lunes, 15 de mayo de 2023

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte XIX

XIX.MUNDO ESPÍRITA O DE LOS ESPÍRITUS – Libro II / Capítulo VI: VIDA ESPÍRITA / Parte III

EVOCACIONES DE LA VIDA

255. Cuando un Espíritu asegura que sufre ¿qué clase de padecimiento es el suyo? – “Angustias morales, que lo torturan más dolorosamente que los sufrimientos físicos”.

256. ¿A qué se debe, entonces, que algunos Espíritus se hayan quejado de sentir frío o calor? – “Recuerdo de lo que habían experimentado en vida, a veces tan penoso como la realidad misma. Es muchas veces una comparación mediante la cual –a falta de otra mejor- expresan el estado en que se encuentran. Cuando se acuerdan de su cuerpo experimentan una especie de impresión, como cuando un hombre se quita la capa y un rato más tarde cree llevarla todavía”. (Realizó Kardec algunas preguntas acerca de ciertas manifestaciones sensitivas de algunos Espíritus que, al ser consultados por algunos médiums, expresan sentir dolor o sufrimiento e incluso calor o frío. Al respecto los Espíritus Superiores aseguran que, los Espíritus no perciben las sensaciones como lo hacen nuestros cuerpos. Sin embargo, es posible que manifiesten sentir del mismo modo que nuestros cuerpos porque lo que sienten les hace evocar las sensaciones sentidas cuando ocupaban un cuerpo. No obstante, los Espíritus Superiores nos indican que, lo que realmente sienten los Espíritus son ‘Angustias Morales’, producto de su poco ‘Progreso’, lo cual evidentemente los tortura, más dolorosamente que los sufrimientos físicos, pero, al no tener una mejor forma de expresar lo que sienten, lo comparan con aquello que sintieron tantas veces, mientras ocuparon cuerpos físicos).

ANGUSTIA MORAL

Seguidamente Kardec realiza un Ensayo acerca de los sufrimientos de los Espíritus, consciente de que realmente no son sensaciones, sino simples evocaciones de los sufrimientos acaecidos durante sus ‘Encarnaciones’. Es concluyente que, los Espíritus realmente no deberían sufrir, pero sufren porque, de alguna forma o manera, desean y, como nos afirmaba Siddhartha: “EL DESEO ES LA FUENTE DE NUESTROS SUFRIMIENTOS”. Me atrevería a elucubrar que, lo que desean los Espíritus es ‘Avanzar hacia el Nivel Dios’ y al percatarse que, al culminar una vida más, parece que no han avanzado mucho o se encuentran realmente estancados, pues sufren porque su deseo se ve frustrado, a causa de haber vivido una vida sin ‘Progreso Espiritual’ alguno, por haberse entregado a los deseos de la carne.

Los Espíritus Superiores afirman que, los sufrimientos en los Espíritus son simples ‘ANGUSTIAS MORALES’. La palabra ‘angustia’ deriva del latín ‘angustus’, que significa simplemente ‘angosto’. Esto es porque, la palabra ‘angustia’ quiere significar que es la sensación de asfixia que se siente al encontrarse en un lugar angosto o estrecho, que nos dificulta la movilidad. De allí que, angustia’ se define como: ‘El estado de intranquilidad o inquietud muy intensas, causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro.

La palabra ‘moral’ realmente es de etimología dudosa. Algunos exégetas aseguran que proviene del latín ‘moralis’, que es prestada de la palabra griega ‘ethikos’, que significa ‘ética’, la cual deriva de ‘ethos’, que significa simplemente ‘carácter’, en el entendido de que la moral’ es el ‘modo de ser de la personalidad, que se adquiere a fuerza de actos, costumbres, hábitos y virtud, que una persona ejercita, para formar su carácter. Otros exégetas afirman que, la palabra ‘moral’ proviene del latín ‘mos’ o ‘moris’, cuya raíz ‘ma-’ significa ‘medida’, para significar que moral’ es una ‘regla de vida que mide o guía. En atención a esto último, algunos exégetas han concluido que, la palabra ‘moral’ deriva del latín ‘mor’, relacionado con la palabra ‘norma’, que parece ser un préstamo del término griego ‘gnorimos’, que significa ‘lo bien sabido o totalmente conocido’. Sin embardo, norma’ en el latín romano significa ‘escuadra o regla. Estas múltiples acepciones etimológicas de una misma palabra, son el resultado de los muchos cambios que suelen ocurrir en el desarrollo de un vocabulario, en atención a la comprensión que las personas, de las diferentes regiones en las cuales se habla un idioma en particular, le dan a cada palabra.

Derive de donde derive la palabra ‘moral’, evidentemente guarda relación con la ‘manera de ser de una persona’, en cuanto a su forma de actuar o de vivir dignamente, tanto cuanto la ‘MORAL’ parece querer implicar el cumplimiento de ciertas ‘NORMAS o REGLAS QUE NOS AYUDEN A CUADRAR O FORMAR PARTE DE UN GRUPO ESPECÍFICO’. De lo anterior podemos inferir que, la intranquilidad o inquietud que sienten los Espíritus es causada por la amenaza de una desgracia, tanto cuanto se saben poco dignos de alcanzar La Gracia, que les permita formar parte del grupo de los Espíritus Superiores, los cuales se acercan a nuestro Amoroso Padre Dios, lo cual, aunque no lo parezca, según evaluamos sus pocos esfuerzos, es EL VERDADERO DESEO DE TODO ESPÍRITU.   

ARGUMENTANDO

(164): 257. El cuerpo es el instrumento del dolor. Si no su causa primera, constituye al menos su causa inmediata. El alma tiene la percepción de ese dolor. Dicha percepción es el efecto. El recuerdo que conserve ella podrá ser sobremanera penoso, pero no puede tener una acción física… Todo el mundo sabe que las personas a quienes se ha amputado un miembro sienten dolor en ese miembro inexistente. Seguramente que no es dicho miembro la sede del dolor, ni aun su punto de partida. Es que el cerebro conserva la impresión de él, eso es todo. Se puede creer, pues, que hay algo análogo en los sufrimientos del Espíritu después de la muerte. Un más profundo estudio del periespíritu, que desempeña un rol tan importante en todos los fenómenos espíritas - las apariciones vaporosas o tangibles, el estado del Espíritu en el instante de la muerte, la idea, tan frecuente en él, de que sigue aún vivo, el cuadro conmovedor de los suicidas y los decapitados, el de las personas que se habían entregado por entero a los goces materiales, y tantos otros hechos-, ha venido a arrojar luz sobre esta cuestión y ha dado lugar a explicaciones cuyo resumen ofrecemos aquí. (El dolor que realmente sienten los Espíritus no es una sensación física, puesto que los Espíritus no son materia. Hermosamente Kardec hace una analogía entre el cerebro humano y el Periespíritu, tanto cuanto ambos guardan la información de las experiencias materiales que, ya sea el cuerpo -nave- o el Espíritu viven o experimentan. Comienza Kardec a comprender lo qué es realmente el Periespíritu: ‘La Computadora que ayuda al Espíritu a controlar la nave -cuerpo-’).

El periespíritu es el lazo que une al Espíritu con la materia del cuerpo. Se toma del ambiente circundante, en el fluido universal. Se relaciona a la vez con la electricidad, el fluido magnético y, hasta cierto punto, con la materia inerte. Se podría afirmar que constituye la quintaesencia de la materia. Es el principio de la vida orgánica, pero no el de la vida intelectual. Esta última reside en el Espíritu. Es, además, el agente de las sensaciones exteriores. (Es hermoso apreciar la ‘Progresiva Iluminación' de Kardec. El Periespíritu es la Quintaesencia de la materia, porque es un fluido -espiritual y material-, que envuelve al Espíritu y le permite permanecer dentro de un cuerpo material. Por eso el Periespíritu es el principio de la vida orgánica, porque le permite al Espíritu revestirse de materialidad. Pero el Espíritu es el principio de la Vida Intelectual, porque en el Espíritu es donde reside la ‘Inteligencia Espiritual’. Esto implica que, como el Periespíritu se alimenta -aprende- de las experiencias del cuerpo, el Espíritu es quien debe ‘escoger’ –‘inteligencia’- aquellas experiencias materiales que le permitan alimentar -transmitir lo aprendido- al Alma, a fin de que crezca en el Conocimiento de nuestro Amoroso Padre Dios).

Nos enseña la experiencia que en el instante de la muerte el periespíritu se desprende del cuerpo con mayor o menor lentitud. En los primeros momentos el Espíritu no se explica su situación. No cree estar muerto, sino que se siente vivir. Ve a un lado su cuerpo, sabe que es el suyo, y no comprende que se haya separado de él. Tal estado se prolonga en tanto siga existiendo una unión entre el cuerpo y el periespíritu. Nos decía un suicida: “No, no estoy muerto”. Añadiendo: “Y, sin embargo, siento que los gusanos me devoran”. Seguramente que los gusanos no devoraban el periespíritu, y aún menos el Espíritu, sino el cuerpo. Pero, como la separación del cuerpo y el periespíritu no era completa, de ello resultaba una especie de repercusión moral que le transmitía la sensación de lo que en el cuerpo estaba sucediendo. (Altamente interesante este discernimiento de Kardec. Aunque si lo pensamos un poco, también es algo macabro y aterrador, sobre todo si pensamos en aquellos cadáveres que son cremados. Debe ser aterrador ser cremado antes de que el Periespíritu abandone el cuerpo. De manera que, después de leer acerca de esta posibilidad, más nos vale mantener la ‘Consciencia’ de la importancia de hacer nuestra transición al Más Allá inmediatamente después de que nuestro cuerpo pierda los signos vitales, porque no sabemos si seremos cremados o no).

Si el Espíritu no tuviera periespíritu sería inaccesible a toda sensación penosa. Esto es lo que sucede con los Espíritus purificados del todo. Sabemos que cuanto más se depuran, tanto más etérea se torna la esencia del periespíritu. De donde se sigue que la influencia material disminuye a medida que el Espíritu progresa, vale decir, conforme el periespíritu mismo se va haciendo menos grosero. (Según entiendo, el Periespíritu se engruesa con todas las experiencias que le transmite el cuerpo. Luego, cuando las experiencias que le transmite el cuerpo al Periespíritu son en esencia espirituales, éstas son transmitidas por el Espíritu al Alma, para que formen parte del ‘Conocimiento Aprehendido’, que nos ayuda a acercarnos a nuestro Amoroso Padre Dios. Pero si las experiencias son demasiado materialistas, éstas se acumulan en el Periespíritu, porque no le sirve de nada al Alma. De allí que, se concluye que, las experiencias en extremo materialistas engrosan el Periespíritu, porque no son transferidas al Alma. Mientras que, las experiencias materialistas que pueden ayudar a aumentar el ‘Conocimiento del Espíritu’, sin enviciarlo materialmente, al ser transferidas al Alma, hacen del Periespíritu una esencia liviana, más etérea -espiritual-, la cual se desprende con facilidad al perder el cuerpo sus signos vitales.)

(167): El hombre que haya vivido siempre con sobriedad, sin abusar de nada; el que siempre haya sido sencillo en sus gustos y modesto en sus deseos, se ahorrará muchas tribulaciones. Y lo propio acontece con el Espíritu. Los sufrimientos que soporta son siempre la consecuencia del modo como vivió en la Tierra. Sin duda alguna, ya no le aquejarán la gota ni el reumatismo, pero sí otros dolores que no son menores. Hemos visto que sus congojas son el resultado de los lazos que existen todavía entre él y la materia; que cuanto más desembarazado está de la influencia de esta última –dicho de otro modo, cuanto más desmaterializado se halla-, menos sensaciones aflictivas experimenta. (La verdad es que, ¡más claro no puede cantar un gallo!!! Mientras menos apegos sintamos por lo material sufriremos muchísimo menos, porque nuestros deseos de lo material serán cada vez menores. ¡YA CONOCEN LA CLAVE DE LA FELICIDAD!!!)

Ahora bien, de él -DEL Espíritu de cada quien- depende liberarse de dicha influencia ya en esta vida: tiene su libre arbitrio y, por tanto, le cabe elegir entre hacer y no hacer. Dome sus pasiones animales, no tenga odio ni envidia, celos ni orgullo, no se deje dominar por el egoísmo, purifique su alma mediante los buenos sentimientos, practique el bien, no conceda a las cosas de este mundo más importancia de la que merecen, y entonces, incluso bajo su envoltura corpórea ya se hallará depurado, ya estará desprendido de la materia, y cuando abandone esa envoltura no sufrirá más su influencia; los sufrimientos físicos que haya experimentado no dejarán en él ningún penoso recuerdo ni le quedará de ellos ninguna impresión desagradable, porque sólo afectaron al cuerpo y no el Espíritu; se sentirá dichoso de haberse liberado, y su tranquilidad de conciencia lo eximirá de todo padecimiento moral. (¡Bravooooo Kardec!!! Que hermosos consejos los que nos dejas. Lo primero que hay que hacer es aprender a dominar nuestros deseos materiales, en la vida presente, a fin de no acumular más puntos negativos en esta vida. Lo segundo es, purificarnos del barro que traemos acumulado de otras vidas, mediante el ejercicio de buenos sentimientos y la práctica del bien -COMPETIR EN BUENAS ACCIONES-, a fin de aumentar nuestro score de puntos positivos).

(168): Ahora bien, siempre hemos comprobado que los padecimientos se hallan en relación con la conducta, cuyas consecuencias sufren, y que esa nueva existencia constituye la fuente de una inefable ventura para aquellos que han seguido el recto camino. De lo que se deduce que los que sufren es porque así lo quisieron y sólo deben achacarlo a ellos mismos, así en el otro mundo como en éste. (Culmina Kardec su Ensayo con una excelente conclusión: sufren es porque así lo quisieron y sólo deben achacarlo a ellos mismos, así en el otro mundo como en éste. Tanto en este Mundo -vida presente-, como en los siguientes Mundos -próximas Reencarnaciones-, sufren los que quieren sufrir, en atención a sus apegos materiales. Mientras menos apegos sintamos por los bienes materiales -papá, mamá, hermanos, amigos, casa, carros, … vida- menos sufriremos por ellos al perderlos. Y claro que, no significa que no apreciemos los bienes materiales, incluso que los amemos -papá, mamá, hermanos, amigos, … hijos-, sino que mantengamos siempre presente que, es posible que algún día no los tengamos, simplemente porque ya cumplieron su objetivo, para con nosotros, en esta vida. Si una persona que tiene cáncer llega a la iluminación de comprender que HAY QUE VIVIR LO QUE HAY QUE VIVIR, y no se aferra a la vida, sino que acepta su cáncer como una prueba a superar, a fin de jamás renegar de Dios ni de achacarle nuestros males, pues con seguridad esa persona vivirá sin parecer que tiene cáncer y morirá con una bella sonrisa en su rostro, sabiendo que se cumplió La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios). 



Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo




 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario