliz, y le daba gracias a nuestro Amoroso Padre Dios por la
felicidad de mi hija. No obstante, al mirar el reloj y verificar lo tarde que
era, pensé inmediatamente en el vecino de arriba, que es médico, y me imaginé
que quizás estaría durmiendo, para levantarse temprano al otro día, para
asistir a alguna cirugía. Entonces me acerqué a la habitación de mi hija y la
exhorté a evitar los gritos, a fin de no molestar a los vecinos. Este es un
buen ejemplo de la ‘Consciencia Colectiva’ en la que debemos ejercitarnos, si
realmente queremos ‘Ascender de Nivel’. Siempre debemos pensar en los demás,
procurando recordar siempre la máxima de: ¡NO LE
HAGAS A LOS DEMÁS LO QUE NO QUIERES QUE TE HAGAN A TI!!!
Aunque no lo crean, la
simple incomodidad que causo a otros debido a mis actividades mal ejecutadas o realizadas
inconscientemente, son un síntoma de mi falta de ‘consciencia’, lo que
evidentemente es una prueba de lo poco que me estoy esforzando por ‘Ascender de
Nivel’. De allí que, es preciso siempre preguntarme: ¿Puedo mejorar tal o cual
actividad? ¿Puedo mejorar mi forma de cocinar, de lavar, de limpiar, de
caminar, de hablar, … de vivir, en atención a no incomodar a los demás y servirlos
cada día lo mejor posible? La respuesta a esta
última pregunta hablará de tus verdaderos deseos por ‘Ascender de Nivel de
Consciencia’, a fin de ‘Perfeccionarte’. ¡SIEMPRE
ES POSIBLE MEJORAR HASTA LO INMEJORABLE!!!
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo