lunes, 27 de noviembre de 2023

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte LII

LII.MUNDO ESPÍRITA O DE LOS ESPÍRITUS – Libro II / Capítulo XI: LOS TRES REINOS / Parte VII
LA ACLARATORIA DE MIS DUDAS

Como les comenté, en Artículos anteriores, en las preguntas cercanas al número 600, las respuestas de los Espíritus Superiores parecían indicar que los Espíritus de los animales jamás Reencarnaban en Cuerpos humanos. Estas afirmaciones me hicieron entrar en shock, tanto cuanto, tales afirmaciones contrariaban lo que yo he venido comprendiendo acerca del Más Allá. En el presente Artículo, les he venido comentando que los Espíritus Superiores en efecto están de acuerdo con la ‘Progresión de las Almas’, tanto cuanto todos los Espíritus estamos llamados a la ‘Perfección’. Luego, ¿a qué se debió el hecho de que algunos Espíritus Superiores hayan contrariado esta realidad? Pues, como se los he venido aclarando: “LA VERDAD TAMBIÉN SE PERFECCIONA”. Esto nos confirma que, aquel “SIEMPRE” del que nos hablan los Espíritus Superiores, en la pregunta 591 de Kardec, se refiere justamente a lo que concluí al discernir al respecto: “En cualquier Mundo, para ocupar un Cuerpo Humano -más evolucionado físicamente y mentalmente- los Espíritus deben acumular ‘Méritos’ ocupando primero cuerpos de plantas, luego de animales, hasta llegar a ocupar el Cuerpo de un Humano.   

(284): 610. Los Espíritus que han afirmado que el hombre es un ser aparte en el orden de la Creación, ¿se han engañado, entonces? – “No, pero la cuestión no había sido aún desarrollada, y además hay cosas que sólo a su tiempo pueden venir. El hombre es, en efecto, un ser aparte, por cuanto posee facultades que le distinguen de todos los demás seres y tiene otro destino. La especie humana es la que Dios ha escogido para la encarnación de los Seres que pueden Conocerle”. (De manera que, para ‘Conocer a Dios’ es condición sine qua non Encarnar en un Cuerpo humano, a los fines de obtener un Alma, que nos permita tener ‘Consciencia de Dios’, a los fines de procurarle. Ergo, todos los Espíritus creados desde el Principio, en alguna vida deben Encarnar en un Cuerpo humano, para poder ‘Acumular Méritos’ para ‘Conocer a Dios’, tanto cuanto es la presencia del Alma la que nos permite hacernos ‘Conscientes de Dios’ y ‘Acumular Méritos’ para ‘Conocerle’. Los Espíritus Superiores que parecían poner en duda el ‘Progreso de las Almas’, realmente no lo estaban haciendo, sino que trataban de responder las preguntas de Kardec conforme a lo que ellos entendían les estaban preguntando y conforme al ‘Conocimiento’ propio de Kardec, en atención a no contrariarlo. Kardec preguntó -603-: En los mundos superiores ¿conocen los animales a Dios?, y la respuesta de los Espíritus Superiores pareció contrariar el ‘Progreso de las Almas’, porque respondieron rotundamente: NO. El hombre es para ellos un dios, como en lo antiguo los Espíritus eran dioses para los seres humanos. Pero con este rotundo “NO”, no estaban contrariando el ‘Progreso de las Almas’, sino que estaban estableciendo que para los Espíritus de los animales el Objetivo -destino- es ‘Alcanzar a ser como los hombres’, quienes para ellos -para los animales- el hombre es un dios. Conforme Kardec iba comprendiendo paulatinamente lo que realmente ocurre, entonces le fueron aclarando que, aquellos Espíritus también le decían la Verdad, tanto cuanto, lo que le estaban intentando manifestar es que “El hombre es, en efecto, un ser aparte, por cuanto posee facultades que le distinguen de todos los demás seres y tiene un destino distinto al de las plantas y de los animales, el cual es: “Acercarse a Dios mediante el Conocimiento de Dios y el deslastre de los vicios acumulados, haciendo uso del Libre Albedrío, al ‘Experimentar Vida Humana’”. Pero en efecto, el Espíritu de un animal ciertamente no tiene este destino, tanto cuanto su destino es lograr Reencarnar en un Cuerpo Humano, a los fines de ‘Conocer a Dios, pero mientras Reencarne en un animal, no podrá ‘Conocer a Dios’, tal y como los afirmaban los Espíritus Superiores en la pregunta 603).

METEMPSICOSIS

Etimológicamente, la palabra ‘metempsicosis’ viene del griego ‘metempsykhosis’, compuesta de las palabras: ‘meta’ –‘después de’ o ‘más allá de’-, ‘m’ –‘en’ o ‘dentro’-, ‘psyche’ –‘Alma’- y ‘osis’ –‘formación’, ‘impulso’ o ‘conversión’-, de donde podemos concluir que ‘metempsicosis’ consiste en la ‘transmigración del Alma’ más allá del cuerpo que la contiene, para meterse en otro cuerpo, tras la muerte física del primero’. De allí que, ‘metempsicosis’ es simplemente ‘Reencarnación’, con la salvedad de que, la ‘metempsicosis’ se refiere simplemente a la ‘migración’ –‘cambio de residencia’- de un ‘Alma’, pero con la posibilidad de ‘ir de un lado a otro’ –‘trans’-, lo que implica que un ‘Alma’ puede ir, a voluntad, de un animal a un hombre y viceversa. Respecto a este tema Kardec hizo apenas 3 preguntas, pero sobre las respuestas dio una muy extensa explicación, las cuales le comparto, sin anotarles las preguntas, ni sus respuestas.

La metempsicosis sería verdadera si se entendiese con esa palabra la progresión del alma de un estado inferior a uno superior, en el que adquiriría desarrollos que transformaran su naturaleza. Pero dicha doctrina es falsa si se la interpreta como transmigración directa del animal al hombre, y viceversa, lo cual implica la idea de una retrogradación o fusión. Ahora bien, como quiera que tal fusión no puede tener lugar entre los seres corporales de una y otra especie, ello indica que se encuentran en grados no asimilables y que lo propio debe ocurrir con los espíritus que los animan. Si un mismo Espíritu pudiera animarlos alternativamente, se seguiría de esto una identidad de naturalezas que se traduciría en la posibilidad de su reproducción material. La reencarnación que enseñan los Espíritus se funda, por el contrario, en la marcha ascendente de la Naturaleza y en la progresión del hombre dentro de su propia especie, lo que no le quita nada de su dignidad. En cambio, lo que sí lo rebaja es el mal uso de las facultades que Dios le ha concedido para su adelanto. Sea como fuere, la antigüedad y universalidad de la doctrina de la metempsicosis, así como los hombres prominentes que la han profesado, prueban que el principio de la reencarnación tiene sus raíces en la Naturaleza misma. Estos son, pues, argumentos en su favor más bien que contrarios.

El punto de partida del Espíritu es una de las cuestiones que se relacionan con el principio de las cosas y que están en el secreto de Dios. No es dado al hombre conocerlas de una manera absoluta, y a este respecto sólo pueden hacerse conjeturas, elaborar hipótesis más o menos probables. Los Espíritus mismos se hallan lejos de conocerlo todo. Y acerca de lo que no saben pueden ellos también sustentar opiniones personales más o menos sensatas. (Este es quizás el meollo de todo el asunto que tiene que ver con nuestro ‘Conocimiento del Más allá’, el cual nunca será pleno, tanto cuanto, dicha información al respecto, SE ENCUENTRA EN EL SECRETO DE DIOS, el cual debemos ir descubriendo, paulatinamente, vida tras vida. De manera que, en cada vida sólo podemos ir descubriendo pedazos de ese Secreto de Dios, hasta que, en alguna vida, logremos tener armado gran parte Puzle Secreto de Dios.

Ocurre entonces que, como el Secreto se va develando paulatinamente, vida tras vida, en cada época de la existencia de la humanidad, surgen personas que, al tratar algunos temas, respecto al Más Allá, elaboran ideas, … teorías, que suelen ser el resultado de ‘conjeturar’ al respecto. Algunas ‘teorías’ logran sostenerse en el tiempo, por varias décadas, hasta que surge alguna otra que, soportándose en las primeras ‘teorías’, logra ‘conjeturar’ teorías con mayor sentido y algo más creíble, que las primeras ‘teorías’. Luego, pese al mayor sentido o credibilidad que pudiera tener alguna ‘teoría’ acerca del Más Allá, ésta jamás podremos considerarla como La Verdad, sino como simplemente una verdad, que nos está ayudando a llegar a La Verdad. De hecho, incluso los Espíritus Superiores tienen opiniones personales acerca de muchos aspectos del Más Allá, las cuales van cambiando conforme va ‘Ascendiendo a Niveles de Consciencia más Superiores’ a aquel en el cual se encuentra. Luego, esto no quiere decir que las ‘primeras opiniones personales’ no hayan sido ciertas, sino que estas ‘primeras opiniones’ fueron el eslabón que ayudó a ese Espíritu Superior, para poder comprender, en el siguiente ‘Nivel’, más plenamente aquello que conjeturó anteriormente. Igual ocurrió con Kardec, igual ocurre conmigo e igual ocurrirá con cualquiera que esté procurando comprender lo que ocurre en el Más Allá, tanto cuanto Es Un Secreto de Dios, el cual debemos ir hilvanando vida tras vida).

Así, por ejemplo, no todos piensan lo mismo sobre las relaciones que existen entre el hombre y los animales. Según algunos, el Espíritu sólo llega al período humano después de haberse elaborado e individualizado en los diversos grados de los seres inferiores de la Creación. En la opinión de otros, el Espíritu del hombre habría pertenecido siempre a la raza humana, sin pasar por la serie animal.

La primera de esas concepciones presenta la ventaja de otorgar un objetivo al porvenir de los irracionales, lo que integrarían de ese modo los primeros eslabones de la cadena de los seres pensantes. La segunda está más conforme a la dignidad del hombre y puede compendiarse como sigue:

Las distintas especies de animales no proceden intelectualmente unas de otras por vía de progresión. Así, el espíritu de la ostra no se torna sucesivamente en el del pez, del pájaro, del cuadrúpedo y del cuadrumano. Cada especie es un tipo absoluto, física y moralmente, y cada ejemplar de las diferentes especies toma de la fuente universal la cantidad de principio inteligente que le es necesaria, según el grado de perfección de sus órganos y la labor que debe realizar dentro de los fenómenos de la Naturaleza. A su muerte, devuelve esa parcela de principio inteligente a la masa. Los de los mundos más evolucionados que el nuestro (ver parágrafo 188) pertenecen asimismo a razas distintas, apropiadas a las necesidades de tales mundos y al grado de desarrollo de los hombres, de quienes esos animales son los auxiliares, pero sin provenir en modo alguno de los de la Tierra, espiritualmente hablando.

No acontece lo mismo con el hombre. Desde el punto de vista físico, salta a la vista que integra un eslabón de la cadena de los seres vivos, pero en el aspecto moral, entre el animal y el hombre hay solución de continuidad. El hombre posee como propia el alma o Espíritu, chispa divina que le confiere el sentido moral y un alcance intelectual del que carecen los animales. Es en él el Ser principal, preexistente y sobreviviente al cuerpo, y que conserva su individualidad. Ahora bien, ¿cuál es el origen del Espíritu? ¿Cuál su punto de partida? ¿Se forma del principio inteligente individualizado? He ahí un enigma que sería inútil intentar develar y sobre el cual, como hemos dicho, no se puede sino elaborar hipótesis. Lo que es constante y que resalta a la vez del razonamiento y de la experiencia es la supervivencia del Espíritu, la conservación de su individualidad después de la muerte, su facultad progresiva, su estado feliz o desdichado, proporcional a su progreso en la senda del bien, así como todas las verdades morales que son la consecuencia de este principio. (Ciertamente, el Alma le confiere al hombre un alto grado de individualidad, pero esto no quiere decir que los Espíritus de los animales o de las plantas no tengan individualidad, la cual es necesaria en todos los Espíritus, para diferenciarlos. Luego, como la ‘Individualidad’ en los hombres radica en el Alma, esta ‘Individualidad’ le confiere al Espíritu el control absoluto para ‘Planificar’ sus Reencarnaciones’ y para ‘decidir’ lo que hará con cada una de esas vidas que ‘Planifica’ -Libre Albedrío-. No ocurre así con los Espíritus de las plantas o de los animales, los cuales no cuentan con el Libre Albedrío, por lo que no pueden ‘decidir’ lo que harán con sus vidas, aunque si pueden tomar ciertas ´decisiones menores’, pero son el resultado de sus instintos. Tampoco pueden ‘Planificar’ sus Reencarnaciones, por lo que éstas son ‘Planificadas’ por otros Espíritus Superiores, designados para tal fin). En cuanto a las misteriosas relaciones que existen entre el hombre y los animales, es ese – repetimos- el secreto de Dios, como otras muchas cosas cuyo conocimiento actual no interesa en modo alguno para nuestro adelanto, y sobre las cuales sería inútil insistir”. 



 

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