MI PREFACIO AL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Titulo este artículo EL
PRINCIPIO DEL FIN porque, Allan Kardec, pseudónimo del preclaro pedagogo
francés Denizard León Rivail, compiló, con la ayuda de los Espíritus Elevados,
las bases de esta ciencia, llamada Espírita o Espiritismo y las publicó el 18/04/1857. En esta obra, se hallan todos los
principios de la Ciencia Espírita. De un modo muy sucinto se encabalgan las
ideas al modo clásico de pregunta y respuesta, entre Kardec y los diversos
Espíritus, técnica que ha sido utilizada por muchos investigadores en este
campo. La obra de Kardec, fue la primera en su
género y se constituyó en el principio de la ciencia que demuestra la
existencia de los espíritus, lo que implica la aceptación del más allá.
Como “El Libro de los
Espíritus” es una obra algo extensa y muy rica en conocimiento, me cuesta
trabajo resumirla, porque me parece que si dejo de reescribir algún párrafo de
tan hermosa obra, pues les dejaré sin un precioso conocimiento, el cual les
pudiera ser muy útil, para comprender la Inmensidad del Reino Espiritual. En lo
particular, estoy muy impresionado la obra literaria de Kardec porque, pese a
haber sido escrita en tiempos de difícil acceso a la información, sobre todo la
referida al Reino Espiritual, Kardec logró comprender y escribir, con mucha
claridad y precisión, aquello que resulta bastante oscuro y poco preciso,
incluso para nuestros tiempos, en donde contamos con los beneficios del inmenso
océano de la web. De hecho, ésta es precisamente la
prueba evidente y clara de que Kardec únicamente compiló y escribió aquello que
los Espíritus Superiores le comunicaban, a través de los médiums. Sólo así se
puede explicar tanta claridad y precisión.
Les aclaro que, escribo
estos artículos como ayuda, principalmente para mí y para mis allegados, a los
fines de comprender lo que resulta incomprensible para el común de la gente, por
lo que, además de reescribir lo escrito por Kardec en “El Libro de los
Espíritus”, me es preciso escribir algunas aclaratorias que me permitan
comprender mejor lo escrito por Kardec, según lo que he aprendido, acerca del
Reino Espiritual, que quizás Kardec no supo aclarar con mayor detalle, debido
al difícil acceso a la información en sus tiempos. Y claro que, ciertamente los Espíritus Superiores pudieron haberle dado la información
a Kardec con mayor detalle y precisión, pero si lo hubieran hecho así quizás
hubieran hecho estallar el cerebro de Allan, en atención a que no hubiera
podido comprender la información propia de un Reino que se encuentra más allá
de la tercera dimensión. Ahora bien, debido a su extensión y a mi
dificultad para resumir tan precioso libro, además de que no puedo dejar de
anotar mis aclaratorias a ciertos detalles, me veo obligado a publicar varios artículos acerca de “El Libro de los Espíritus”, a los fines de no apesadumbrarlos
con demasiada información en un solo artículo.
Ahora bien, los artículos
referidos a El Libro de los Espíritus, los he titulado EL PRINCIPIO DEL FIN, no
sólo porque considero que la obra de Kardec es el ‘principio’
del Conocimiento o Ciencia Espírita, sino porque, de acuerdo la información que
invade nuestro tiempo, es la base del Conocimiento que deberemos aprender a
utilizar en el último tiempo de El Gran Juego, el cual se hace cada vez más
evidente que comenzará en breve. Tristemente, pese a lo próximo del ‘Último
Tiempo’ de El Gran Juego, la humanidad pareciera estar cada día más alejada del
precioso conocimiento que nos legó Kardec en sus obras. Sé que en parte esto
ocurre porque, los EGOS de gran parte de la humanidad se han empoderado de los
Espíritus de los humanos y les ha movido a dejar de prestarle atención a La
Verdad de nuestra realidad ontológica, lo que nos ha alejado de Dios y por ende
de creer en el Reino Espiritual. Pero quizás, este letargo generalizado de la
humanidad, también se deba al poco esfuerzo que han realizado los descendientes
filosóficos de Kardec para salir de sus cúpulas y esforzarse por comunicar más
eficientemente aquello que se le asignó a Kardec realizar. Que ¿cómo hacerlo?,
pues es tan sencillo como preguntarle a los Espíritus Superiores. Si ustedes,
que supuestamente tienen conexión con el más allá, no les preguntan y no se
comprometen realmente con la obra de Kardec, pues los Espíritus Superiores no
les pueden obligar. ¿Recuerdan el Libre Albedrío?
Arriba les anoté, en
negrillas y subrayado con sangre, la fecha de publicación de “El Libro de los
Espíritus” en atención a que, en algunos de mis artículos les he comentado que,
para mí es evidente que, nuestro Amoroso Padre Dios, aproximadamente cada 19 Sincronizaciones de 33 años
(aproximadamente cada 600 años), nos ha
enviado un Mensajero Destacado,
a fin de realizar algunos cambios de nivel o avances en El Gran Juego. Les
aclaro que, hago un redondeo a 600 años porque algunas fechas se han perdido en
la historia del hombre y consecuentemente no tenemos certeza de la fecha de
activación del Mensajero Destacado. También les aclaro que, para comprender de
lo que les escribo, particularmente cuando les hablo de El Gran Juego, deben
esforzarse por leer y comprender, sobre todo los 15 últimos artículos
publicados en mi Blog https://verdaderoscreyentes.blogspot.com,
dado que no me es posible aclararles al respecto en los presentes artículos, a
fin de evitar hacerlos más extensos de lo que suelen ser.
Así
pues, no tenemos ni idea de cuando se inició La Creación, pero si sabemos que
en algún momentos fue creado Adán, un hombre diferente al resto de los hombres
ya existentes, porque se le confirió un Alma. Antes de Adán ciertamente
existían seres con forma humana, a los que denominamos ‘hombres’. Estos ‘hombres’ evidentemente tenían ‘espíritu’ o ‘pneuma’,
que es la parte principal o ‘fuerza animadora’ de todos los seres vivientes,
que posibilita la ‘comunión’ con Dios, puesto que tiene su origen en Dios mismo.
Todo ser viviente, gracias a la acción del espíritu, tiene ‘intuición’ de la
existencia de Dios y ‘CONCIENCIA’ que le permite distinguir entre el bien el
mal. Por muchísimos años El Gran Juego se desarrolló únicamente con la presencia
del Fiat o Espíritu en todos los seres creados. Era como un tiempo de
entrenamiento, para acostumbrarnos a la materia. En
algún momento, nuestro Amoroso Padre Dios Decidió otorgarnos un Alma y entonces
creó a Adán. El intelecto, pensamiento, ideales, amor, emoción, discernimiento,
decisión, selección, etc, son experiencias propias de aquel que tiene alma. Es
por esto que el alma es la que hace al hombre ‘semejante a Dios’ y en
consecuencia ‘humanos’.
Por muchísimos años, las primeras criaturas jugaron sin conciencia
de El Único Dios Verdadero, por lo que comenzaron a rendirle culto a muchos
dioses.
¡De todo fenómeno natural hicieron un dios y le rindieron culto!!! A Adán se le otorgó el Alma para que fuera acumulando
experiencias en la tierra y para que pudiera comunicar su conocimiento de El
Único Dios Verdadero al resto de la creación, particularmente a los hombres.
Pero este conocimiento que tenía Adán acerca de El Único Dios Verdadero era muy
escueto, puesto que aprendió por las malas que debemos amar a Dios sobre todas
las cosas. De allí que, a la creación le costó muchísimo rendirle culto a un
Dios que con cualquier cosita se molestaba y continuaron rindiendo culto a muchos
dioses, los cuales fabricaban a su conveniencia. Estos dioses solían ser más
efectivos que El Único Dios Verdadero porque a Satanás se le asignó la tarea de
extraviarnos otorgándonos bienes materiales y esto hacía cuando le pedíamos a
algún diosecito bienes materiales. Este comportamiento, extremadamente politeísta
y materialista, nunca fue la idea de que viviéramos experiencias materiales en
la tierra. Ocurrió entonces que, en algún momento
nuestro Amoroso Padre Dios Consideró que el’ tiempo de entrenamiento’ había
concluido y envió El Diluvio, a fin de resetear El Gran Juego y comenzar a
jugar con mayor Conciencia de Dios.
Por
mucho tiempo después de El Diluvio, los hombres que sobrevivieron continuaron
empeñados en idolatrar todo lo que apreciaban era Dios. Entonces, al considerar
que ya estábamos lo suficientemente curtidos para comenzar a Jugar en serio,
nuestro Amoroso Padre Dios Activó a Abraham, cerca
del año 1.800 a.C., a los fines de comenzar a inclinar a la
humanidad hacia el monoteísmo.
Aproximadamente 600 años después (1.200 a.C.) fue
activado Moisés, a los fines de indicarnos ciertas Reglas, las cuales nos ayudarían a Jugar con mejor
orden y conciencia. Seguidamente, fue activado Siddhartha,
cerca del año 600 a.C., a los fines de recordarnos que la única
forma de no reencarnar es parecernos lo más posible
a Dios, haciéndonos responsable de nuestras existencias. En el año 1 d.C., aproximadamente 600 años después de
Siddhartha, llegó nuestro Amado Yeshuá, para darle
plenitud a las Reglas de El Gran Juego. Aproximadamente 600 años
después de la Encarnación de nuestro Amado Yeshuá (cerca
del 600 d.C.) fue activado Mahoma, a fin de que se esforzara por reunir a las diferentes religiones existentes en
La Única Verdad de La Existencia de El Único Dios Verdadero. Cerca de 600 años
después de la activación de Mahoma, fue activado Tomás
de Aquino (cerca del 1.200 d.C.), a los fines de que nos detallara
hermosamente Qué Cosa Es Dios y como alcanzarle,
detalles que publicó en su Suma de Teología, Obra fundamental para Conocer a
nuestro Amoroso Padre Dios.
Ocurría
que, para 600 años después de Tomás de Aquino (cerca
del 1.800 d.C.) no había detectado a ningún otro Mensajero
Destacado, que nos ayudara a avanzar en El Gran Juego, con la Revelación de
aquello que le tocó -como Mensajero Destacado- revelar. Entonces, gracias a
nuestro Amoroso Padre Dios, una de mis hijas me recomendó ver la película
titulada “Kardec”, película que me dejó en claro que, Kardec vino a demostrarnos con procedimientos científicos la
existencia del Reino Espiritual y nuestras evidentes interconexiones con ese
Reino. Podemos decir que, antes de Kardec no había Espiritismo y ni
siquiera existía esta palabra. Kardec es el Mensajero Destacado que le hacía
falta a mi teoría de El Diseño evidente de El Gran Juego, en cuanto a el
establecimiento tiempos para Revelarnos Información necesaria para seguir
avanzando.
De hecho, en la
traducción de la versión del Libro que estoy leyendo, analizando y profundizando
para ustedes, su autor J. Herculano Pires, en sus “Noticia de la Obra” nos
dice: “Al tomar este libro en nuestras manos observamos una secuencia histórica
que no podemos olvidar. Cuando el mundo se aprestaba
a salir del caos de las civilizaciones primitivas apareció Moisés como
conductor de un pueblo destinado a trazar los lineamientos de un mundo nuevo, y
de sus manos surgió la Biblia.
No había sido Moisés quien la escribiera, pero fue él el motivo central de esa
primera codificación del nuevo ciclo de revelaciones: el ciclo cristiano. Más
tarde, cuando la influencia bíblica ya había
modelado a un pueblo y éste se había dispersado por todo el mundo gentil,
esparciendo la nueva ley, se hizo
presente Jesús, y de sus palabras, recogidas por los discípulos, surgió el Evangelio. La Biblia es la primera codificación de la primera revelación
cristiana, el código hebraico en el que se fundieron los principios sagrados.
Así como en la Biblia se anunciaba ya el Evangelio,
también en éste aparecía la predicción de un nuevo código: el del Espíritu de
Verdad, según puede comprobarse en el Capítulo 14 del Evangelio según San Juan.
Y ese nuevo código nació de las manos de Allan
Kardec, bajo la orientación del Espíritu de Verdad, en el momento exacto en que
el mundo se preparaba para entrar en una fase superior de su desarrollo”.
Con este Libro, el 18 de abril de 1857 se inició para el mundo la era espírita. En él se cumplía la promesa evangélica del Consolador, del Paracleto o Espíritu de Verdad. Decir esto equivale a afirmar que El Libro de los Espíritus es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento. No se trata de un libro común, que se pueda leer de un día para el otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo y meditarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo.
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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