XCIV.LEYES MORALES – Libro IV / Capítulo I: ESPERANZAS Y
CONSUELOS / Parte IV
Durante nuestras
existencias materiales, es
muy común sentir atracción hacia otras personas, las cuales ciertamente tienen
su origen en la simpatía que pudiera existir entre los Espíritus que poseen
esas personas. A veces, esas simpatías son el resultado de las
relaciones que esos Espíritus tuvieron en vidas pasadas, pero otras veces son
el mero resultado de la atracción física que las personas ejercen sobre
nosotros, ya sea por tener un hermoso rostro o un hermoso cuerpo o una hermosa
manera de ser. Estas atracciones
físicas suelen ocasionar ‘falsas simpatías’, tanto cuanto suelen transformarse
en antipatías cuando las personas se van conociendo. También ocurre
que, algunas antipatías, que se sienten por alguna persona, pudieran
transformarse en simpatías, al conocer más profundamente a esa persona.
(407): 939. Puesto que
los Espíritus simpáticos son llevados a unirse, ¿cómo se explica que entre los
Espíritus encarnados el afecto generalmente proceda de uno solo de ellos, y que
el amor más sincero sea recibido con indiferencia y hasta con repulsión? ¿Cómo,
por otra parte, el más vivo afecto existente entre dos seres puede
trocarse en antipatía y a veces en odio? – “¿No comprendes entonces
que se trata de un castigo, aunque sólo sea pasajero? Además, ¡cuántos
hay que creen amar perdidamente, porque sólo juzgan por las apariencias, y
cuando están obligados a convivir con la otra persona no tardan en reconocer
que sólo se trataba de una pasión material! No basta con que estéis
prendados de una persona que os agrada y a la que suponéis en posesión de
bellas cualidades. ¡Cuántas uniones hay también de personas que al comienzo
parecían que nunca llegarían a entenderse, y cuando uno y otro se han conocido y
estudiado bien concluyeron por amarse con un amor tierno y duradero, porque se
basaba en la estimación!... No hay que olvidar que el que ama es el Espíritu y no el cuerpo, y cuando la
ilusión material se ha disipado el Espíritu ve la realidad. Hay
dos clases de afectos: el referido al cuerpo y el que se expresa de alma a
alma, y con frecuencia se confunde a uno con el otro. El afecto del
alma, cuando es puro y se funda en la simpatía, resulta durable. El del cuerpo,
en cambio, es perecedero. He ahí por qué generalmente los que creían amarse con un amor eterno
se aborrecen cuando la ilusión ya se ha desvanecido”. (La gran mayoría de las simpatías o atracciones que sentimos
hacia otras personas suelen tener su origen en una atracción meramente física,
por lo que, al desaparecer aquel efecto físico de atracción que nos movía a
sentir simpatía por alguna persona, pues la simpatía se desvanece y en algunos
casos se transforma en antipatía. Esto ocurre justamente porque todo
lo material es perecedero -envejecemos, nuestros gustos cambian, nos
enfermamos, … perdemos el interés por cosas que antes nos apasionaban y esto
hace que, aquello que antes nos apasionaba deje de apasionarnos.
LO QUE DIOS HA UNIDO
Los Espíritus Superiores
aclaran que “NO
ES DIOS QUIEN OBLIGA A DOS PERSONAS A MANTENERSE UNIDAS PESE A QUE YA NO
SIENTEN SIMPATÍAS ENTRE SÍ”, sino que son las Leyes que el hombre
crea equivocadamente para mantener uniones que nunca fueron ‘Planificadas por
Dios’, que son resultantes de una mera atracción física, por lo que
era altamente probable que degeneraran en divorcio, cuando desapareciera la
atracción física que dio origen a la unión. Luego, muchos se preguntarán:
“Entonces, ¿por qué nuestro Amado Yeshuá dijo que
«LO QUE DIOS HA UNIDO QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE»”, pues la
respuesta es sencilla: “No
todas las uniones matrimoniales son uniones que nuestro Amoroso Padre Dios
‘Planifica’, sino que son el mero resultado de la atracción física entre dos
personas que quizás nunca deberían unirse, pero en atención al Libre Albedrío,
pues nuestro Amoroso Padre Dios Permite que se unan matrimonialmente”.
Nuestro Amado Yeshuá hizo aquella necesaria exhortación porque, en
aquellos tiempos y por mucho tiempo después, las leyes creadas por el hombre
establecían que los padres eran los que determinaban con quien se unirían en
matrimonio sus hijos, sin considerar el
amor, que es lo que debería prevalecer en una unión matrimonial y que es
aquello que Dios espera en una unión matrimonial.
En los tiempos de nuestro Amado Yeshuá y por muchísimo tiempo después, no era
posible unirse en matrimonio con una persona por la que realmente se sintiera
amor, sino que era obligado unirse con aquella persona que los padres
escogieran para sus hijos, así no hubiera amor entre estos. De hecho, en
aquellos tiempos era muy frecuente que los novios se conocieran el día de su
boda. Estas prácticas
legales antiquísimas siguen teniendo vigencia en muchas culturas ancestrales de
nuestro tiempo. Luego, cabe preguntarse ¿SI NO HAY AMOR ES UNA UNIÓN
PLANIFICADA POR DIOS? CUANDO DESAPARECE EL AMOR CARNAL ¿ES OBLIGATORIO
MANTENERSE UNIDOS?
(408): 940. La falta de
simpatía entre seres destinados a vivir juntos, ¿no es también una fuente de
pesares tanto más amargos cuanto que emponzoñan toda la existencia? – “Muy
amargos, en efecto. Pero se trata de una de esas desdichas cuya causa primera
casi siempre sois vosotros mismos. En primer lugar, son vuestras leyes las equivocadas,
porque ¿crees tú que Dios te obliga a permanecer junto a aquellos que te
desagraden? Por otra parte, en tales uniones frecuentemente buscáis
más satisfacer vuestro orgullo y ambición que la ventura de un mutuo afecto.
Sufrís entonces las consecuencias de vuestros prejuicios”. (La disminución de
la pasión genera desilusión y consecuentemente tedio, que poco a poco nos va
apartando de aquella persona por la que llegamos a sentir una gran simpatía,
llegando incluso a generar en nosotros antipatías e incluso, cuando la
separación se complica por causa de alguno de los involucrados en la otrora
unión simpática, esta antipatía se convierte en odio. Esto pareciera ser la
regla y no la excepción en casi todas las uniones matrimoniales, porque casi
todas las uniones matrimoniales son activadas por una atracción física más que
por una conexión espiritual.
Consecuentemente, al
desaparecer la atracción física que dio origen a la simpatía que activó la
unión espiritual, pues se hace necesaria la separación o divorcio, si no se
quiere degenerar en antipatías. No obstante, las leyes impuestas
socialmente suelen dificultar la separación, lo que muchas veces obliga a
aumentar las antipatías, hasta el punto de generar odios entre dos personas que
espiritualmente realmente son Hermanos, por lo que no deberían odiarse.
A nuestro Amoroso Padre
Dios le Encantaría que, todos y cada uno de nosotros nos uniéramos en
matrimonio con nuestras Almas Gemelas, sobre todo aquellos que, en atención al
excelente puntaje que vienen acumulando, merecen tener un descansito en algunas
de sus vidas, pero como somos tan impacientes y
confundimos tan fácilmente el afecto material con el afecto Alma-Alma-, pues
solemos equivocarnos y frecuentemente optamos por unirnos en matrimonio con la
primera persona por la que sentimos una profunda simpatía, que tiene su origen
en una atracción física y nosotros pensamos que es espiritual.
Luego, nuestro Amoroso Padre Dios permite esa unión carnal simplemente porque
no nos puede quitar nuestro Libre Albedrío y la Permite Esperando que, de esa
frágil unión, cada uno de nosotros ‘Aprendamos’ algo, que nos ayude a ‘Crecer
Espiritualmente’.
Pero ocurre que, debido a que los hombres han creados leyes, algunas de las
cuales nos dicen que fueron dictadas por Dios, que nos obligan a mantenernos
unidos con alguien por quien ya no sentimos simpatía, pues esa antipatía suele
degenerar en odios, lo cual ciertamente aborrece nuestro Amoroso Padre Dios.
Nuestro Amoroso Padre Dios lo único que Espera de nosotros es que ‘Aprendamos’
de cada una de nuestras ‘Experiencias de Vida’ y nos esforcemos por ‘Crecer en
el Conocimiento de Dios’, a través de esos ‘Aprendizajes’. Así pues, de una
mala unión matrimonial, podemos ‘Aprender’ que aquello que frecuentemente sentimos
por algunas personas no es necesariamente amor, sino más bien es una mera
atracción física, que puede ser controlada, por lo que no puedo sufrir ni
sucumbir ante las pasiones carnales y ‘Aprender’ a esperar al verdadero amor.
Cuando en esa mala unión
matrimonial se procrean hijos, tenemos que ‘Aprender’ a ser ‘Responsables como
Padres’, incluso más allá del divorcio… De una mala unión matrimonial podemos ‘Aprender’
muchísimas cosas que nos ayuden a ‘Crecer Espiritualmente’, pero esto sólo será
posible si comprendemos y aceptamos que todos somos Hermanos y que todas las ‘Experiencias de Vida’ producto de
nuestras interrelaciones, de alguna forma o manera, han sido ‘Planificadas’,
por nosotros mismos, para ‘Crecer Espiritualmente’, aunque en
una primera mirada la ‘Experiencia’ pareciera un total fracaso. Así pues,
ninguna separación o divorcio debe ser traumático, tanto cuanto los
involucrados deberían estar ‘Conscientes’ de que ninguna cosa material es
eterna y que todas las ‘Experiencias’ han sido ‘Planificadas’ por nosotros
mismos para ‘Aprender’ algún ‘Conocimiento’ que nos ayude a acercarnos a nuestro
Amoroso Padre Dios. De allí que, para que un divorcio no se constituya en una ‘Experiencia’
traumática, lo primero que tenemos que ‘Aprender’, incluso antes de unirnos en
matrimonio, es que es
preciso “Amar a Dios sobre todas las cosas”, sino queremos sufrir.
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