jueves, 11 de mayo de 2023

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte XVII

MUNDO ESPÍRITA O DE LOS ESPÍRITUS – Libro II / Capítulo VI: VIDA ESPÍRITA / Parte I 

APREHENDIENDO DE LAS PROPIAS EXPERIENCIAS

Frecuentemente en mis escritos les afirmo que me considero un Verdadero Creyente, para diferenciarme de los que dicen ser creyentes, aunque realmente son simples crédulos, porque ‘creen con facilidad todos los que le dicen’. En lo particular les comento que, hoy en día soy un Verdadero Creyente porque desde muy niño era bastante ‘incrédulo’, pero, a diferencia de muchos incrédulos, siempre procuré cuestionarme acerca de todo aquello que me decían y, aunque en un primer momento me negaba a creer lo que me decían, procuraba encontrar respuestas a mis dudas. Algunas respuestas me fueron reveladas casi inmediatamente, gracias a mi capacidad de razonamiento lógico, otras las fui dilucidando con el paso del tiempo, a veces por experiencia propia y otras leyendo, analizando y profundizando lo dilucidado por otros creyentes.

Como prueba de mi mucha incredulidad, les contaré algunas anécdotas de mi vida que, con el paso del tiempo, se constituyeron para mí experiencias que me ayudaron a crecer espiritualmente, gracias a mí incredulidad, que me motivaba a dilucidar mis dudas, leyendo, analizando y profundizando todos aquellos escritos que abordaran el tema del Más Allá. Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios, también recibí mucha información al respecto, procedente de algunos familiares de mi mamá, quienes conocían y practicaban aquellos ritos considerados esotéricos.

Siendo muy niño, mi amada mamá me contó que, cuando yo tenía días de nacido, extrañamente me enrollé mi cobijita en la cabeza y me estaba asfixiando. Mi mami me dice que ella soñó con José Gregorio Hernández que por dos veces se le apareció y le dijo: “Hija tu hijo se está asfixiando” y mi mamá le respondía: “Nooo, él está dormidito en su moisés”. Ocurrió entonces que, por tercera vez se le apareció José Gregorio Hernández en sueños y, algo molesto, le gritó: “¡Hija!!! ¡Tu hijo se está asfixiando!!! ¡Despierta!!!”.  Asustada por el grito, mi amada mamá se despertó y se levantó a ver como me encontraba, confirmando que en efecto me estaba asfixiando, como le había informado Jesé Gregorio Hernández. Cuando mi mami me narró aquella interesante anécdota, comencé a preguntar acerca de quién era aquel José Gregorio Hernández, que me salvó la vida, con su extraña intervención, en los sueños de mi amada mamá.

En mis primeras indagaciones, descubrí que José Gregorio Hernández fue un médico de principios del siglo XX, quien era muy generoso con toda la gente, sobre todo con los pobres. Desde muy niño tenía fuertes inclinaciones a la vida monástica, pero su cuerpo era de consistencia delicada, incapaz de soportar las duras experiencias de vida, a las que suelen ser sometidos los monjes anacoretas. Viendo en su delicada condición física La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, decidió estudiar medicina, a fin de poder satisfacer, de alguna forma o manera, sus deseos de acercarse a nuestro Amoroso Padre Dios a través del servicio a los demás. La historia nos cuenta que, su amor a los demás, manifestado en el esmerado servicio médico era tan evidente que, prácticamente todos los habitantes de la ciudad capital fueron a su funeral, a despedirle, muy acongojados por su temprana partida, dado que fue atropellado por uno de los apenas cinco vehículos automotores que existían en esa época, en esa ciudad.

Ahora bien, evidentemente José Gregorio Hernández tenía muchos años de muerto antes de yo nacer, por lo que a mi temprana edad yo me pregunté: ¿Cómo puede un muerto aparecer en los sueños de un vivo, exhortándolo a salvar a otro que se estaba muriendo? Con el paso de los años, fui descubriendo muchas historias interesantes acerca de los muchos servicios que, después de muchos años de muerto, aún continuaba prestando este insigne humano. De hecho, al principio de mi primera experiencia laboral, a una de mis compañeras de trabajo se le enfermó gravemente su esposo, a quien yo conocía y que apreciaba grandemente, porque era de muy buen carácter y generoso con todos. La enfermedad que sufrió era tan grave que, siendo un hombre que superaba los 100 kg, llegó a pesar 45 kg, debido a un parásito que se le alojó en el hígado. Como mi compañera de trabajo era consciente de mis fuertes inclinaciones religiosas, me pidió que rezara por su esposo, porque ella aún lo necesitaba para ayudar a sacar adelante a su pequeña hija, además me manifestó que, pese a las infidelidades de su esposo, ella aún lo amaba muchísimo. Como yo era muy asiduo a visitar templos, me acerqué un momento al templo en donde se encontraba la tumba del Dr. José Gregorio Hernández, le encendí una velita y le pedí encarecidamente que ayudara a sanar al esposo de mi compañera de trabajo y que le permitiera ver crecer a su pequeña hija. Ocurrió entonces que, de estar casi desahuciado, el esposo de mi amiga logró superar su delicada condición, por lo que los mismos médicos le confesaron era un verdadero milagro.

Pasado algunos días después de su milagrosa sanación, mi amiga me pidió que la acompañara a su casa para hablar con su esposo, quien estaba manifestando un extraño comportamiento. Sin dudarlo la acompañé para hermosamente enterarme que, el esposo de mi amiga les había contado que, durante la noche antes de su milagrosa sanación, soñó con el Dr. José Gregorio Hernández, quien le estaba practicando una operación a la altura del hígado. Cuando conversé con el esposo de mi amiga, él me contó lo que le había sucedido y me dijo que José Gregorio Hernández se le aparecía en sueños y le decía que tenía que tenía que bañarse en sus propias heces fecales y tomar su propio orine si quería recuperarse totalmente. Entonces recordé que, mi amada abuelita me contó que, había un Espíritu burlón que imitaba la apariencia de José Gregorio Hernández y les aparecía a aquellos a quienes José Gregorio Hernández había sanado, para que hicieran cosas desagradables, que distaban mucho de la santidad de aquel insigne doctor. De hecho, por mucho que la Iglesia Católica a tratado de otorgarle a José Gregorio Hernández los laureles de la Santidad Canónica, no han logrado hacerlo debido a esas cosas que cuenta la gente, sanada por José Gregorio Hernández, que aseguran que, el mismo quien los sanó, les pide que hagan aquellas cosas nada santificantes.

Cuando yo tenía cerca de ocho años, fuimos de vacaciones a la tierra donde nació mi amada mamá. La gente de por aquellos lados suele creer mucho en aquellos ritos -buenos y malos- que son ocultos para el común de la gente. Cierto día, durante aquellas vacaciones, una tía me dijo que no me acercara a la casa del vecino, porque estaban haciendo una sesión espiritista. Evidentemente, al ser un niño, la curiosidad me ganó y sigilosamente me acerqué a la parte trasera de esa casa y me asomé por un huequito, para ver como era una sesión espiritista. Mientras veía por aquel huequito, logré oír que, el Espíritu que se estaba manifestando era el de José Antonio Páez, quien fue un General durante la Guerra de Independencia. La persona que hizo de envase de aquel Espíritu, comenzó a pegar gritos y arrancarse la ropa. Se tomo una botella de caña clara prácticamente de un sorbo. También se auto maltrataba, pasándose un cuchillo por los brazos y por el pecho. Viendo aquel horrible espectáculo, pese a mi poca edad, yo pensé: “Seguro es un payaso haciéndonos creer en fantasmas”. En ese momento, aquel hombre volteó y, mirando fijamente hacia donde yo estaba, señalándome con el dedo, gritó: “Ese pijotero que está detrás de la pared que se vaya o me lo llevaré”. A pesar de ser un niño, de baja estatura, logré saltar una cerca de carca de dos metros de altura, como si fuera un atleta profesional.

Tenía yo cerca de diez años cuando comencé a presentar uno fuertes dolores de cabeza, que a veces me impedían ir a clases. Como desde niño me encantaba ir a clases, mi amada mamá concluyó que los dolores de cabeza tenían que ser verdad, porque yo era un niño que me encantaba ir a mi colegio y muy buen estudiante. Entonces, decidió llevarme al médico, para saber el porqué de mis extraños dolores de cabeza. Después de muchos exámenes y de visitar a muchos médicos, los cuales no lograban atinar con lo que me pasaba, mi amada mamá decidió llevarme a un espiritista, para ver si daba con la solución a mis dolencias. Recuerdo que fuimos a un barrio de la ciudad, algo peligroso, en donde se encontraba una casa humilde, en cuya puerta se encontraba una fila de personas, esperando ser atendidas. Me llamó la atención que, mientras hacíamos la fila, desde el interior de la casa, un hombre gritó: “La mujer de pantalón verde salga de la cola porque vino con pantaletas rojas y bien saben que a los espíritus no les gusta que porten prendas negras o rojas”. Volteé hacia un lado y hacia otro y pude ver a una mujer, apartarse de la fila cabizbaja, y que tenía un pantalón verde. Cuando finalmente me encontraba frente al espiritista, aquel hombre comenzó a hacer ciertas preguntas: “Edad del niño, nombre, … qué dolencia tiene”. Mientras mi mami le respondía, aquel hombre escribía unos garabatos en una hoja en blanco y yo lo miraba extrañado, preguntándome si los Espíritus no le podían dar aquella información. Finalmente, el espiritista dijo: “Su hijo sufre de deficiencia vitamínica, porque no logra obtener de los alimentos las vitaminas suficientes para sostener su cerebro. Seguro es muy buen estudiante”. Entonces me recetó complejo vitamínico B -tomado e inyectado- para ayudar a mi cerebro. A los pocos días de comenzar este tratamiento se me quitaron los dolores de cabeza.

Durante toda mi vida tuve muchas experiencias religiosas y espiritistas que, de alguna forma o manera, alimentaron mi Espíritu, con el conocimiento aprehendido de esas experiencias. Si se las contara todas quizás no terminaría de escribir, sobre todo por los detalles. Como estoy en ‘Modo Espírita’ les he comentado apenas algunas de mis experiencias espíritas, vividas durante mi niñez y temprana madurez. Ya bastante maduro -casado y con hijas-, fui a un Centro Espiritista, en donde algunos médiums realizaban cirugías o tratamientos médicos con las manos -ESPIRITUALMENTE-, sin hacer uso de instrumentos quirúrgicos. La primera sesión -primera vez en el Centro Espiritista- los médiums evaluaban con sus manos todo el cuerpo, sin necesidad de que nos quitemos la ropa, para anotar las diferentes cirugías que requeriríamos. Para no entrar en detalles acerca de las muchas cirugías a las que me tenía que someter, les comentaré que, una semana antes de acudir a aquel Centro Espiritista, hice un movimiento brusco con mi mano derecha, que me la dejo casi inmovilizada, debido al dolor que sentía cada vez que la movía. Durante aquella primera sesión yo no comenté nada al respecto, porque aquellos médiums no preguntan realmente nada, a parte del nombre y de la edad, por lo que me extrañó que, al levantarme de la camilla, el médium me pidió que le diera la mano derecha. Yo pensé que era para despedirme, como el acostumbrado saludo entre dos extraños, aunque me pareció extraño que con su pulgar masajeó mi mano, justamente en donde me dolía. En seguida el dolor desapareció y aquel médium simplemente me dijo: “Ve con Dios” y me invitó a retirarme, con un gesto amable de sus manos.

VIDA ESPÍRITA

El enorme preámbulo de este artículo no es para alardear acerca de mi extraña vida, sino para dejarles en claro que, soy un Verdadero Creyente porque me he esforzado por aprender de mis experiencias de vida, evitando hacer a un lado aquellas experiencias que, en un primer momento, no lograba comprender. Siempre procuré despejar mis dudas que, al respecto del Reino Espiritual, se formulaban en mi cabeza. ¿Por qué José Gregorio Hernández decidió quedarse en esta Dimensión? ¿Por qué si es tan poderoso no elimina al Espíritu burlón que lo suplanta? ¿Por qué algunos Espíritus lastiman físicamente el cuerpo que les sirve de médium? ¿Por qué no les agradan las prendas rojas o negras? ¿Cómo supo aquel médium que me dolía la mano? ¿Cómo logró curarme con tan solo tocarme? … ¿Realmente están los Espíritus entre nosotros? La mayoría de estas preguntas he logrado dilucidarlas a través de los años, algunas otras no, pero aún sigo buscando las respuestas lógicas, que me convenzan de su veracidad. Mientras me siento enormemente agradecido con nuestro Amoroso Padre Dios porque, muchas de las respuestas que deduje, haciendo el uso razonado de mi cerebro, hoy en día reciben una hermosa confirmación en los Libros Esotéricos, como El Libro de los Espíritus, del cual estoy realizando mi humilde exégesis. Seguidamente les anotaré algunas de las preguntas que realizó Kardec, con cuya respuesta recibida de los Espíritus Superiores, siento que me confirman lo deducido por mí, a través de los años.

(155): 223. ¿Reencarna el alma de inmediato, después de su separación del cuerpo? – “A veces inmediatamente, pero casi siempre después de intervalos más o menos largos. En los mundos superiores la reencarnación es en casi todos los casos inmediata. Por ser menos grosera la materia corporal, el Espíritu encarnado goza en ella de casi todas sus facultades de Espíritu. Su estado normal es el de vuestros sonámbulos lúcidos”.

224. ¿Qué es el alma en el intervalo de las encarnaciones? – “Un Espíritu errante que aspira a un nuevo destino y lo espera”. (En la primera parte de este capítulo, Kardec pregunta acerca de aquellos Espíritus que parecieran no desear Reencarnar, porque, después de abandonar su nave -cuerpo-, tardan tiempo en saltar al Más Allá, quizás por temor a un juicio personal o porque no quieren abandonar las vivencias materiales. Los Espíritus Superiores manifiestan que, esta tardanza por saltar al Más Allá, es el resultado de cierto letargo que se produce en los Espíritus, una vez que se separan de sus naves -cuerpos-. Nos informan también que, los Espíritus que han ‘Avanzado’ a ‘Niveles de Consciencia Superiores’ no tardan mucho en Reencarnar, quizás porque son más ‘Conscientes’ de que deben Reencarnar para continuar ‘Perfeccionándose’).

224 b. Esa duración ¿se halla subordinada a la voluntad del Espíritu o puede serle impuesta como expiación? – “Es una consecuencia del libre arbitrio. Los Espíritus saben perfectamente lo que hacen, pero hay también algunos para quienes es una punición infligida por Dios. Otros piden que se prolongue con el objeto de continuar estudios que sólo pueden hacerse con provecho en el estado de Espíritu”. (Según nos informan los Espíritus Superiores, el tiempo de tardanza en saltar al Más Allá es decisión de cada Espíritu, en atención al Libre Albedrío. Extrañamente nos confirman que, hay Espíritus que tardan en saltar al Más Allá porque consideran que al hacerlo serán juzgados duramente por Dios -punición infligida-. Muy probablemente, los Espíritus que evitan saltar al Más Allá, para evitar un duro castigo, son aquellos que han mal aprendido lo que Realmente Es Dios, según le mal enseñaron sus guías eclesiales. Interesante que, los Espíritus Superiores nos informan que, algunos Espíritus deciden no saltar al Más Allá simplemente porque deciden continuar estudios en el Planeta Tierra, que sólo pueden hacerse con provecho en el estado de Espíritu. Quizás sea posible que, ciertos ‘Espíritus Avanzados’ no requieran recubrirse de materialidad para aprender experimentando la vida material, tanto cuanto es posible aprender viendo a otros seres materializados, sin necesidad de experimentar sus vivencias. Como decía mi amado papá: “Aprenda viendo caer a los demás”).

(156): 226. ¿Es posible afirmar que todos los Espíritus que no están encarnados son errantes? – “Los que deben reencarnar, sí. Pero los Espíritus puros que han llegado a la perfección no son errantes: su estado es definitivo”. (Evidentemente, el Dr. José Gregorio Hernández debe estar ubicado en el grupo de los Espíritus que han alcanzado un Estado de ‘Perfección Casi Plena’, cuyo estado es definitivo, por lo que pueden decidir permanecer en el Planeta Tierra, no como Espíritus Errantes, sino como ‘Espíritus Puros’, dispuestos a servir a los ‘Espíritus Encarnados’, que requieran de los ‘Conocimientos Aprehendidos’ por ese Espíritu Superior. Como José Gregorio Hernández se dedicó a la medicina, mientras vivió su última Reencarnación en este Planeta, pues evidentemente le solicitan su asistencia como médico, aunque ciertamente está en capacidad de ayudar en otras materias, tanto cuanto es un Espíritu Superior).  

ESENCIA TERRENAL   

(156): 228. ¿Conservan los Espíritus algunas de las pasiones humanas? – “Los Espíritus elevados, al perder su envoltura, sólo conservan las pasiones del bien. Pero los Espíritus inferiores continúan con las malas. De lo contrario pertenecerían a la primera jerarquía”. (Con mucha frecuencia los Espíritus Superiores hacen referencia a una especie de ‘envoltura’ que recubre los ‘Espíritus’, la cual nos indican que, puede ser más o menos grosera, según el estado de ‘Perfección’, alcanzado por cada Espíritu. Para mí es claro que, al hacer referencia al ‘grosor’ de la ‘envoltura’, evidentemente no se refieren al cuerpo -nave- que porta al Espíritu, tanto cuanto la ‘Perfección’ de un Espíritu no puede depender de la obesidad del cuerpo que ocupa.

Como ya se los he aclarado en varias oportunidades, la ‘envoltura’ que recubre el Espíritu, que le permite ocupar un cuerpo material, es lo que algunos Espíritus denominan ‘Esencia Terrenal’ y otros denominan ‘Periespíritu’ o ‘Ego’ o ‘Persona’. También les he aclarado que, como esta ‘envoltura’ es la que le permite al Espíritu permanecer dentro de un cuerpo, es esta ‘envoltura’ la que realmente facilita controlar el cuerpo -nave-, por lo que el Espíritu debe esforzarse por controlar su propia ‘envoltura’ si pretende controlar su nave -cuerpo-. Esta ‘envoltura’ es también la que se opaca cada vez que permite que el cuerpo se deleite excesivamente en los bienes materiales, cayendo en los vicios materiales, que Tomás de Aquino denomina ‘pecados capitales’.

Según nos indica la propia etimología de la palabra, los ‘pecados’ son las ‘manchas’, que justamente ‘opacan’ la ‘envoltura’. También he intentado aclararles que, estas ‘manchas’ son como una especie de ‘barro’, que va cubriendo la ‘Envoltura del Espíritu’, hasta el punto de ‘opacar o tapar’ totalmente el brillo propio del Espíritu. De allí que, los Espíritus Superiores nos hablan del ‘grosor de la envoltura’, tanto cuanto el ‘grosor de ese barro’ dependerá del grado de apego por lo bienes materiales, que la ‘envoltura’ del Espíritu le haya permitido experimentar a cada cuerpo -nave-, en los cuales haya Reencarnado.

Evidentemente, los Espíritus que han logrado grandes progresos en su ‘Perfeccionamiento’, tendrán mayor control de sus ‘envolturas’ y por ende de su nave -cuerpo-, tanto cuanto han logrado desprenderse de sus apegos materiales -barro que cubre la envoltura’. Mientras más desprendidos se encuentren de ese barro, podemos significar que se encuentran desprendidos de su propia ‘envoltura’, la cual los ata a la vida material, porque es la que les permite ocupar un cuerpo material. De allí que, en los Espíritus menos ‘Avanzados’, la ‘envoltura’ suele ser muy gruesa y pesada, porque no han logrado desprenderse de sus apegos materiales).

229. ¿Por qué los Espíritus, al dejar la Tierra, no se liberan de todas sus malas pasiones, puesto que ven sus inconvenientes? – “Tienes en ese mundo a personas que son envidiosas en extremo: ¿crees acaso que tan pronto como lo abandonan pierden ese defecto? Les queda, luego que parten de la Tierra, sobre todo a aquellos que han alimentado pasiones muy intensas, una especie de atmósfera que los circunda y les comunica todas esas cosas nocivas, porque el Espíritu no está desprendido por completo. Sólo por momentos entrevé la verdad, como para señalarle el buen camino”. (En los tiempos de Kardec era muy difícil hacerle comprender lo que es realmente aquella ‘envoltura’, que hoy en día muchos suelen definir como ‘Esencia Terrenal’. De allí que, los Espíritus Superiores hacen una analogía al establecer que, eso que ‘Envuelve al Espíritu’ es una ‘especie de atmósfera’ que los ‘circunda’ -como ocurre con la atmósfera que circunda la tierra- y les comunica todas esas cosas nocivas -los apegos excesivos por la materia-, porque el Espíritu no está desprendido por completo -del barro de los vicios o abusos de lo material acumulado durante varias vidas-. Al no estar desprendido totalmente de los vicios acumulados en varias vidas, estos vicios mantienen la ‘envoltura’ inclinada al propio vicio, lo que hace que, con cada vida vivida, el cuerpo -nave- sea propenso al vicio.

Los Espíritus Superiores le dejan claro a Kardec que, los vicios que adquirimos en una vida no desaparecen cuando el Espíritu abandona el cuerpo -al morir-, tanto cuanto se pegan a la ‘envoltura’ como un espeso y duro barro. Esto es porque, al morir el cuerpo -nave-, tanto el Espíritu como su Esencia Terrenal parten al Más Allá y, como en la Esencia Terrenal es donde se pegan los vicios, pues los vicios no abandonan al Espíritu, simplemente por morir el cuerpo que lo portaba). 

231. Los Espíritus errantes ¿son dichosos o desventurados? – “Más o menos, conforme a su mérito. Sufren pasiones cuyo resabio han conservado, o son felices, según estén más o menos desmaterializados. En estado errante, el Espíritu entrevé lo que le falta para ser dichoso, y entonces busca los medios de alcanzarlo. Pero no siempre se le permite reencarnar a voluntad, y esto constituye un castigo. (Como los vicios que se adquieren en una vida no desaparecen con la muerte, pues suelen aumentar con cada Reencarnación.

De allí que, con cada Reencarnación, las Esencias Terrenales y por ende los Espíritus, suelen aferrarse con mayor fervor a sus pasiones o apegos materiales. Esto explica el porqué, algunos Espíritus Errantes, procuran ocupar los cuerpos de ciertos médiums, a los fines de continuar disfrutando de ciertas pasiones, pero como saben que no pueden ocupar ese cuerpo por mucho tiempo, pues, en el corto tiempo que pueden hacerlo, tratan de experimentar la materia con cierta violencia, para aprovechar el poco tiempo que se les otorga para disfrutar de sus pasiones adquiridas en sus Reencarnaciones. Luego, queda claro que, esos Espíritus Errantes, al disfrutar con violencia del poco tiempo que se les otorga para ocupar un cuerpo, realmente no son felices, motivo por el cual maltratan sus vasos, tanto cuanto se ven obligados a aceptar el sufrimiento del dolor, para desahogar un poco sus apegos materiales.

La verdadera felicidad la alcanzan los Espíritus que logran deslastrarse de los apegos materiales, tanto cuanto, como nos afirmaba Siddhartha, el sufrimiento nace de los deseos de la carne).  

MUNDOS DIVERSOS – VIDAS DIVERSAS

En la siguiente parte de este capítulo dedicado a la “Vida Espírita”, Kardec hace una serie de preguntas acerca de los “Mundos Transitorios”, los cuales son aquellos a donde los Espíritus van, para experimentar ciertas vivencias, que les permitan deslastrarse de ciertos vicios, a fin de poder ‘Progresar’ en sus ‘Perfeccionamientos’. De acuerdo a las respuestas recibidas, de los Espíritus Superiores, Kardec concluyó:

Nada en la Naturaleza es inútil. Cada cosa tiene su finalidad y su destino. Nada está vacío, sino todo habitado, y la vida se encuentra por doquier. Así, durante la larga secuela de siglos que transcurrieron antes de la aparición del hombre en la Tierra, en el curso de esos lentos períodos de transición atestiguados por las capas geológicas, incluso antes de la formación de los primeros seres orgánicos, sobre aquella masa informe, en ese árido caso en que los elementos se hallaban confundidos, la vida no estaba ausente. Seres que no tenían ni nuestras necesidades ni nuestras sensaciones físicas encontraban aquí un refugio. Dios ha querido que, aun en ese imperfecto estado, sirviera ella para algo. ¿Quién se atrevería a decir, pues, que entre esos miles de millones de mundos que en la inmensidad circulan, uno solo, uno de los más pequeños, perdido entre la multitud de ellos, tuviese el privilegio exclusivo de estar poblado? ¿Cuál sería en tal caso la utilidad de los demás? ¿Sólo los habría hecho Dios para que recrearan nuestra vista? Suposición absurda, incompatible con la sabiduría que de todas sus obras dimana, e inadmisible si se piensa en todos aquellos mundos que no podemos percibir. Nadie negará que hay en esta idea de los mundos todavía inadecuados para la vida material, y sin embargo poblados por seres vivientes que se adaptan a ese medio, algo de grande y de sublime, donde se encuentra quizá la solución de más de un problema”.

(Concluye Kardec lo que intenté explicarles algunos capítulos atrás: LA VIDA COMO LA CONOCEMOS NO ES LA UNICA FORMA DE VIDA QUE EXISTE. Suponer que el Planeta Tierra es el único Planeta con vida es no tener ‘Consciencia’ de la inmensidad del Universo. Además, suponer que la única forma de vida posible es la orgánica es no tener ‘Consciencia’ de la Omnipotencia de nuestro Amoroso Padre Dios, Quien hace lo que Quiere, cuando Quiere y como Quiere. De manera que, aquellos que estamos ‘Conscientes’ de la inmensidad del Universo y de la Omnipotencia de nuestro Amoroso Padre Dios, Creador de todo lo que existe, estamos ‘Conscientes’ de que nuestro Amoroso Padre Dios no creó nada inútil o sin ningún motivo existencial, a fin de que cumpla con algún Objetivo, Planificado por Su Infinita Sabiduría. Este ‘Nivel de Consciencia’ nos hace suponer que, aunque no comprendamos cómo, en este Universo Infinito ciertamente deben existir millones de Planetas habitados, si acaso no todos, por diversas formas de vida, incluyendo formas que parecen no estar vivas, según nuestra insignificante manera de comprender la vida. De allí que, aunque no comprendamos cómo es posible, los Verdaderos Creyentes podemos vivir con la idea de que, en el fuego, en el agua, en el aire, en los árboles, … en las piedras, habita un Hermano nuestro, experimentando en ciertas formas de vida, que a nuestros torpes ojos parecieran inanimadas, quizás porque el Espíritu que contiene no necesita del movimiento, propio de la vida, para ‘Perfeccionarse’. Esto pudiera ser que lo que ocurre con los Espíritus que recién inician su primera experiencia revestido de materialidad, a los fines de irse acostumbrando al peso de la materia). 



Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo




 

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