sábado, 11 de marzo de 2023

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte II

PREFACIO DEL TRADUCTOR DEL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS - J. Herculano Pires

LA CODIFICACIÓN ESPÍRITA

Así como en la Biblia existe el núcleo central del Pentateuco, y en el Evangelio el de la enseñanza moral de Cristo, en El Libro de los Espíritus podemos localizar una parte que se refiere a él mismo, a su propio contenido: es el conjunto de los Libros Primero y Segundo, hasta el Capítulo Cinco. Este núcleo representa, dentro del esquema general de la codificación que hallamos en la obra, la parte que le corresponde a él mismo.

En cuanto a los demás, comprobamos lo siguiente:

  • PRIMERO: El Libro de los Médiums, secuencia natural de El Libro de los Espíritus, que trata con especialidad el aspecto experimental de la Doctrina, tiene su fuente en el Libro Segundo, a partir del Capítulo Seis y hasta el final. Toda la materia que esta parte contiene es reorganizada y ampliada en El Libro de los Médiums, en especial lo referente al Capítulo Nueve: “Intervención de los Espíritus en el mundo corpóreo”.
  • SEGUNDO: El Evangelio según el Espiritismo es una derivación natural del Libro Tercero, donde se estudian las leyes morales, tratando sobre todo la aplicación de los principios de la moral evangélica, así como los problemas religiosos de la adoración, la plegaria y la práctica de la caridad. Incluso encontrará el lector en esa parte las primeras formas de “Instrucciones de los Espíritus”, comunes en El Evangelio…, con la transcripción completa de comunicaciones firmadas que versan sobre asuntos evangélicos.
  • TERCERO: El Cielo y el Infierno deriva a su vez del Libro Cuarto, “Esperanzas y Consuelos”, en que se examinan los problemas relativos a las penas y goces terrenales y futuros, inclusive con la discusión del dogma de la eternidad de las penas y el análisis de otros dogmas, entre ellos el de la resurrección de la carne y los del Paraíso, Infierno y Purgatorio.
  • CUARTO: El Génesis, los Milagros y las Profecías se relacionan con los Capítulos Dos, Tres y Cuatro del Libro Primero, y Capítulos Nueve, Diez y Once del Libro Segundo, así como con ciertos fragmentos de capítulos del Libro Tercero, que tratan problemas genésicos y de la evolución física de la Tierra. Por su amplio sentido, que abarca al propio tiempo las cuestiones de la formación y desarrollo del globo terrestre, y las atinentes a pasajes evangélicos y de la Sagrada Escritura, El Génesis…, se ramifica de una manera más difusa que los restantes libros de la codificación, dentro de la estructura de la otra Máter.
  • QUINTO: Los pequeños libros de introducción al estudio de la Doctrina, como El principiante espírita y ¿Qué es el Espiritismo?, que no se incluyen propiamente en la codificación, están asimismo relacionados de una manera directa con El Libro de los Espíritus, derivando de su “Introducción” y “Prolegómenos”.

De manera que, al considerar toda la obra literaria de Allan Kardec, es posible mostrar el desarrollo de ciertos temas que, sólo planteados en El Libro de los Espíritus, encuentran solución en obras ulteriores. Es lo que se comprueba, por ejemplo, con los lazos entre Cristianismo y Espiritismo, que se definen por completo en El Evangelio o con el controvertido problema del origen del hombre, que tiene su explicación definitiva en El Génesis e incluso con las cuestiones de la mediumnidad, solucionadas en El Libro de los Médiums, y las teológicas y bíblicas, en El Cielo y el Infierno.

LA FILOSOFÍA ESPÍRITA

Esta rápida apreciación de la estructura de El Libro de los Espíritus, en sus vínculos con las demás obras de la codificación, nos parece suficiente para mostrar que constituye el andamiaje o estructura filosófica del Espiritismo.

Kardec nos dice en su prólogo: “Este libro es la recopilación de las enseñanzas de los Espíritus. Ha sido escrito por orden y bajo el dictado de Espíritus Superiores para asentar los cimientos de una filosofía racional, libre de los prejuicios del sectarismo”. En consecuencia, el propósito del libro no consistió en crear una nueva escuela filosófica, lo cual implicaría toda una rígida sistematización. Kardec eludió precisamente eso, tanto más cuanto que el “espíritu de sistema” (o sectarismo) constituiría la misma negación de los objetivos de la Doctrina.

El libro comienza con la metafísica, pasando luego a la cosmología, la psicología, los problemas propiamente espíritas del origen y naturaleza del Espíritu y sus lazos con el cuerpo, así como los problemas de la vida post-mortem, para llegar, con las leyes morales, a la sociología y a la ética, y concluir con el Libro Cuarto con las consideraciones de índole teológica acerca de las penas y goces futuros y la intervención de Dios en la vida humana. Todo un vasto sistema, sin las exigencias opresoras o los prejuicios del “espíritu de sistema”, es una estructura libre y dinámica, en que las cuestiones son planteadas para su debate.

LA DIALÉCTICA ESPÍRITA

El Libro de los Espíritus encuadra dentro de una de las formas clásicas y más fecundamente libres de la tradición filosófica: el diálogo, pero un DIÁLOGO CON LOS ESPÍRITUS, lo cual nunca se había expuesto en alguna obra literaria. Si bien es cierto que, algunos filósofos como Sócrates percibía las voces de su daimon y discutía con el Oráculo de Delfos, Kardec fue aún más lejos, dialogando con el Mundo Invisible entero, analizando sus voces en rigor, escuchando a inferiores y a superiores, para descubrir las leyes que rigen ese mundo, las formas de vida existentes en él, el mecanismo de sus relaciones con el nuestro.

EL PROBLEMA CIENTÍFICO

Kardec reconoce el problema científico del Espiritismo, tanto cuanto, al tratarse del estudio de lo inmaterial, pues los métodos científicos tradicionales no se pueden aplicar a la ‘Ciencia Espirita’. Kardec decía que: “La ciencia propiamente dicha, como tal, es incompetente para pronunciarse sobre el Espiritismo. No ha de ocuparse de él, y su juicio, sea o no favorable, no pesaría en modo alguno”. No obstante, Kardec insiste en el carácter científico de la Doctrina Espiritistas, la cual tiene un carácter propio, pues se trata de una ciencia que debe poseer sus propios métodos, puesto que su objetivo no es la materia, sino el Espíritu.

Las religiones, con sus intrincados sistemas teológicos, o las órdenes ocultistas, las corporaciones místicas y teosóficas, desplazaban los problemas del Espíritu hacia el terreno del enigma. Sin embargo, Kardec aprovechó la posición de algunos destacados teólogos, como San Agustín, quienes afirmaban que el conocimiento humano se dividía en la “iluminación divina” y en la “experiencia”. Consecuentemente, el Espiritismo acudió a modificar ese orden de cosas, mostrando la posibilidad de encarar las cuestiones espirituales mediante la experiencia agustiniana, o sea, por medio de la misma razón que aplicamos a los problemas materiales.

Siguiendo esta lógica, el Espíritu y sus problemas han salido del dominio de la abstracción para tornarse accesibles a la investigación racional, incluso a la indagación experimental. Lo sobrenatural se ha vuelto natural. Todo se ha reducido a una cuestión de conocimiento de las leyes que rigen el Universo.

EL PROBLEMA RELIGIOSO

El Dios Espírita no es antropomorfo, no se trata de un ser formado a imagen y semejanza del hombre, como el de las religiones. A este respecto, la definición espiritista resulta terminante: “Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”.

En la Ciencia Espirita, los atributos de Dios no se confunden con los precarios atributos humanos: Él es eterno, inmutable, inmaterial, único, todopoderoso, soberanamente justo y bueno. No se confunde Dios con el Universo, puesto que es el Creador y mantenedor de éste. Sin embargo, cuando trata de la justicia de Dios vemos a Kardec empleando terminología antropomórfica, en que habla de penas y recompensas, y que ha dado hincapié para que se afirme que el Dios espírita es similar al de las religiones. Esta aparente contradicción la aclara el mismo Kardec cuando reconoce que la única forma que tiene el hombre de comprender a Dios es reducirlo a nuestra humanidad, puesto que al hombre le faltaban sentidos para apreciar a Dios en toda Su Realidad. De allí que, para tratar lo relativo a Dios, Kardec se vale del lenguaje que podemos emplear, de una manera que resulte comprensible. No es que esté humanizando a Dios, sino que lo pone tan sólo al alcance del entendimiento humano.

Una vez planteado el problema fundamental de Dios y de la Creación, El Libro de los Espíritus ingresa en el controvertido terreno del destino del hombre. El Libro de los Espíritus trata acerca de la encarnación de los Espíritus y la finalidad de la vida terrena. Combate el materialismo, mostrando su inconsistencia. No son sus estudios los que conducen al hombre al materialismo, no es el desarrollo del conocimiento el que lo torna materialista, sino tan sólo su vanidad. Kardec corrobora la tesis de los Espíritus: el materialismo constituye una aberración de la inteligencia. Consciente de esta realidad, Kardec nos dice que: “Jesús Es para el hombre el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que ha enseñado es la más pura expresión de su ley, porque estaba animado del Espíritu Divino y fue el Ser más puro que haya aparecido en la Tierra”. 

La religión espiritista se traduce en espíritu y verdad. Lo que a Dios interesa no es la precaria exterioridad de los ritos y del culto convencional, casi siempre vacío, sino el pensamiento y el sentimiento del hombre. La adoración de la Divinidad constituye una ley natural, como lo es la ley de gravedad. El hombre gravita hacia Dios, del modo mismo que la piedra gracia hacia la Tierra y ésta hace lo propio alrededor del Sol. Pero las manifestaciones externas de la adoración no resultan necesarias. Bajo estas premisas, Kardec parece condenar la vida contemplativa, por ser inútil, así como la monástica, puesto que Dios no quiere el cultivo egoísta del sentimiento religioso, sino la práctica de la caridad, la experiencia viva y constante del amor por medio de las relaciones humanas.

Sin embargo, el Libro de los Espíritus no deja a un lado la cuestión del culto religioso. El hombre, que hacia Dios gravita, es un Ser religioso por naturaleza, que necesita manifestar su religiosidad. Y tal manifestación se opera en las formas naturales de adoración, entre las que se cuenta la plegaria. Por medio de la oración el hombre piensa en Dios, se acerca a Él, con Él se comunica. Mediante las preces el ser humano puede acelerar su evolución, elevarse más pronto sobre sí mismo. Pero tampoco el rezar puede ser tan sólo un acto formal. Con la oración es posible hacer tres cosas: alabar, pedir y dar gracias a Dios; pero siempre que lo hagamos con el corazón y no únicamente con los labios



Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo



 

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