LII.MUNDO ESPÍRITA O DE LOS ESPÍRITUS – Libro II / Capítulo XI: LOS
TRES REINOS / Parte VII
LA ACLARATORIA DE MIS
DUDAS
Como les comenté, en
Artículos anteriores, en las preguntas cercanas al número 600, las respuestas
de los Espíritus Superiores parecían indicar que los Espíritus de los animales
jamás Reencarnaban en Cuerpos humanos. Estas afirmaciones me hicieron entrar en
shock, tanto cuanto, tales afirmaciones contrariaban lo que yo he venido comprendiendo
acerca del Más Allá. En el presente Artículo, les he venido comentando que los
Espíritus Superiores en efecto están de acuerdo con la ‘Progresión de las
Almas’, tanto cuanto todos los Espíritus estamos llamados a la ‘Perfección’.
Luego, ¿a qué se debió el hecho de que algunos Espíritus Superiores hayan
contrariado esta realidad? Pues, como se los he venido aclarando: “LA
VERDAD TAMBIÉN SE PERFECCIONA”. Esto nos confirma que, aquel “SIEMPRE”
del que nos hablan los Espíritus Superiores, en la pregunta 591 de Kardec, se
refiere justamente a lo que concluí al discernir al respecto: “En cualquier Mundo, para ocupar un
Cuerpo Humano -más evolucionado físicamente y mentalmente- los Espíritus deben
acumular ‘Méritos’ ocupando primero cuerpos de plantas, luego de animales,
hasta llegar a ocupar el Cuerpo de un Humano.
(284): 610. Los Espíritus
que han afirmado que el hombre es un ser aparte en el orden de la Creación, ¿se
han engañado, entonces? – “No, pero la cuestión no había sido aún desarrollada,
y además hay cosas que sólo a su tiempo pueden venir. El hombre es, en efecto, un ser aparte, por cuanto posee
facultades que le distinguen de todos los demás seres y tiene otro destino.
La
especie humana es la que Dios ha escogido para la encarnación de los Seres que
pueden Conocerle”. (De manera que, para ‘Conocer a Dios’ es condición sine qua non
Encarnar en un Cuerpo humano, a los fines de obtener un Alma, que nos permita
tener ‘Consciencia de Dios’, a los fines de procurarle. Ergo, todos
los Espíritus creados desde el Principio, en alguna vida deben Encarnar en un
Cuerpo humano, para poder ‘Acumular Méritos’ para ‘Conocer a Dios’, tanto
cuanto es la presencia del Alma la que nos permite hacernos ‘Conscientes de
Dios’ y ‘Acumular Méritos’ para ‘Conocerle’. Los Espíritus Superiores que
parecían poner en duda el ‘Progreso de las Almas’, realmente no lo estaban
haciendo, sino que trataban de responder las preguntas de Kardec conforme a lo
que ellos entendían les estaban preguntando y conforme al ‘Conocimiento’ propio
de Kardec, en atención a no contrariarlo. Kardec preguntó -603-: En los mundos superiores
¿conocen los animales a Dios?, y la respuesta de los Espíritus
Superiores pareció contrariar el ‘Progreso de las Almas’, porque respondieron
rotundamente: “NO. El
hombre es para ellos un dios, como en lo antiguo los Espíritus eran dioses para
los seres humanos”. Pero con este rotundo “NO”, no estaban
contrariando el ‘Progreso de las Almas’, sino que estaban estableciendo que para los
Espíritus de los animales el Objetivo -destino- es ‘Alcanzar a ser como los
hombres’, quienes para ellos -para los animales- el hombre es un
dios. Conforme Kardec iba comprendiendo paulatinamente lo que realmente ocurre,
entonces le fueron aclarando que, aquellos Espíritus también le decían la
Verdad, tanto cuanto, lo que le estaban intentando manifestar es que “El hombre es, en efecto, un ser aparte, por cuanto posee
facultades que le distinguen de todos los demás seres y tiene un destino distinto al de las plantas y de los animales”,
el cual es: “Acercarse a Dios mediante el Conocimiento de Dios y el deslastre
de los vicios acumulados, haciendo uso del Libre Albedrío, al ‘Experimentar
Vida Humana’”. Pero en efecto, el Espíritu de un
animal ciertamente no tiene este destino, tanto cuanto su destino es lograr
Reencarnar en un Cuerpo Humano, a los fines de ‘Conocer a Dios, pero mientras
Reencarne en un animal, no podrá ‘Conocer a Dios’, tal y como los
afirmaban los Espíritus Superiores en la pregunta 603).
METEMPSICOSIS
Etimológicamente, la
palabra ‘metempsicosis’ viene del griego ‘metempsykhosis’, compuesta de las
palabras: ‘meta’ –‘después de’ o ‘más allá de’-, ‘m’
–‘en’ o ‘dentro’-, ‘psyche’ –‘Alma’- y ‘osis’
–‘formación’, ‘impulso’ o ‘conversión’-, de donde podemos
concluir que ‘metempsicosis’
consiste en la ‘transmigración del Alma’ más allá del cuerpo que la contiene,
para meterse en otro cuerpo, tras la muerte física del primero’.
De allí que, ‘metempsicosis’ es simplemente ‘Reencarnación’, con la salvedad
de que, la ‘metempsicosis’ se refiere simplemente a la ‘migración’ –‘cambio de
residencia’- de un ‘Alma’, pero con la posibilidad de ‘ir de un lado a otro’ –‘trans’-,
lo que implica que un ‘Alma’ puede ir, a voluntad, de un animal a un hombre y viceversa.
Respecto a este tema Kardec hizo apenas 3 preguntas, pero sobre las respuestas
dio una muy extensa explicación, las cuales le comparto, sin anotarles las
preguntas, ni sus respuestas.
“La metempsicosis sería verdadera
si se entendiese con esa palabra la progresión del alma de un estado inferior a
uno superior, en el que adquiriría desarrollos que transformaran su naturaleza.
Pero dicha doctrina es
falsa si se la interpreta como transmigración directa del animal al hombre, y
viceversa, lo cual implica la idea de una retrogradación o fusión.
Ahora bien, como quiera que tal fusión no puede tener lugar entre los seres
corporales de una y otra especie, ello indica que se encuentran en grados no
asimilables y que lo propio debe ocurrir con los espíritus que los animan. Si
un mismo Espíritu pudiera animarlos alternativamente, se seguiría de esto una
identidad de naturalezas que se traduciría en la posibilidad de su reproducción
material. La
reencarnación que enseñan los Espíritus se funda, por el contrario, en la
marcha ascendente de la Naturaleza y en la progresión del hombre dentro de su
propia especie, lo que no le quita nada de su dignidad. En cambio, lo que sí lo rebaja es el mal uso de las
facultades que Dios le ha concedido para su adelanto. Sea como
fuere, la antigüedad y universalidad de la doctrina de la metempsicosis, así
como los hombres prominentes que la han profesado, prueban que el principio de
la reencarnación tiene sus raíces en la Naturaleza misma. Estos son, pues,
argumentos en su favor más bien que contrarios.
El
punto de partida del Espíritu es una de las cuestiones que se relacionan con el
principio de las cosas y que están en el secreto de Dios. No es dado al hombre
conocerlas de una manera absoluta, y a este respecto sólo pueden hacerse
conjeturas, elaborar hipótesis más o menos probables. Los Espíritus mismos se
hallan lejos de conocerlo todo. Y acerca de lo que no saben pueden ellos
también sustentar opiniones personales más o menos sensatas.
(Este es quizás el meollo de todo el asunto que tiene que ver con nuestro ‘Conocimiento
del Más allá’, el cual nunca será pleno, tanto cuanto, dicha información al
respecto, SE ENCUENTRA EN
EL SECRETO DE DIOS, el cual debemos ir descubriendo, paulatinamente, vida tras vida.
De manera que, en cada vida
sólo podemos ir descubriendo pedazos de ese Secreto de Dios, hasta que, en
alguna vida, logremos tener armado gran parte Puzle Secreto de Dios.
Ocurre entonces que, como el Secreto se va develando
paulatinamente, vida tras vida, en cada época de la existencia de la humanidad,
surgen personas que, al tratar algunos temas, respecto al Más Allá, elaboran
ideas, … teorías, que suelen ser el resultado de ‘conjeturar’ al respecto.
Algunas ‘teorías’ logran sostenerse en el tiempo, por varias décadas, hasta que
surge alguna otra que, soportándose en las primeras ‘teorías’, logra ‘conjeturar’
teorías con mayor sentido y algo más creíble, que las primeras ‘teorías’.
Luego, pese al mayor sentido o credibilidad que
pudiera tener alguna ‘teoría’ acerca del Más Allá, ésta jamás podremos
considerarla como La Verdad, sino como simplemente una verdad, que nos está
ayudando a llegar a La Verdad. De hecho, incluso los Espíritus Superiores tienen opiniones personales
acerca de muchos aspectos del Más Allá, las cuales van cambiando conforme va ‘Ascendiendo
a Niveles de Consciencia más Superiores’ a aquel en el cual se encuentra.
Luego, esto no quiere decir que las ‘primeras opiniones personales’ no hayan
sido ciertas, sino que estas ‘primeras opiniones’ fueron el eslabón que ayudó a
ese Espíritu Superior, para poder comprender, en el siguiente ‘Nivel’, más
plenamente aquello que conjeturó anteriormente. Igual ocurrió con Kardec, igual
ocurre conmigo e igual ocurrirá con cualquiera que esté procurando comprender
lo que ocurre en el Más Allá, tanto cuanto Es Un Secreto de Dios, el cual
debemos ir hilvanando vida tras vida).
Así, por ejemplo, no
todos piensan lo mismo sobre las relaciones que existen entre el hombre y los
animales. Según algunos, el Espíritu sólo llega al período humano después de
haberse elaborado e individualizado en los diversos grados de los seres
inferiores de la Creación. En la opinión de otros, el Espíritu del hombre
habría pertenecido siempre a la raza humana, sin pasar por la serie animal.
La primera de esas
concepciones presenta la ventaja de otorgar un objetivo al porvenir de los
irracionales, lo que integrarían de ese modo los primeros eslabones de la
cadena de los seres pensantes. La segunda está más conforme a la dignidad del
hombre y puede compendiarse como sigue:
Las distintas especies de animales no proceden intelectualmente unas
de otras por vía de progresión. Así, el espíritu de la
ostra no se torna sucesivamente en el del pez, del pájaro, del cuadrúpedo y del
cuadrumano. Cada especie es un tipo absoluto, física y moralmente, y cada ejemplar de las diferentes especies toma de la fuente
universal la cantidad de principio inteligente que le es necesaria, según el
grado de perfección de sus órganos y la labor que debe realizar dentro de los
fenómenos de la Naturaleza. A su muerte, devuelve esa parcela de
principio inteligente a la masa. Los de los
mundos más evolucionados que el nuestro (ver parágrafo 188) pertenecen asimismo
a razas distintas, apropiadas a las necesidades de tales mundos y al grado de
desarrollo de los hombres, de quienes esos animales son los auxiliares, pero
sin provenir en modo alguno de los de la Tierra, espiritualmente hablando.
No acontece lo mismo con el hombre. Desde el punto de vista físico, salta a la vista que integra un eslabón de la cadena de los seres vivos, pero en el aspecto moral, entre el animal y el hombre hay solución de continuidad. El hombre posee como propia el alma o Espíritu, chispa divina que le confiere el sentido moral y un alcance intelectual del que carecen los animales. Es en él el Ser principal, preexistente y sobreviviente al cuerpo, y que conserva su individualidad. Ahora bien, ¿cuál es el origen del Espíritu? ¿Cuál su punto de partida? ¿Se forma del principio inteligente individualizado? He ahí un enigma que sería inútil intentar develar y sobre el cual, como hemos dicho, no se puede sino elaborar hipótesis. Lo que es constante y que resalta a la vez del razonamiento y de la experiencia es la supervivencia del Espíritu, la conservación de su individualidad después de la muerte, su facultad progresiva, su estado feliz o desdichado, proporcional a su progreso en la senda del bien, así como todas las verdades morales que son la consecuencia de este principio. (Ciertamente, el Alma le confiere al hombre un alto grado de individualidad, pero esto no quiere decir que los Espíritus de los animales o de las plantas no tengan individualidad, la cual es necesaria en todos los Espíritus, para diferenciarlos. Luego, como la ‘Individualidad’ en los hombres radica en el Alma, esta ‘Individualidad’ le confiere al Espíritu el control absoluto para ‘Planificar’ sus Reencarnaciones’ y para ‘decidir’ lo que hará con cada una de esas vidas que ‘Planifica’ -Libre Albedrío-. No ocurre así con los Espíritus de las plantas o de los animales, los cuales no cuentan con el Libre Albedrío, por lo que no pueden ‘decidir’ lo que harán con sus vidas, aunque si pueden tomar ciertas ´decisiones menores’, pero son el resultado de sus instintos. Tampoco pueden ‘Planificar’ sus Reencarnaciones, por lo que éstas son ‘Planificadas’ por otros Espíritus Superiores, designados para tal fin). En cuanto a las misteriosas relaciones que existen entre el hombre y los animales, es ese – repetimos- el secreto de Dios, como otras muchas cosas cuyo conocimiento actual no interesa en modo alguno para nuestro adelanto, y sobre las cuales sería inútil insistir”.
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