domingo, 17 de diciembre de 2023

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte LXIV

LXIV.LEYES MORALES – Libro III / Capítulo V: LEY DE CONSERVACIÓN / Parte II
BIENES MATERIALES

Los ‘Bienes Materiales’ son, como la misma palabra lo dice ‘BIENES’, por lo que hemos de suponer, que ningún ‘bien material’ es necesariamente malo, sino que, según sea el uso que le demos, pues será realmente un bien o tristemente un mal. Un veneno, por ejemplo, a los ojos de los desentendidos es muy malo, pero, a los ojos de los entendidos, pudiera ser un enorme bien, si se administra en dosis controladas, para combatir alguna enfermedad o dolencia. El alcohol, por ejemplo, es tan malo como un veneno, si lo bebemos descontroladamente, pero es muy agradable si lo consumimos con mensura, evitando caer en la depravación de los excesos.

De hecho, en el verso 31, del capítulo 7 del Corán se nos dice: «Poneos vuestros adornos, cada vez que recéis, y comed y bebed, PERO SIN EXCESOS, pues a Dios no le agradan quienes se extralimitan», de lo que podemos concluir que, nada de lo que Dios Ha Creado es malo, sino que el mal está en el uso que le damos a las cosas creadas. Así pues, incluso el uso prendas para adornar el cuerpo no es malo, siempre y cuando la intención de adornarse sea para agradar a Dios. Luego, el problema de las prendas surge cuando las utilizamos para agradar a los demás hombres o, peor aún, para que los demás se percaten de que tenemos mucho dinero, con el cual comprar grandes piedras preciosas o finas joyas o vestidos o zapatos … casas o automóviles … personas a nuestro servicio.

(320):  711. El uso de los bienes de la tierra ¿constituye un derecho del que gozan todos los hombres? – “Ese derecho es la consecuencia de la necesidad de vivir. Dios no puede haber impuesto un deber sin que haya provisto un medio para cumplirlo”. (Evidentemente, al habernos materializado, nuestro Amoroso Padre Dios generó en nosotros NECESIDADES MATERIALES y nos Otorgo los MEDIOS PARA SATISFACERLAS. Ahora bien, si todas las cosas que existen o bien las creó Dios o bien Dios Ha Permitido que las creemos, y dado que nada de lo que Dios Hace o Permite es malo, pues es concluyente que todo existe para nuestro bien, aunque nosotros les demos un mal uso).

712. ¿Con qué objeto ha dado Dios un atractivo al disfrute de los bienes materiales? – “Es para incitar al hombre al cumplimiento de su misión, y también para probarlo por medio de la tentación”. (Los bienes materiales existen para que ‘Aprendamos’ de las ‘Experiencias de Vida Material’, que nos permitan ‘Alcanzar el Conocimiento’ que nos permita ‘Ascender en los Niveles de Consciencia’, a los fines de ‘Acercarnos a nuestro Amoroso Padre Dios’, lo cual es La Misión que se nos Asigna antes de revestirnos de materialidad. Esto es porque, al haber sido creados ‘ignorantes’, todos los Espíritus tenemos la Misión de ‘Crecer en el Conocimiento Pleno de Dios’ y esto sólo se logra a través de las ‘Experiencias Materiales’. Para un Espíritu, que es energía, le es imposible ‘Conocer Plenamente’ qué cosa es el frío, si no se le reviste de materialidad para que pueda ‘Experimentar’ el frío, el agua, el aire, el calor, el hambre, el cansancio, … la vida. Luego, como al estar revestidos de materialidad nos hacemos reos de las necesidades propias de la materia -comer, dormir, … satisfacer necesidades materiales-, pues los ‘bienes materiales’ también nos sirven de Prueba, tanto cuanto se espera de nosotros que, una vez satisfecha la necesidad material, dejemos de procurar esos bienes materiales con vehemencia, como si lo material fuera más importante que el Espíritu).  

AUTOCASTIGO

Una de las Grandes Verdades, que muchos seres humanos prefieren desconocer es que, NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS NO CASTIGA A NADIE. Muchos son los que acostumbran a echarle la culpa a Dios de los sufrimientos de la vida, simplemente porque no quieren reconocer su propia culpa en el surgimiento de los sufrimientos. A muchos se les olvida que, todas las cosas que nos ocurren en la vida -buenas o malas- son la simple consecuencia del Karma, que le otorga a cada quien lo que ‘Merece’ -lo bien hecho recibe ‘Premios’ y lo mal hecho recibe ‘castigos’-.

Pero esto no es algo que nos Otorga propiamente Dios, sino que somos nosotros mismos quienes decidimos qué ‘Merecen’ nuestras acciones y esto lo hacemos sin sesgos, porque en nuestra naturaleza Espiritual no existe el engaño o la mentira. De manera que, cada vez que hacemos nuestra transición al Más Allá, somos nosotros mismos quienes analizamos nuestro desempeño en El Gran Juego y, en función a nuestros puntajes -positivos o negativos- decidimos que premios ‘Merecemos’ -por los puntajes positivos- y que castigos o penalizaciones ‘Merecemos’ -por los puntajes negativos-. Luego, los castigos o penalizaciones que ‘Planificamos’ los Diseñamos a los fines de que ‘Aprendamos’ de las Pruebas, con la intención de ‘Progresar Espiritualmente’. ¿Recuerdan el Libre Albedrío? Pues, nuestro Amoroso Padre Dios ni siquiera se mete en nuestras ‘Planificaciones de Almas’, porque no sería Justo en el Desarrollo de El Gran Juego, si interviniera en la ‘Planificación’ de algún Jugador, para ayudarlo a ganar.

(320): 712 a. ¿Cuál es la finalidad de esa tentación? – “Desarrollar su razón, la cual debe preservarlo de los excesos”. (Vale la pena mencionar lo que infirió Kardec respecto a esta pregunta: «Si el hombre hubiera sido incitado al uso de los bienes terrenales sólo con miras a la utilidad, su indiferencia hubiese podido comprometer la armonía del Universo. Dios le ha concedido el atractivo del placer, que lo induce al cumplimiento de los designios de la Providencia. Pero por medio de ese mismo atractivo quiso Dios además probarlo con la tentación que lo arrastra al abuso, y del cual su razón debe defenderlo». Si nuestro Amoroso Padre Dios no hubiera hecho los bienes materiales apetecibles, entonces no existiría en nosotros el deseo exagerado por las cosas materiales, por lo que no hubiéramos tenido la oportunidad de ser Probados, en el uso o el abuso de esas cosas materiales, en atención a que no nos causarían ningún placer el procurarlas. Si el tener sexo no fuera tan exquisitamente placentero, pues nadie sentiría deseos de tener relaciones sexuales, por lo que la Orden Divina de ‘Multiplicarse’ no se hubiera ejecutado tan eficientemente. Además, la ausencia del placer sexual limitaría en nosotros el esfuerzo por evitar los abusos de la sexualidad, tanto cuanto nadie se extralimitaría en el uso de la sexualidad, en atención al poco agrado que generaría el realizar el sexo. De allí que, el placer por las cosas materiales es necesario para que nos esforcemos por evitar caer en los vicios que genera tal placer, ejercicio que nos ayuda a ‘Crecer Espiritualmente’, al ‘Elegir’ no excedernos en el uso de aquello que nos da placer. A esto se refieren los Espíritus Superiores cuando manifiestan que el placer que sentimos por las cosas materiales nos ayuda a “desarrollar la razón”, tanto cuanto, ese deseo desbordado, nos obliga a ‘Elegir’ -haciendo uso de la razón- no abusar de esos bienes materiales, a los fines de ‘Crecer Espiritualmente’, al evitar que los vicios empañen nuestros Periespíritus).

713. La Naturaleza ¿ha trazado límites a los goces? – “Sí, para señalaros la frontera de lo necesario. Pero, con vuestros excesos llegáis hasta la saciedad y así os castigáis vosotros mismos”. (Evidentemente, los límites que debemos observar, al hacer uso de un bien, son parte de nuestra naturaleza -Ley Natural-, por lo que nadie puede decir que no sabía que era malo el extralimitarse. Tener sexo no es malo, pero es lógico -natural- suponer que el uso excesivo de este bien es malo, tanto cuanto, su disfrute excesivo, nos deja agotadísimos, hasta el punto de que algunos han perdido la vida, al abusar del placer sexual. Luego, este agotamiento nos indica naturalmente que no debemos abusar del sexo. También ocurre que, cuando el sexo lleva a una persona a lastimar a otros simplemente por satisfacer un placer personal, evidentemente la lógica -naturaleza- debe conducirnos a la razón -uso de la inteligencia- de comprender que el ejercicio abusivo del sexo no es bueno, tanto cuanto hace sufrir a otros.

Luego, aunque algunos excesos quizás no hagan daño a otros, con seguridad dañan al propio Cuerpo, el cual es la Nave de la que disponemos para tener ‘Experiencias de Vida’, que nos ayuden a ‘Alcanzar el Conocimiento de Dios’, por lo que la razón -uso de la inteligencia- debe hacernos suponer que, si dañamos la Nave entonces nuestras ‘Experiencias de Vida’ se limitarán. El abuso del alcohol nos hace perder la conciencia, el abuso de los alimentos llega a limitar nuestra movilidad, el abuso del dinero nos impide ayudar a los demás, … el abuso de las cosas materiales nos impide ‘Crecer Espiritualmente’. Así pues, el abuso de las cosas materiales termina siendo para nuestros Espíritus un castigo, tanto cuanto significan para el Espíritu la perdida del control de sus Naves, lo cual les incapacita para ‘Competir en Buenas Acciones’.

(322): 719. ¿Es reprobable que el hombre busque su bienestar? – “El bienestar es un deseo natural. Dios sólo prohíbe el abuso, porque éste es contrario a la conservación. Él no considera que sea un delito buscar el bienestar, si ese bienestar no se adquiere a expensas de otros y si no debilita ni vuestras energías morales ni vuestras fuerzas físicas”. (Creo que esto quedó bastante aclarado en mi descernimiento del punto anterior. Sin embargo, quiero dejarles la opinión que, el traductor de “El Libro de los Espíritus”, dejó al pie de página: «Consideramos oportuno recordar al lector neófito, que Dios no premia, prohíbe, ni castiga, etc., sino que Él tiene sus Leyes que obran sobre nuestra conducta, y según estemos dentro o fuera de esa Ley, tales serán las consecuencias de nuestros actos. Los Espíritus responden de esta manera, para facilitarnos la comprensión del mensaje, porque lo importante es su esencia, pero recordamos que Dios tal cual lo concibe el Espiritismo no es antropomórfico»).  

DIOS NO NECESITA NADA DE NOSOTROS

Para gran parte de la humanidad es común pensar que Dios necesita algo de sus creaturas, como si Aquel que Creó todo lo que existe, pudiera necesitar algo de aquello que Creó. Es como si el autor de alguna escultura la hubiera creado porque necesitaba de esa escultura algo más allá de la simple satisfacción de haberla creado. Por este pensamiento errado acerca de El Creador es que muchos suelen ofrecerle a Dios especies de sacrificios personales, como si Dios se los estuviera pidiendo. Tengan siempre claro que: DIOS NO NECESITA QUE VAYAS AL TEMPLO, SINO QUE SOMOS NOSOTROS QUIENES NECESITAMOS IR AL TEMPLO, PARA ACERNOS A DIOS. Y esto no porque Dios se encuentre únicamente en el Templo, sino porque los Templos son lugares de recogimiento, en donde podemos aislarnos de la cotidianeidad, para dedicarle tiempo personal a Dios, no porque el necesite que le dediquemos tiempo, sino porque somos nosotros los que necesitamos dedicarle tiempo a ‘Comunicarnos con nuestro Amoroso Padre Dios’, a fin de mantenernos cerca de La Fuente que nos da la vida, para poder seguir viviendo.

(322): 720. Las privaciones voluntarias, con miras a una expiación voluntaria también, ¿son meritorias a los ojos de Dios? – “Haced bien a los demás y tendréis más mérito” (Por ‘privaciones voluntarias’ entendemos a ‘todas aquellas cosas materiales de las que nos privamos voluntariamente’, generalmente para supuestamente agradar a Dios. Digo supuestamente porque, he visto a muchos penitentes ayunando que ponen cara de sufridos y cuando les preguntas qué les sucede sin ningún tipo de pena, pero si con mucha autoestima, responden: “Estoy ayunando”, y, como nos afirmaba nuestro Amado Yeshuá, en ese arranque de superflua autoestima ya obtuvieron su recompensa –(Mateo 6:16-24)-. De allí que, mejor que ayunar es que compartas con algún necesitado tu alimento, pero sentándote en una plaza, a conversar con el menesteroso, procurando siempre que ningún conocido te vea, para evitar que te aplaudan).

720 a. ¿Hay, entre esas privaciones voluntarias, algunas que sean meritorias? – “Sí: la privación de los placeres inútiles, porque desliga al hombre de la materia y eleva su alma. Lo meritorio es resistir a la tentación que induce a los excesos o al disfrute de cosas inútiles; quitar parte de lo que nos es necesario para dar a aquellos que no poseen bastante. En cambio, cuando la privación voluntaria no es más que un vano simulacro, constituye una irrisión”. (Una ‘privación voluntaria’ es agradable a nuestro Amoroso Padre Dios cuando la ejecutamos para refrenar los placeres que algunos bienes materiales producen en nosotros y que nos conducen al abuso. Así pues, Agrada muchísimo a nuestro Amoroso Padre Dios el que aquellos que sufren de gula pues se priven voluntariamente de aquellos alimentos por los cuales sienten mayor placer el consumirlos. Luego, lo que produce Agrado en nuestro Amoroso Padre Dios no es propiamente el sacrificio que el penitente cree estar ofreciendo a Dios, sino el hecho de que un Hijo muy Amado se está esforzando por superar sus vicios. Agrada muchísimo también a nuestro Amoroso Padre Dios el hecho de que sus Hijos compartan entre ellos los bienes materiales que Les Provee, sobre todo si los bienes que compartimos también nos son muy necesarios, pero preferimos satisfacer las necesidades de los demás en vez de las nuestras. Y mientras más necesitemos ese bien más ‘Meritorio’ y Agradable será a nuestro Amoroso Padre Dios ese desprendimiento, pero no porque Él necesite ese sacrificio sino porque al desprendernos incluso de aquello que necesitamos, prefiriendo satisfacer la necesidad de otros, pues estamos dando Pruebas de que amamos más a nuestros Hermanos que a nosotros mismos y eso es demostrar que Amamos a Dios sobre todas las cosas. De manera que, no es que nuestro Amoroso Padre Dios necesite nuestros sacrificios, sino que somos nosotros los que necesitamos sacrificarnos como Prueba de nuestro Amor por Dios, pero no porque Él necesite nuestro Amor, sino porque nosotros necesitamos Amar a Dios sobre todas las cosas si realmente queremos estar cerca de La Fuente de nuestra Existencia).    

(324): 727. Si no debemos infligirnos sufrimientos voluntarios que no sean de utilidad alguna para los demás, ¿tenemos, en cambio, que tratar de preservarnos de los que prevemos, o que nos amenazan? – “El instinto de conservación ha sido concedido a todos los seres contra los peligros y los padecimientos. Fustigad vuestro Espíritu y no vuestro cuerpo, mortificad el orgullo, sofocad el egoísmo, el cual se asemeja a una serpiente que os devora el corazón, y haréis más por vuestro propio adelanto que con rigores que ya no pertenecen a este siglo”. (¿QUEDÓ CLARO?)   



 

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