XIX.MUNDO ESPÍRITA O DE LOS ESPÍRITUS – Libro II / Capítulo VI:
VIDA ESPÍRITA / Parte III
EVOCACIONES DE LA VIDA
255. Cuando un Espíritu
asegura que sufre ¿qué clase de padecimiento es el suyo? – “Angustias morales, que lo torturan más dolorosamente que los
sufrimientos físicos”.
256. ¿A qué se debe,
entonces, que algunos Espíritus se hayan quejado de sentir frío o calor? – “Recuerdo
de lo que habían experimentado en vida, a veces tan penoso como la realidad
misma. Es muchas veces una comparación mediante la
cual –a falta de otra mejor- expresan el estado en que se encuentran.
Cuando se acuerdan de su cuerpo experimentan una especie de impresión, como
cuando un hombre se quita la capa y un rato más tarde cree llevarla todavía”.
(Realizó Kardec algunas preguntas acerca de ciertas manifestaciones sensitivas
de algunos Espíritus que, al ser consultados por algunos médiums, expresan
sentir dolor o sufrimiento e incluso calor o frío. Al respecto los Espíritus
Superiores aseguran que, los Espíritus no perciben las sensaciones como lo hacen
nuestros cuerpos. Sin embargo, es posible que manifiesten
sentir del mismo modo que nuestros cuerpos porque lo que sienten les hace evocar las sensaciones sentidas
cuando ocupaban un cuerpo. No obstante, los Espíritus Superiores nos indican que, lo que realmente
sienten los Espíritus son ‘Angustias Morales’, producto de su poco ‘Progreso’,
lo cual evidentemente los tortura, más dolorosamente que los sufrimientos
físicos, pero, al no tener una mejor forma de expresar lo que
sienten, lo comparan con aquello que sintieron tantas veces, mientras ocuparon
cuerpos físicos).
ANGUSTIA MORAL
Seguidamente Kardec
realiza un Ensayo acerca de los sufrimientos de los Espíritus, consciente de
que realmente no son sensaciones, sino simples evocaciones de los sufrimientos
acaecidos durante sus ‘Encarnaciones’. Es concluyente que, los Espíritus realmente no deberían sufrir, pero sufren
porque, de alguna forma o manera, desean y, como nos afirmaba Siddhartha: “EL
DESEO ES LA FUENTE DE NUESTROS SUFRIMIENTOS”. Me atrevería a elucubrar
que, lo que desean los Espíritus es ‘Avanzar hacia el Nivel Dios’ y al
percatarse que, al culminar una vida más, parece que no han avanzado mucho o se
encuentran realmente estancados, pues sufren porque su deseo se ve frustrado, a
causa de haber vivido una vida sin ‘Progreso Espiritual’ alguno, por haberse
entregado a los deseos de la carne.
Los Espíritus Superiores
afirman que, los sufrimientos en los Espíritus son
simples ‘ANGUSTIAS MORALES’. La palabra ‘angustia’ deriva del latín
‘angustus’, que significa simplemente ‘angosto’. Esto es porque, la palabra
‘angustia’ quiere significar que es la sensación de asfixia que se siente al
encontrarse en un lugar angosto o estrecho, que nos dificulta la movilidad. De
allí que, ‘angustia’ se define como: ‘El
estado de intranquilidad o inquietud muy intensas, causado especialmente por
algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro’.
La palabra ‘moral’ realmente
es de etimología dudosa. Algunos exégetas aseguran que proviene del latín ‘moralis’,
que es prestada de la palabra griega ‘ethikos’, que significa ‘ética’, la cual
deriva de ‘ethos’, que significa simplemente ‘carácter’, en el entendido de que
la ‘moral’ es el ‘modo de ser de la personalidad,
que se adquiere a fuerza de actos, costumbres, hábitos y virtud, que una
persona ejercita, para formar su carácter’. Otros exégetas
afirman que, la palabra ‘moral’ proviene del latín ‘mos’ o ‘moris’, cuya raíz
‘ma-’ significa ‘medida’, para significar que ‘moral’
es una ‘regla de vida que mide o guía’. En atención a esto
último, algunos exégetas han concluido que, la palabra ‘moral’ deriva del latín
‘mor’, relacionado con la palabra ‘norma’,
que parece ser un préstamo del término griego ‘gnorimos’, que significa ‘lo bien sabido o totalmente conocido’. Sin
embardo, ‘norma’ en el latín romano significa
‘escuadra o regla’. Estas múltiples acepciones etimológicas
de una misma palabra, son el resultado de los muchos cambios que suelen ocurrir
en el desarrollo de un vocabulario, en atención a la comprensión que las
personas, de las diferentes regiones en las cuales se habla un idioma en
particular, le dan a cada palabra.
Derive de donde derive la
palabra ‘moral’, evidentemente guarda relación con la ‘manera de ser de una
persona’, en cuanto a su forma de actuar o de vivir dignamente, tanto cuanto la
‘MORAL’ parece querer implicar el cumplimiento de
ciertas ‘NORMAS o REGLAS QUE NOS AYUDEN A CUADRAR O FORMAR PARTE DE UN GRUPO
ESPECÍFICO’. De lo anterior podemos inferir que, la intranquilidad o inquietud que sienten los Espíritus es
causada por la amenaza de una desgracia, tanto cuanto se saben poco dignos de
alcanzar La Gracia, que les permita formar parte del grupo de los Espíritus
Superiores, los cuales se acercan a nuestro Amoroso Padre Dios, lo cual, aunque
no lo parezca, según evaluamos sus pocos esfuerzos, es EL VERDADERO DESEO DE
TODO ESPÍRITU.
ARGUMENTANDO
(164): 257. El cuerpo es el instrumento del dolor. Si no su
causa primera, constituye al menos su causa inmediata. El alma tiene la percepción de ese dolor. Dicha percepción es
el efecto. El recuerdo que conserve ella podrá ser sobremanera
penoso, pero no puede tener una acción física… Todo el mundo sabe que las
personas a quienes se ha amputado un miembro sienten
dolor en ese miembro inexistente. Seguramente que no es dicho
miembro la sede del dolor, ni aun su punto de partida. Es que el cerebro conserva la
impresión de él, eso es todo. Se puede creer, pues, que hay algo análogo en los sufrimientos del Espíritu después de
la muerte. Un más profundo estudio del periespíritu, que desempeña un rol tan importante en todos los fenómenos
espíritas - las apariciones vaporosas o tangibles, el estado del
Espíritu en el instante de la muerte, la idea, tan frecuente en él, de que
sigue aún vivo, el cuadro conmovedor de los suicidas y los decapitados, el de
las personas que se habían entregado por entero a los goces materiales, y
tantos otros hechos-, ha venido a arrojar luz sobre esta cuestión y ha dado
lugar a explicaciones cuyo resumen ofrecemos aquí. (El
dolor que realmente sienten los Espíritus no es una sensación física, puesto
que los Espíritus no son materia. Hermosamente Kardec hace una analogía entre el cerebro humano y el Periespíritu, tanto
cuanto ambos guardan la información de las experiencias materiales que, ya sea
el cuerpo -nave- o el Espíritu viven o experimentan. Comienza Kardec
a comprender lo qué es realmente el Periespíritu:
‘La Computadora que ayuda al Espíritu a controlar la nave -cuerpo-’).
El periespíritu es el lazo que une al
Espíritu con la materia del cuerpo. Se toma del ambiente
circundante, en el fluido universal. Se relaciona a la vez con la electricidad,
el fluido magnético y, hasta cierto punto, con la materia inerte. Se podría
afirmar que constituye la
quintaesencia de la materia. Es el
principio de la vida orgánica, pero no el de la vida intelectual.
Esta última reside en el Espíritu. Es, además, el agente de las sensaciones
exteriores. (Es hermoso apreciar la ‘Progresiva Iluminación' de Kardec. El
Periespíritu es la Quintaesencia de la materia, porque es un fluido -espiritual
y material-, que envuelve al Espíritu y le permite permanecer dentro de un
cuerpo material. Por eso el Periespíritu es el principio de la vida orgánica,
porque le permite al Espíritu revestirse de materialidad. Pero el Espíritu es
el principio de la Vida Intelectual, porque en el Espíritu es donde reside la
‘Inteligencia Espiritual’. Esto implica que, como el
Periespíritu se alimenta -aprende- de las experiencias del cuerpo, el Espíritu
es quien debe ‘escoger’ –‘inteligencia’- aquellas experiencias materiales que
le permitan alimentar -transmitir lo aprendido- al Alma, a fin de que crezca en
el Conocimiento de nuestro Amoroso Padre Dios).
Nos enseña la
experiencia que en el instante de la muerte el periespíritu se desprende del
cuerpo con mayor o menor lentitud. En los primeros
momentos el Espíritu no se explica su situación. No cree estar muerto, sino que
se siente vivir. Ve a un lado su cuerpo, sabe que es el suyo, y no comprende
que se haya separado de él. Tal estado se prolonga en tanto siga existiendo una
unión entre el cuerpo y el periespíritu. Nos decía
un suicida: “No, no estoy muerto”. Añadiendo: “Y, sin embargo, siento que los
gusanos me devoran”. Seguramente que los gusanos no devoraban el
periespíritu, y aún menos el Espíritu, sino el cuerpo. Pero, como la separación
del cuerpo y el periespíritu no era completa, de ello resultaba una especie de
repercusión moral que le transmitía la sensación de lo que en el cuerpo estaba
sucediendo. (Altamente interesante este discernimiento de Kardec. Aunque si lo
pensamos un poco, también es algo macabro y
aterrador, sobre todo si pensamos en aquellos cadáveres que son cremados.
Debe ser aterrador ser cremado antes de que el Periespíritu abandone el cuerpo.
De manera que, después de leer acerca de esta posibilidad, más nos vale
mantener la ‘Consciencia’ de la importancia de hacer nuestra transición al Más
Allá inmediatamente después de que nuestro cuerpo pierda los signos vitales, porque
no sabemos si seremos cremados o no).
Si el Espíritu
no tuviera periespíritu sería inaccesible a toda sensación penosa.
Esto es lo que sucede con los Espíritus purificados del todo. Sabemos que
cuanto más se depuran, tanto más etérea se torna la esencia del periespíritu.
De donde se sigue que la influencia material
disminuye a medida que el Espíritu progresa, vale decir, conforme el
periespíritu mismo se va haciendo menos grosero. (Según entiendo, el Periespíritu se engruesa con todas las experiencias que le
transmite el cuerpo. Luego, cuando las experiencias que le transmite
el cuerpo al Periespíritu son en esencia espirituales, éstas son transmitidas
por el Espíritu al Alma, para que formen parte del ‘Conocimiento Aprehendido’,
que nos ayuda a acercarnos a nuestro Amoroso Padre Dios. Pero si las
experiencias son demasiado materialistas, éstas se acumulan en el Periespíritu,
porque no le sirve de nada al Alma. De allí que, se concluye que, las experiencias en extremo materialistas engrosan el
Periespíritu, porque no son transferidas al Alma. Mientras que, las
experiencias materialistas que pueden ayudar a aumentar el ‘Conocimiento del
Espíritu’, sin enviciarlo materialmente, al ser transferidas al Alma, hacen del
Periespíritu una esencia liviana, más etérea -espiritual-, la cual se desprende
con facilidad al perder el cuerpo sus signos vitales.)
(167): El hombre que haya
vivido siempre con sobriedad, sin abusar de nada; el que siempre haya sido
sencillo en sus gustos y modesto en sus deseos, se ahorrará muchas tribulaciones.
Y lo propio acontece con el Espíritu. Los
sufrimientos que soporta son siempre la consecuencia del modo como vivió en la
Tierra. Sin duda alguna, ya no le aquejarán la gota ni el
reumatismo, pero sí otros dolores que no son menores. Hemos visto que sus congojas son el resultado de los
lazos que existen todavía entre él y la materia; que cuanto más desembarazado está de la influencia de esta
última –dicho de otro modo, cuanto más desmaterializado se halla-, menos
sensaciones aflictivas experimenta. (La verdad es que, ¡más claro no
puede cantar un gallo!!! Mientras menos apegos sintamos por lo material
sufriremos muchísimo menos, porque nuestros deseos de lo material serán cada
vez menores. ¡YA CONOCEN LA CLAVE DE LA FELICIDAD!!!)
Ahora bien, de él -DEL Espíritu
de cada quien- depende liberarse de dicha influencia ya en esta vida: tiene su
libre arbitrio y, por tanto, le cabe elegir entre hacer y no hacer. Dome sus pasiones animales, no tenga odio ni envidia, celos ni orgullo, no se deje
dominar por el egoísmo, purifique su alma mediante los buenos sentimientos,
practique el bien, no conceda a las cosas de este mundo más importancia de la
que merecen, y entonces, incluso bajo su envoltura corpórea ya se
hallará depurado, ya estará desprendido de la materia, y cuando abandone esa
envoltura no sufrirá más su influencia; los sufrimientos físicos que haya
experimentado no dejarán en él ningún penoso recuerdo ni le quedará de ellos ninguna
impresión desagradable, porque sólo afectaron al cuerpo y no el Espíritu; se
sentirá dichoso de haberse liberado, y su tranquilidad de conciencia lo eximirá
de todo padecimiento moral. (¡Bravooooo Kardec!!! Que hermosos consejos los que
nos dejas. Lo primero que hay que hacer es aprender
a dominar nuestros deseos materiales, en la vida presente, a fin de no acumular
más puntos negativos en esta vida. Lo segundo es, purificarnos del barro que
traemos acumulado de otras vidas, mediante el ejercicio de buenos sentimientos y
la práctica del bien -COMPETIR EN BUENAS ACCIONES-, a fin de aumentar nuestro
score de puntos positivos).
(168): Ahora bien, siempre hemos comprobado que los padecimientos se hallan en relación con la conducta, cuyas consecuencias sufren, y que esa nueva existencia constituye la fuente de una inefable ventura para aquellos que han seguido el recto camino. De lo que se deduce que los que sufren es porque así lo quisieron y sólo deben achacarlo a ellos mismos, así en el otro mundo como en éste. (Culmina Kardec su Ensayo con una excelente conclusión: sufren es porque así lo quisieron y sólo deben achacarlo a ellos mismos, así en el otro mundo como en éste. Tanto en este Mundo -vida presente-, como en los siguientes Mundos -próximas Reencarnaciones-, sufren los que quieren sufrir, en atención a sus apegos materiales. Mientras menos apegos sintamos por los bienes materiales -papá, mamá, hermanos, amigos, casa, carros, … vida- menos sufriremos por ellos al perderlos. Y claro que, no significa que no apreciemos los bienes materiales, incluso que los amemos -papá, mamá, hermanos, amigos, … hijos-, sino que mantengamos siempre presente que, es posible que algún día no los tengamos, simplemente porque ya cumplieron su objetivo, para con nosotros, en esta vida. Si una persona que tiene cáncer llega a la iluminación de comprender que HAY QUE VIVIR LO QUE HAY QUE VIVIR, y no se aferra a la vida, sino que acepta su cáncer como una prueba a superar, a fin de jamás renegar de Dios ni de achacarle nuestros males, pues con seguridad esa persona vivirá sin parecer que tiene cáncer y morirá con una bella sonrisa en su rostro, sabiendo que se cumplió La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios).
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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