DESPERTAR ESPIRITUAL
Seguidamente, Daniel se
expresa con una serie de aparentes paradojas acerca de lo que significa
‘Alcanzar el Estado Samadhi’. Digo “aparentes paradojas” porque, los que hayan
logrado llegar cerca de Samadhi ciertamente no lograrán ver las paradojas, tanto
cuanto, así realmente se siente, por lo que no existe contrariedad alguna entre
sentirse “Completamente llenos, pero absolutamente vacíos”. Esto es justamente
lo que suelen olvidar la mayoría de los Espíritus Encarnados: EL
SENTIR DE LOS ESPÍRITUS ES POR MUCHO MÁS HERMOSO Y SUPERIOR AL SENTIR DE
NUESTROS CUERPOS.
El caso es que, nuestras
existencias espirituales superan por mucho las precarias vivencias mundanas.
Cuando
nuestros Espíritus comienzan a hacerse ‘Conscientes’ de que se encuentran
dentro de un precario y efímero Cuerpo comienza entonces lo que se conoce como
‘Despertar Espiritual’. Pero este ‘Despertar Espiritual’ es muy
parecido a lo que ocurre cuando nos despertamos físicamente, después de una
noche algo incómoda, en la cual no hemos logrado descansar bien, por lo que
ciertamente nos cuesta muchísimo despertarnos y mucho más levantarnos. Así
pues, algunos Espíritus logran levantarse, pero no
despertarse, por lo que se van despertando mientras están caminando, para ir a
lavarse la cara. Para un Espíritu, el proceso de lavarse la cara es
tratando de profundizar acerca de lo que realmente son -Espíritus- y de su
posible Misión, para la cual fueron Encarnados.
Así pues, el
proceso de ‘Despertarse’ no ocurre con la misma velocidad y eficiencia en todos
los Espíritus que logran hacerse ‘Conscientes’ de lo que realmente son
-Espíritus-. Ocurre entonces que, algunos Espíritus recién
‘Despiertos’ se vuelven a quedar dormidos, mientras que otros si logran medio
enjuagarse la cara y algunos pocos logran darse una ducha. Los que logran darse
una ducha puede que logren llegar a Samadhi, después de mucho esfuerzo y
dedicación. Estos son los que pueden comprender lo que Daniel trata de expresar
en las siguientes líneas.
«En el camino hacia el despertar, a
menos que estemos en Samadhi, siempre hay dos polaridades, dos puertas por las
que se puede entrar. Dos dimensiones:
una hacia la conciencia pura y la otra hacia el mundo fenoménico.
La corriente ascendente
hacia lo absoluto y la corriente descendente hacia Maya y todo lo que se
manifiesta, tanto visible como invisible. La relación entre relativo y
absoluto podría resumirse en la siguiente cita de Sri Nisargadatta Maharaj: “La sabiduría es saber que no soy nada, el amor es saber
que lo soy todo, y entre los dos se mueve mi vida”. Lo que nace de esta
unión es una nueva conciencia divina. Algo nace del
matrimonio o unión de estas polaridades o del colapso de la identificación
dualista, pero lo que nace no es una
cosa y nunca nació. La conciencia florece creando algo nuevo,
creando lo que podríamos llamar una Trinidad perenne. Dios Padre, el
trascendente, incognoscible e inmutable, está unido con el Divino Femenino, que
es todo lo que cambia. Esta unión provoca una transformación alquímica; una
especie de muerte y
renacimiento. En las enseñanzas védicas la unión divina está
representada por dos fuerzas fundamentales, Shiva y Shakti. Los
nombres y rostros de los distintos dioses cambian a lo largo de la historia,
pero sus atributos fundamentales permanecen. Lo que nace de esta unión
es una nueva conciencia divina, una nueva forma de estar en el mundo. Dos
polaridades inseparablemente una. Una energía universal que no tiene centro,
está libre de limitaciones. Es amor puro. No hay
nada que ganar ni perder porque está
completamente VACÍO, pero absolutamente lleno».
(La
percepción que cada uno de nosotros llega a adquirir de Dios es directamente
proporcional al grado de ‘Despertar de nuestros Espíritus’. A los
que estamos bastante ‘Despiertos’ se nos suelen ocurrir ideas bastante locas
acerca de Dios, porque a nuestro Amoroso Padre Dios no lo rigen las Leyes
Universales, que Él Mismo Creó. De allí que, pese a Ser El Omnipotente para Él
no es posible quitarnos el Libre Albedrío que nos regaló, pero no porque
realmente no pueda, sino porque No Quiere. En 1 Reyes 19:11-13 podemos leer: «Entonces
Él dijo: “Sal y ponte en el monte delante del Señor”. Y he aquí que
el Señor pasaba. Y un grande y poderoso viento destrozaba los
montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no
estaba en el viento. Después del viento, un terremoto; pero el Señor no
estaba en el terremoto. Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no
estaba en el fuego. Y después del fuego, el susurro de una brisa apacible. Y
sucedió que cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con su manto, y salió
y se puso a la entrada de la cueva. Y he aquí, una voz vino a él y le dijo: “¿Qué
haces aquí, Elías?”». Este hermoso pasaje nos deja ver lo diferente que
pudiera ser la percepción de cada uno de nosotros, respecto al Dios en el cual
creemos. Dios realmente pudiera haber estado en un “grande y poderoso viento,
que destrozaba los montes y quebraba las peñas o como un terremoto”, pero quiso
nuestro Amoroso Padre Dios presentársele a Elías como “el susurro de una brisa
apacible”, quizás porque quería apaciguar a Elías que estaba molesto por la
Aparente Ausencia de Dios.
El caso es que, lo
hermoso de estar cerca de Samadhi es que nuestra Relación con nuestro Amoroso
Padre Dios se hace tan cercan que podemos discutir con Dios y Él siempre Estará
Dispuesto a acercarse a nosotros como una Fresca Brisa, olvidando nuestro enojo.
¿Quién no recuerda a Jonás molesto con Dios, porque no destruyó el pueblo en el
cual le hizo profetizar que todo el pueblo sería destruido? Que hermoso es
enterarse que Dios, en vez de desentenderse de Jonás, por sus groserías, hizo
que un refrescante árbol le diera sombra a Jonás y cuando Jonás estaba feliz
con su árbol Dios hizo que se secara, lo que movió el enojo de Jonás para
reclamarle a Dios por haber secado el árbol, lo que aprovechó Dios para
aleccionar a Jonás, sin maltratarlo, sino más bien con el Amor de un Verdadero
Padre. Sólo aquellos que se están acercando a Samadhi pueden salir como locos
enfebrecidos, gritando en la calle: “¡EL AMOR NO ES AMADO!!!”. Sólo aquellos
que se acercan a Samadhi pueden comprender el amor enloquecido de un hombre por
un Dios a quien nadie ve y comprender cuando dice:
«Estate Señor
conmigo, siempre sin jamás partirte
Y cuando decidas
irte, llévame Señor contigo
Porque el pensar
que te irás me causa un terrible miedo
De si yo sin ti me
quedo, de si tú sin mí te vas.
Llévame en tu
compañía donde tú vayas, Jesús
Porque bien sé que
eres tú la vida del alma mía
Si tu vida no me
das, yo sé que vivir no puedo
Ni si yo sin ti me
quedo, ni si tú sin mí te vas
Por eso más que a
la muerte, temo Señor tu partida
Y quiero perder la
vida, mil veces más que perderte
Pues la inmortal
que tú das, sé que alcanzarla no puedo
Cuando yo sin ti
me quedo, cuando tú sin mí te vas»
-Fray Damián de Vegas-
Este es un pequeño
ejemplo de lo que llegan a sentir aquellos que se acercan a Samadhi, tanto
cuanto el
amor que sienten en su interior -el amor del Espíritu por su Creador- supera
por mucho cualquier amor material, tanto cuanto la cercanía a nuestro Amoroso
Padre Dios produce un Gozo que supera por mucho la fugaz felicidad que pudiéramos
sentir por alguna persona o cosa).
EL NOMBRE DE DIOS
Ahora bien, ciertamente
Fray Damián de Vegas escribió éstas hermosas palabras a nuestro Amado Yeshuá,
tanto cuanto Dios se le Presentó a Damián en La Persona del Hijo, pero esto no
quiere decir que aquellos que no creen en nuestro Amado Yeshuá no puedan ‘Alcanzar
Samadhi’, porque este es un Estado que pueden ‘Alcanzar’
todos aquellos que se esfuercen por relacionarse con nuestro Amoroso Padre
Dios, sea de la religión que sea. Esto es porque, para
nuestro Amoroso Padre Dios no es importante El Nombre que le demos, sino la
sinceridad de nuestros deseos por ‘Encontrarnos con Él’. Es por esta
razón que, al llegar a Samadhi, muchos son los que dejan de darle un Nombre a
nuestro Amoroso Padre Dios y comienzan a llamarlo simplemente como El Infinito
o El Trascendente.
«Ya sean las escuelas de
misterios de Mesopotamia, las tradiciones espirituales de los babilonios y
asirios, las religiones del antiguo Egipto, las culturas nubia y kemética de la
antigua África, las tradiciones chamánicas y nativas de todo el mundo, el misticismo
de la antigua Grecia, los gnósticos no -dualistas, los budistas, los taoístas,
los judíos, los zoroastrianos, los jainistas, los musulmanes o los cristianos,
uno descubre que su
vínculo común es que sus conocimientos espirituales más elevados han permitido
a sus seguidores realizar el Samadhi. La palabra actual ‘Samadhi’
significa algo así como ‘realizar la igualdad o unidad en todas las cosas’.
Quiere
decir Unión. Es
unir todos los aspectos de ti mismo. Pero no confunda la comprensión
intelectual con la realización real del Samadhi. Es
tu quietud, tu vacío lo que une todos los niveles de la espiral de la vida.
Es a través de la antigua enseñanza del Samadhi
que la humanidad puede comenzar a comprender la fuente común de todas las
religiones y alinearse una vez más con la espiral de la vida, el Gran Espíritu».
(Sabían ustedes que ‘Baal’, ese Dios de la antigua Mesopotamia,
¿significa simplemente ‘Señor’? Pues bien, a nuestro Amoroso Padre Dios no le
molestaba tanto que lo llamaran ‘Baal’, tanto cuanto ciertamente es ‘El Señor
de cielos y tierra’, sino que lo que le molestaba era que le ofrecieran
sacrificios tan abominables como echar a sus hijos en el fuego, esperando que ‘Baal’
les otorgara algún bien material. Ocurría entonces que, aprovechándose de la
estupidez humana, Satanás les concedía sus deseos a aquellos incautos que
ofrecían esos sacrificios tan nefastos a un supuesto dios que exigía tales
abominaciones, lo que hizo que se propagara el culto a una falsa deidad, la
cual parecía exigir sacrificios abominables. Por esta razón, nuestro Amoroso
Padre Dios les exigió a los israelitas que no le rindieran culto a ese falso
dios, no porque el Nombre no le quedara, sino por lo que significaba rendirle culto
bajo esa advocación.
Esto se los comento
porque, a nuestro Amoroso
Padre Dios realmente no le importa con cual Nombre se dirijan a Él, sino que lo
que le importa es el tipo de culto que le rendimos, cada vez que pronunciamos
algunos de sus muchos Nombres, aunque realmente
no tienen Nombre, pero deja que nosotros se los pongamos, simplemente para mejorar
la confianza en el trato, por lo que Espera
que, sea cual sea el Nombre con el cual nos dirijamos a Él, hagamos gala del
Nombre que utilizamos, pero recordando siempre Su Característica Primigenia, la
cual Es El Amor. Si decides dirigirte a Él con el Nombre de ‘Baal’
pues muy bien, pero si es para ti ‘El Señor’ nunca dejes de obedecerle, por lo
que debes esforzarte por hacer Su Voluntad, parte de la cual es que ‘Crezcas en
el Conocimiento de Su Existencia, de Sus Perfecciones, de Sus Implicaciones y
del Reino Espiritual’. En lo particular espero siempre dirigirme a Él como ‘Padre’
o como a veces le digo: ‘Papito’.
La palabra ‘Samadhi’
parece significar algo así como ‘Unión con El Todo’, por lo que jamás lograremos esa ‘Unión’ sin hacernos ‘Conscientes que
Formamos Parte de El Todo’, el cual ciertamente Es Dios. Lo que hace
evidente que, ese Dios en el cual creemos es el mismo Dios en el cual creen los
demás, sólo que le dan otro Nombre. De allí que, ya sea que le rindamos culto a
Yahweh o a Yeshuá o a Allah … o incluso a Baal, si realmente le rendimos culto
con Amor Verdadero, tenemos que hacernos ‘Conscientes’ que no son varios
dioses, sino que Es El Mismo Dios, pero con diferentes advocaciones, tanto
cuanto sólo puede haber un Dios. Luego, con toda seguridad, si profundizamos en lo que ese
Dios Espera de nosotros, descubriremos que Su Voluntad es que “Nos amemos unos
a otros como Él nos Ama”, lo cual implica creer también en el Dios de los
demás, tanto cuanto Es El Mismo Dios y tratemos de descubrir las Fichas del
Enorme Puzle, que nos dejó escondidas en las enseñanzas de las otras religiones.
Cuando comencemos a comprender esto, estaremos
muy cerca de Samadhi, porque estaremos ‘Conscientes de la Unión de todas las
Religiones’, tanto cuanto Quien las Ha Creado Es El Único Dios Verdadero, sea
cual sea El Nombre con el cual decidamos dirigirnos a Él).
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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