sábado, 13 de julio de 2024

SAMADHI I: Maya/La Ilusión de Sí Mismo/Parte III

LA DUDA ES EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA

«Al comienzo de su tratado más famoso, Descartes escribió que casi todo puede ser puesto en duda; se puede dudar de los sentidos, e incluso de los pensamientos. Del mismo modo, en el Kalama Sutra, Buda dijo que, para determinar la verdad, uno debe dudar de todas las tradiciones, escrituras, enseñanzas y de todo el contenido de la mente y de los sentidos. Ambos hombres comenzaron con gran escepticismo, pero la diferencia fue que Descartes dejó de preguntar en el nivel del pensamiento, mientras Buda fue más profundo - penetró más allá de los niveles más profundos de la mente-. Tal vez si Descartes hubiera ido más allá de su mente pensante, habría descubierto su verdadera naturaleza y los niveles de conciencia en occidente serían muy diferentes hoy». (Aristóteles afirmaba que “La duda es el origen del Conocimiento” y así ha sido siempre, desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy, porque si nunca hubiéramos dudado jamás hubiéramos ‘Progresado en el Conocimiento’, tanto cuanto la duda es un instrumento de indagación y cuestionamiento que parte de la aceptación de un estado inicial de ignorancia para el abordaje metódico de aquello sobre lo que nos interrogamos. En este sentido, la duda es fundamental para determinar la validez de un conocimiento. Descartes plantea la duda metódica, donde rechaza como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera conducir a la menor duda. Intenta ver si en realidad hay algo en su mente que sea enteramente indudable. Somete a su duda todo lo existente, y poco a poco va rechazando elementos y principios. En el Discurso del Método, Descartes propone tres motivos para la duda: 1) que a veces nos engañan nuestros sentidos, por lo que no son fiables; 2) que a veces confundimos el sueño con la realidad, por lo que todo lo que pensamos podría un sueño; y 3) que a veces nos equivocamos pensando, por lo que la razón tampoco es muy fiable.

Visto todo lo anterior, queda claro la extrema importancias de cuestionarnos acerca de todo aquello que vayamos ‘Conociendo’, porque la única forma de verdaderamente ‘Conocer’ es escudriñando aquello que decimos ‘Conocer’. Justamente, el problema de muchos de aquellos que dicen creer en Dios es que realmente no lo ‘Conocen’, porque jamás han puesto a Dios en duda, sino que creen simplemente por lo que otros les han dicho acerca de Dios. Esta es una falla muy común de la religiosidad de nuestros tiempos, pese a que hace muchísimos años, en el Kalama Sutra, Buda dijo que, para determinar la verdad, uno debe dudar de todas las tradiciones, escrituras, enseñanzas y de todo el contenido de la mente y de los sentidos. Cuando dudamos de todo aquello de lo que nos dicen acerca de Dios y nos esforzamos por despejar nuestras dudas, comenzamos a comprender toda La Verdad acerca de Dios y nos transformamos en Verdaderos Creyentes.

Pero entiéndase que, DUDAR NO ES SINÓNIMO DE DEJAR DE CREER, sino que hace referencia a investigar y profundizar aquello en lo que creemos, sobre todo si lo que creemos es simplemente una información que recibimos de terceros. Cuando Siddhartha nos exhorta a dudar incluso de la religión no nos está exhortando a dejar de ir a nuestras reuniones eclesiales, sino que nos está exhortando a hacernos ‘Conscientes’ de aquello en lo que decimos creer y esta ‘Consciencia’ surge de que pongamos en duda todo aquello que nos dicen, a los fines de verificar su autenticidad o por el contrario desecharlo como información, en atención a que, en el caso de ser falsa, con seguridad no me servirá para ‘Acercarme a Dios’.

De hecho, cuando Siddhartha inició su camino a la ‘Iluminación’ lo hizo porque dudó de la información que le dio un sacerdote hinduista, acerca de la terrible Samsara, al asegurarle que el destino eterno de toda la creación era montarse una y otra vez en la Rueda de la Samsara, algunas veces para Reencarnar como hombres y otras veces como animales. Ante tal afirmación o aparente verdad, Siddhartha dudó y pegó un grito al cielo, exclamando: “¡No es posible que nuestro destino eterno sea montarnos una y otra vez en la Rueda de la Samsara!”. Luego, se quedó pensando por un momento y se dijo a sí mismo: “¡Ya sé!!! Si logramos parecernos a Dios entonces no tendremos que volver a Reencarnar” y a partir de allí decidió encontrar la manera de ser SEMEJANTE A DIOS. En mi caso, yo he llegado hasta aquí movido por una duda, que se me presentó desde niño, cuando pensé: “Si Dios es Amor, entonces ¿cómo puede castigarme en un infierno de fuego ardiente por toda la eternidad? ¿Acaso mis pecados temporales merecen un castigo eterno?” y a partir de allí comencé a recorrer está montaña rusa -con difíciles subidas y estrepitosas bajadas- que me han traído hasta este hermoso momento de estarle haciendo una exégesis al hermoso Documental de Daniel Schmidt, titulado simplemente “SAMADHI”.

Entiéndase entonces que, ni Daniel ni Siddhartha ni yo, les estamos exhortando a dejar de ir a sus reuniones eclesiales, sino que simplemente les estamos pidiendo que se cuestionen constantemente sobre aquello en lo que creen, no para que terminen abandonando la religión en la que fueron iniciados, sino para que investiguen y profundicen un poco más allá de lo que les comunican sus guías eclesiales. Les aseguro que, si se cuestionan constantemente, no sólo lograrán afianzarse muchísimo más en la fe en la cual fueron iniciados, sino que con el paso del tiempo comenzarán a percatarse que TODAS LAS RELIGIONES SON UN BUEN CAMINO PARA ENCONTRARNOS CON DIOS, PERO NO TODO LO QUE NOS COMUNICAN NOS AYUDA A ENCONTRARLO, por lo que se hace necesario ZARANDEAR LOS CONOCIMIENTOS QUE CADA RELIGIÓN PRETENDE ENTREGARNOS A LOS FINES DE SEPARAR EL TRIGO DE LA PAJA, PARA QUEDARNOS CON LA INFORMACIÓN QUE NOS AYUDE A ACERCARNOS A DIOS Y DESECHAR EL RESTO. Según he logrado comprender, El Camino hacia nuestro Amoroso Padre Dios se encuentra dibujado en un enorme Puzle, cuyas fichas se encuentran finamente distribuidas y encriptadas en un sinfín de datos o información plasmada en un sinfín de Libros, Documentales, … Películas, que son lo que algunos denominan CLEDÓN, lo cual se puede conceptualizar como “una de las formas utilizadas por los Ángeles para hacernos llegar esa información que nos ayuda a construir El Camino para ‘Acercarnos a Dios’”. El Documental de Daniel ha sido para mí un Cledón, tanto cuanto, no por casualidad sino por Providencia, este Documental lo vi al día siguiente que decidí sentarme a descansar en mi búsqueda de Dios, tanto cuanto creí que ya lo había encontrado al publicar el Artículo:

 https://verdaderoscreyentes.blogspot.com/2024/06/la-sencillez-de-dios.html

El Documental de Daniel me hizo comprender que AÚN ME FALTA MUCHO POR APRENDER ACERCA DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS.

SOMOS NUESTROS PROPIOS DEMONIOS

«Descartes describió la posibilidad de un demonio maligno que podría estar manteniéndonos bajo un velo de ilusión. Descartes no reconoció a este demonio maligno por lo que era. Como en la película Matrix, todos podríamos estar enganchados a algún programa elaborado alimentándonos mientras soñamos un mundo ilusorio. La gente siempre quiere culpar a todo lo que está fuera de sí mismos por el estado del mundo o por su propia infelicidad. Se trate de una persona, un grupo particular o un país, una religión o algún tipo de control Illuminati como el demonio maligno de Descartes, o las máquinas sensibles en la matriz. Irónicamente, el demonio que Descartes imaginaba era precisamente lo que él mismo definía. Cuando realizas Samadhi, se hace claro que hay un controlador, hay una máquina, y el demonio maligno generando tensión en su vida día tras día. La máquina es usted». (Pocos son realmente ‘Conscientes’ que aquello que les ocurre, ya sea bueno o malo, es el resultado del Libre Albedrío, bien utilizado o mal utilizado. Ni siquiera podemos echarle la culpa ni a Dios ni a Satanás, porque ellos simplemente nos susurran alguna propuesta y somos nosotros los que ‘Elegimos’ cual ejecutar. De manera que, de alguna forma o manera, somos nuestros propios demonios, tanto cuanto nadie está dirigiendo nuestros pasos, sino que somos nosotros los que caminamos en una dirección o en otra. Y claro que, al no estar ‘Conscientes’ de esta realidad, muchos parecen autómatas, dirigiéndose a sus propios desfiladeros, simplemente por no hacerse cargo de sus propias Naves. Da risa ver a tanta gente quejándose de la mala suerte que tienen y culpan a un sistema político, religioso o social, cuando realmente fueron ellos -sus Espíritus- los que ‘Planificaron nacer en ese sistema político, religioso o social’. Si tan solo se detuvieran a meditar en el porqué ‘Planificaron las duras Pruebas’ por las que están pasando, entonces encontrarían las formas de superarlas, sin quejarse del sistema político, religioso o social, en el cual ‘Planificaron nacer’. Si nos hacemos ‘Conscientes’ de lo que realmente somos -Espíritus-, entonces con seguridad dejaríamos de sufrir y de echarle la culpa a otros por las duras Pruebas que nos tocan vivir, porque estaríamos ‘Conscientes’ de lo que son -simples Pruebas- y procuraríamos superarlas, sin quejarnos y mucho menos echándoles la culpa a los demás).

SOMOS NUESTROS PROPIOS PROGRAMADORES

«La estructura propia de esa máquina se compone de muchos pequeños subprogramas condicionados o pequeños patrones. Un pequeño jefe que anhela comida, otro anhela dinero, otro estatus, posición, poder, sexo, intimidad. Otro quiere consciencia o atención por parte de otros. Los deseos son literalmente infinitos y pueden nunca estar satisfechos. Pasamos gran parte de nuestro tiempo y energía decorando nuestras prisiones, sucumbiendo a las presiones para mejorar nuestras máscaras, y que alimentan los pequeños jefes, haciéndolos más poderosos. Al igual que los drogadictos, cuanto más tratamos de satisfacer los pequeños jefes, más terminamos anhelando. El camino hacia la libertad no es la superación personal, o de alguna manera satisfacer su propia agenda, pero es una completa caída de la agenda del yo». (Después de todo lo leído, investigado y profundizado, he llegado a la conclusión que “El Libre Albedrío es un Programa, instalado en nuestros Periespíritus, que nos presenta dos opciones en un algoritmo, las cuales deben de ser escogidas por nuestros Espíritus”. Ninguna de las dos opciones es mala, tanto cuanto, ambas opciones nos han de dejar alguna enseñanza y, estas enseñanzas, ya sean buenas o malas, nos permiten acumular ‘Conocimientos’ que deberían ayudarnos a hacernos ‘Conscientes de Dios’. Pero el problema del Libre Albedrío es que, con cada opción tomada, se van generando subprogramas que, de alguna forma o manera, van formando la personalidad o ‘Ego’, si se quiere del Espíritu. Así pues, cuando las opciones escogidas por nuestros Espíritus son movidas por el deseo de lo material, los subprogramas que van moldeando el ‘Ego’, van inclinando al Espíritu cada vez más hacia lo material. Si por lo contrario las opciones escogidas son movidas por el deseo de lo espiritual, pues los subprogramas que se generan van moldeando al ‘Ego’ para que se incline hacia lo espiritual.  Ocurre entonces que, con el paso de algunas vidas, esos subprogramas se van convirtiendo como en una especie de ‘jefes’, que van tomando el control de nuestros Cuerpos, a los fines de procurar aquello a lo cual se siente inclinado el ’Ego’).

MIEDO A DESPERTAR

«Algunas personas temen que despertar su verdadera naturaleza significará que pierden su individualidad y el disfrute de la vida. En realidad, lo contrario es cierto; La única individuación del alma sólo puede expresarse cuando el yo condicionado es superado. Debido a que nos quedamos dormidos en la matriz la mayoría de nosotros nunca va a descubrir lo que el alma realmente quiere expresar». (Para la gran mayoría de los Espíritus Encarnados ha dejado de ser una opción escoger inclinarse por lo espiritual, tanto cuanto los subprogramas que han minado al Periespíritu fueron desarrollados para complacer al Cuerpo en sus inclinaciones materiales. Consecuentemente, nuestros Periespíritus llegan a identificarse tan abrumadoramente con los placeres de la carne que se olvidan totalmente de lo que realmente son. Y se han olvidado tanto que, cuando alguien o algo les recuerda que no son el Cuerpo que habitan, los Espíritus le dan la espalda a ese llamado, como le da la espalda el que duerme a aquel que intenta despertarlo. De allí que, muy pocos estén dispuestos a procurar entrar en Samadhi, porque este Estado implica dejar de disfrutar de los deleites de la carne, con los que se ha identificado el Periespíritu.

Tristemente, debido al Velo que se nos coloca antes de Reencarnar, además de hacernos olvidar que somos Espíritus, evidentemente nos olvidamos de nuestras vivencias como Espíritus en el Más Allá, las cuales ciertamente superan por mucho en deleite a las vivencias materiales. Lo que ocurre es que, la gran mayoría de los Espíritus Encarnados, cuyos Periespíritus están minados con los subprogramas que los inclinan a lo material, realmente se han olvidado de lo que se siente el ser un Espíritu, porque sus inclinaciones materiales les han alejado del Estado propiamente espiritual. Ciertamente, un Espíritu fuera de un Cuerpo, no está en capacidad de sentir gusto por los alimentos o por el sexo o por dormir … o por divertirse, pero ninguno de estos deleites materiales produce el mismo Gozo que produce el estar en el Estado Espiritual. Las sensaciones materiales producen deleites efímeros, que desaparecen apenas desaparece el bien material que produce ese deleite, pero el Gozo Espiritual jamás desaparece. ¡No es lo mismo deleitarse que Gozarse!!! El deleite que producen los bienes materiales se remite al sentido corporal que lo disfruta, pero el Gozo Espiritual embarga todo el Espíritu, con mucho mayor placer que el disfrute de los bienes materiales. Es concluyente que, lo que los Espíritus han olvidado, al encontrarse envueltos en el barro de los vicios materiales, es justamente el Gozo que se ‘Experimenta’ al encontrarse en Estado Espiritual, pero sin el peso agobiante del barro que deja en nuestros Periespíritus el abusar de los bienes materiales).  



Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo



 

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