LO QUE NO SOMOS
Hacernos ‘Conscientes de lo que Somos’ evidentemente implica reconocer
lo que no somos, aunque todos nuestros instintos nos digan lo contrario.
Ocurre que, por años y durante muchas vidas, nuestros Periespíritus se han
identificado tan plenamente con las necesidades materiales de nuestros Cuerpos
que, de alguna forma o manera, nuestros Espíritus creen que son el Cuerpo. De
manera que, es preciso que continuamente nos
recordemos que no somos el Cuerpo, para que nuestros Espíritus comiencen a
trabajar en procura de ‘Crecer en el Conocimiento y hacernos Conscientes de
nuestro Amoroso Padre Dios’, recordándole al Cuerpo que él es una simple Nave o
transporte, a través del cual tenemos las ‘Experiencias de Vida Material’, que
nos permitan ‘Crecer en el Conocimiento’, que nos ayude a hacernos ‘Conscientes
de Dios’. Consecuentemente, nuestros Cuerpos deben
acostumbrarse a recordar que los bienes materiales existen para su sustento,
pero que deben evitar los apegos a esos bienes materiales y sobre todo evitar
el abuso de esos bienes.
Justamente, cuando mi
Cuerpo ve algo que le gusta yo evalúo si es posible dárselo, conforme al orden
de lo realmente necesario o no, y decido si dárselo o no. Cuando decido no
dárselo le explico por qué no es debido que lo tenga o lo consuma y le recuerdo
sus funciones. Ocurre igual cuando mi Cuerpo recuerda algunas hermosas
vivencias de opulencia material y de abuso de los bienes materiales, le digo:
“Agradece esas vivencias, pero no te regocijes mucho en ellas porque ya no
volverás a tenerlas. Ocúpate ahora de ayudarme a ‘Crecer’ para que tus
funciones sean cumplidas”. Así pues, cuando recuerdo alguna hermosa vivencia
material simplemente las agradezco por el ‘Aprendizaje’ recibido y alecciono a
mi Cuerpo acerca de lo vivido, recordándole que ha tenido ‘Experiencias’ muy
buenas y abundantes, pero que no debe apegarse a esas ‘Experiencias’ porque son
efímeras y de lo bueno poco.
«Observa el hábito
de la mente de juzgar o etiquetar cualquier pensamiento o sensación como bueno
o malo. Permitimos que cada pensamiento y sensación sea tal y como es. No
rechazamos nada, y sin embargo no nos dejamos atrapar por pensamientos, ni nos
enganchamos a su contenido. De esta manera nos acercamos a El Absoluto
por la vía negativa. Lo
que sea que surja, nos damos cuenta de que “no soy esto, no soy aquello, no soy
esto, no soy aquello”. A través de la vía negativa, te das cuenta de que todo lo
que surge no eres tú. Te das cuenta de que tú
no eres nada; la sabiduría del no ser. A través de la vía positiva uno se da cuenta que todo lo que surge ERES tú. Esto es amor; una
conexión o fusión energética. Ambas verdades existen simultáneamente. La
forma es exactamente el vacío, el vacío es exactamente la forma. Hay un dicho
en el Zen: al principio del camino, las montañas son montañas y los ríos son
ríos. Luego de alguna realización, las montañas camino, ya no son montañas, y
los ríos ya no son ríos, pero cuando la verdad final es revelada, las montañas y los ríos SON.
¿Qué ha cambiado en este viaje? La montaña y el río siguen siendo como siempre
han sido. Lo que ha
desaparecido es tu idea de la montaña y el río. Lo que ha desaparecido
es el torbellino de la mente que media, que crea la ilusión de separación entre
tú y el mundo». (Queda claro que LAS COSAS MATERIALES CIERTAMENTE EXISTEN -NO SON UNA MERA
PROYECCIÓN DE NUESTRAS MENTES- PERO ES PRECISO COMPRENDER QUE NUESTROS
ESPÍRITUS SON MUCHO MÁS QUE LA MATERIA, TANTO CUANTO LA MATERIA ES EFIMERA
-CASI INEXISTENTE- EN COMPARACIÓN QUE NUESTROS ESPÍRITUS QUE SON PERPETUOS.
Es decir, es importante reconocer y aceptar que nuestros Espíritus superan por
mucho la precaria existencia de las cosas materiales, por lo que NO DEBEMOS DARLE A LAS COSAS
MATERIALES UN VALOR SUPERIOR A SU MERO VALOR DE USO -CUBRIR LAS NECESIDADES
BÁSICAS DEL CUERPO- EVITANDO LOS APEGOS A LAS COSAS MATERIALES. Nos ayuda
mucho a comprender la importancia comparativa de la perpetuidad de nuestros
Espíritus versus la precariedad temporal de las cosas materiales el tener presente
siempre la necesaria Reencarnación. Esto es porque, si estamos ‘Conscientes’ de que nuestros Espíritus Encarnan
justamente para vivir esas Experiencias Materiales, a los fines de ‘Crecer en
el Conocimiento’, que nos permita hacernos ‘Conscientes de nuestro Amoroso
Padre Dios’, entonces es probable que nuestros Espíritus terminen reconociendo
y aceptando que ellos no deben complacer a sus Naves -Cuerpos- en sus deseos de
disfrutar de los bienes materiales más allá de la necesaria subsistencia de la
Nave -Cuerpo-, lo que implica reconocer y aceptar que NO SOMOS LA NAVE -CUERPO-
Y MUCHO MENOS SOMOS LAS NECESIDADES DE NUESTRAS NAVES -CUERPOS-. MIENTRAS MENOS IMPORTANCIA LE DEMOS A LAS COSAS
MATERIALES MENOS TIEMPO OCUPARÁN ESAS COSAS MATERIALES EN NUESTRAS MENTES.)
LO QUE SI SOMOS
Pese a que Daniel pareciera
estarnos gritando que el ‘Conocimiento’ estorba para ‘Alcanzar Samadhi’, queda
claro que, si no procuramos el ‘Conocimiento’ no entenderemos aquello que
Daniel quiere comunicarnos. Esto es porque, Daniel suele hablarnos de conceptos
que, si no los tenemos realmente claros, pues no lograremos comprender lo que
Daniel nos quiere comunicar. Esto se hace más evidente sobre todo en los casos
de conceptos que parecieran no tener un único argumento válido para definirlo,
como es el caso de ‘Consciencia’, palabra que hoy en día se utiliza para
comunicar tanto propiamente la ‘Consciencia’ como aquello que se denominaba simplemente
‘conciencia’, pese a que antes se consideraba que LA PERCEPCIÓN
‘OBJETIVA’ ES LO QUE SE DENOMINABA COMO ‘CONCIENCIA’, LA CUAL AL SER REGISTRADA
A UN NIVEL MÁS PROFUNDO SE CONVIERTE PROPIAMENTE EN ‘CONSCIENCIA’. Como
resultado de esto, es común que consigamos autores que utilicen la palabra ‘conciencia’
cuando realmente quieren referirse a la ‘Consciencia’, y viceversa. En lo
particular yo utilizo la palabra ‘Consciencia’, tanto cuanto pretendo que siempre
procuremos ir más allá de la simple percepción objetiva de las cosas. Es decir,
NO DEBEMOS CONFORMARMOS CON VER LOS OBJETOS A
NUESTRO ALREDEDOR, SINO QUE DEBEMOS PROCURAR SABER PARA QUE SIRVEN ESOS OBJETOS
Y QUÉ UTILIDAD LES PODEMOS DAR, A LOS FINES DE ‘CRECER EN EL CONOCIMIENTO’ Y
QUE ESTE ‘CONOCIMIENTO’ NOS AYUDE A ‘ACERCARNOS A NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS’.
Anteriormente les comenté
que, muchos suelen denominar ‘Consciencia’ al Espíritu, tanto cuanto ES EL ESPÍRITU QUIEN SE HACE ‘CONSCIENTE’ DE LAS COSAS
QUE RODEAN AL CUERPO Y DE LAS ‘EXPERIENCIAS DE VIDA’ QUE ESTÁS COSAS MATERIALES
LE PROPORCIONAN AL ESPÍRITU A TRAVÉS DEL CUERPO. Pero ocurre también
que, históricamente muchos han disertado acerca de lo que es la ‘Consciencia’ y
muchos son los que han
catalogado la ‘Consciencia’ en niveles o estados propiamente de ‘Consciencia’.
Así pues, se dice que existe un ‘primer estado de conciencia’,
denominado ‘vigilia’, -el cual ocurre mientras estamos despiertos-, un ‘segundo
estado de conciencia’, denominado ‘sueño’ -el cual ocurre cuando nos quedamos
dormidos- y un ‘tercer estado de conciencia’, denominado ‘sueño profundo’, en
el cual, sin entrar en un estado de inconsciencia, dormimos profundamente y tenemos
sueños vívidos, que incluso nos producen gozo. Estos tres estados tienen
diferentes manifestaciones, pero dentro de ellas cabe toda la experiencia
ordinaria de realidad, en la que existimos
como un sujeto percibiendo objetos, entendiendo estos ‘objetos’ como
todas las cosas materiales que percibimos a través del Cuerpo.
«Realizar Samadhi no es alcanzar un
estado extraordinario. Tampoco se trata de permanecer en el estado mental
ordinario. Sólo la mente limitada o mente egóica discrimina lo ordinario
y lo extraordinario. Turiya
–‘cuarto’- el estado sin condición, a veces
llamado el cuarto estado. Es la realidad
no dual. Es trascendente e inminente internamente. Es la base de la
existencia, la fuente de toda verdad. Tu esfuerzo por alcanzar algún estado es un movimiento de la mente.
Realizar el fundamento de la existencia no es trascender lo físico y permanecer
en el reino sutil o el reino causal. Todas estas dimensiones de ti mismo existen simultáneamente. Lo bruto, sutil y causal existen aquí y ahora. Es la
propia mente limitada la que crea la división. Realizar Samadhi no es intentar
lograr algo. Es un abandono de todo
interés en los pensamientos mientras permanecemos totalmente alerta, totalmente
conscientes, totalmente despiertos, sin reaccionar, sin hacer; sin mover la
mente sin suprimir la mente. Ser
consciente, estar plenamente atento a lo que sucede, sin
la mediación del condicionamiento egóico, sin conceptos, sin controlar,
manipular, o distorsión, sin el filtro de la mente limitada, es estar presente
sin elegir. Presente
sin elegir, y por lo tanto sin alguien que seleccione. Podrías llamar a esto
una mente espejo; una mente de principiante sin memoria ni pasado. Una mente
abierta o transparente. Hace que cada momento sea nuevo».
(Según la filosofía hinduista, existe un ‘estado de consciencia no dual’, al cual
denominan simplemente ‘turiya’
- ‘cuarto’-, LA cual es la ‘conciencia que es consciente de sí misma y
de todas las experiencias’. En este ‘cuarto estado de conciencia’ no se perciben ‘objetos’
sino que lo que se percibe es la propia
esencia. Evidentemente, este ‘cuarto estado de consciencia’ es propiamente el
‘Estado de Consciencia del Espíritu’, haciéndose ‘Consciente de lo que
realmente Es’, evitando darle importancia
a los ‘objetos’, con los que acostumbra a interactuar su Nave -Cuerpo-.
De hecho, ‘Turiya’ se considera un estado de consciencia ‘no dual’ porque, al
no darle importancia a los ‘objetos’, se puede estar ‘Consciente Plenamente’,
atento a todo lo que sucede, pero evitando tomar acciones con respecto a lo que
sucede, “sin la mediación del
condicionamiento egóico, sin conceptos, sin controlar, manipular, o distorsión,
sin el filtro de la mente limitada, es estar presente sin elegir”.
De allí que, “Realizar
Samadhi no es intentar lograr algo. Es
un abandono de todo interés en los pensamientos mientras permanecemos
totalmente alerta, totalmente conscientes, totalmente despiertos, sin
reaccionar, sin hacer; sin mover la mente sin suprimir la mente”,
porque no se trata de dejar de pensar sino de dejar de pensar en lo que se
piensa, evitando darle importancia a aquello en lo que se piensa. Con el paso
del tiempo, LOS PENSAMIENTO CESAN AL NO
ENCONTRAR CABIDA EN NUESTRO INTERÉS).
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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