sábado, 11 de marzo de 2023

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS / EL PRINCIPIO DEL FIN - Parte I

MI PREFACIO AL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Titulo este artículo EL PRINCIPIO DEL FIN porque, Allan Kardec, pseudónimo del preclaro pedagogo francés Denizard León Rivail, compiló, con la ayuda de los Espíritus Elevados, las bases de esta ciencia, llamada Espírita o Espiritismo y las publicó el 18/04/1857. En esta obra, se hallan todos los principios de la Ciencia Espírita. De un modo muy sucinto se encabalgan las ideas al modo clásico de pregunta y respuesta, entre Kardec y los diversos Espíritus, técnica que ha sido utilizada por muchos investigadores en este campo. La obra de Kardec, fue la primera en su género y se constituyó en el principio de la ciencia que demuestra la existencia de los espíritus, lo que implica la aceptación del más allá.

Como “El Libro de los Espíritus” es una obra algo extensa y muy rica en conocimiento, me cuesta trabajo resumirla, porque me parece que si dejo de reescribir algún párrafo de tan hermosa obra, pues les dejaré sin un precioso conocimiento, el cual les pudiera ser muy útil, para comprender la Inmensidad del Reino Espiritual. En lo particular, estoy muy impresionado la obra literaria de Kardec porque, pese a haber sido escrita en tiempos de difícil acceso a la información, sobre todo la referida al Reino Espiritual, Kardec logró comprender y escribir, con mucha claridad y precisión, aquello que resulta bastante oscuro y poco preciso, incluso para nuestros tiempos, en donde contamos con los beneficios del inmenso océano de la web. De hecho, ésta es precisamente la prueba evidente y clara de que Kardec únicamente compiló y escribió aquello que los Espíritus Superiores le comunicaban, a través de los médiums. Sólo así se puede explicar tanta claridad y precisión.

Les aclaro que, escribo estos artículos como ayuda, principalmente para mí y para mis allegados, a los fines de comprender lo que resulta incomprensible para el común de la gente, por lo que, además de reescribir lo escrito por Kardec en “El Libro de los Espíritus”, me es preciso escribir algunas aclaratorias que me permitan comprender mejor lo escrito por Kardec, según lo que he aprendido, acerca del Reino Espiritual, que quizás Kardec no supo aclarar con mayor detalle, debido al difícil acceso a la información en sus tiempos. Y claro que, ciertamente los Espíritus Superiores pudieron haberle dado la información a Kardec con mayor detalle y precisión, pero si lo hubieran hecho así quizás hubieran hecho estallar el cerebro de Allan, en atención a que no hubiera podido comprender la información propia de un Reino que se encuentra más allá de la tercera dimensión. Ahora bien, debido a su extensión y a mi dificultad para resumir tan precioso libro, además de que no puedo dejar de anotar mis aclaratorias a ciertos detalles, me veo obligado a publicar varios artículos acerca de “El Libro de los Espíritus”, a los fines de no apesadumbrarlos con demasiada información en un solo artículo.

Ahora bien, los artículos referidos a El Libro de los Espíritus, los he titulado EL PRINCIPIO DEL FIN, no sólo porque considero que la obra de Kardec es el ‘principio’ del Conocimiento o Ciencia Espírita, sino porque, de acuerdo la información que invade nuestro tiempo, es la base del Conocimiento que deberemos aprender a utilizar en el último tiempo de El Gran Juego, el cual se hace cada vez más evidente que comenzará en breve. Tristemente, pese a lo próximo del ‘Último Tiempo’ de El Gran Juego, la humanidad pareciera estar cada día más alejada del precioso conocimiento que nos legó Kardec en sus obras. Sé que en parte esto ocurre porque, los EGOS de gran parte de la humanidad se han empoderado de los Espíritus de los humanos y les ha movido a dejar de prestarle atención a La Verdad de nuestra realidad ontológica, lo que nos ha alejado de Dios y por ende de creer en el Reino Espiritual. Pero quizás, este letargo generalizado de la humanidad, también se deba al poco esfuerzo que han realizado los descendientes filosóficos de Kardec para salir de sus cúpulas y esforzarse por comunicar más eficientemente aquello que se le asignó a Kardec realizar. Que ¿cómo hacerlo?, pues es tan sencillo como preguntarle a los Espíritus Superiores. Si ustedes, que supuestamente tienen conexión con el más allá, no les preguntan y no se comprometen realmente con la obra de Kardec, pues los Espíritus Superiores no les pueden obligar. ¿Recuerdan el Libre Albedrío?

Arriba les anoté, en negrillas y subrayado con sangre, la fecha de publicación de “El Libro de los Espíritus” en atención a que, en algunos de mis artículos les he comentado que, para mí es evidente que, nuestro Amoroso Padre Dios, aproximadamente cada 19 Sincronizaciones de 33 años (aproximadamente cada 600 años), nos ha enviado un Mensajero Destacado, a fin de realizar algunos cambios de nivel o avances en El Gran Juego. Les aclaro que, hago un redondeo a 600 años porque algunas fechas se han perdido en la historia del hombre y consecuentemente no tenemos certeza de la fecha de activación del Mensajero Destacado. También les aclaro que, para comprender de lo que les escribo, particularmente cuando les hablo de El Gran Juego, deben esforzarse por leer y comprender, sobre todo los 15 últimos artículos publicados en mi Blog https://verdaderoscreyentes.blogspot.com, dado que no me es posible aclararles al respecto en los presentes artículos, a fin de evitar hacerlos más extensos de lo que suelen ser.

Así pues, no tenemos ni idea de cuando se inició La Creación, pero si sabemos que en algún momentos fue creado Adán, un hombre diferente al resto de los hombres ya existentes, porque se le confirió un Alma. Antes de Adán ciertamente existían seres con forma humana, a los que denominamos ‘hombres’. Estos ‘hombres’ evidentemente tenían ‘espíritu’ o ‘pneuma’, que es la parte principal o ‘fuerza animadora’ de todos los seres vivientes, que posibilita la ‘comunión’ con Dios, puesto que tiene su origen en Dios mismo. Todo ser viviente, gracias a la acción del espíritu, tiene ‘intuición’ de la existencia de Dios y ‘CONCIENCIA’ que le permite distinguir entre el bien el mal. Por muchísimos años El Gran Juego se desarrolló únicamente con la presencia del Fiat o Espíritu en todos los seres creados. Era como un tiempo de entrenamiento, para acostumbrarnos a la materia. En algún momento, nuestro Amoroso Padre Dios Decidió otorgarnos un Alma y entonces creó a Adán. El intelecto, pensamiento, ideales, amor, emoción, discernimiento, decisión, selección, etc, son experiencias propias de aquel que tiene alma. Es por esto que el alma es la que hace al hombre ‘semejante a Dios’ y en consecuencia ‘humanos’.

Por muchísimos años, las primeras criaturas jugaron sin conciencia de El Único Dios Verdadero, por lo que comenzaron a rendirle culto a muchos dioses. ¡De todo fenómeno natural hicieron un dios y le rindieron culto!!! A Adán se le otorgó el Alma para que fuera acumulando experiencias en la tierra y para que pudiera comunicar su conocimiento de El Único Dios Verdadero al resto de la creación, particularmente a los hombres. Pero este conocimiento que tenía Adán acerca de El Único Dios Verdadero era muy escueto, puesto que aprendió por las malas que debemos amar a Dios sobre todas las cosas. De allí que, a la creación le costó muchísimo rendirle culto a un Dios que con cualquier cosita se molestaba y continuaron rindiendo culto a muchos dioses, los cuales fabricaban a su conveniencia. Estos dioses solían ser más efectivos que El Único Dios Verdadero porque a Satanás se le asignó la tarea de extraviarnos otorgándonos bienes materiales y esto hacía cuando le pedíamos a algún diosecito bienes materiales. Este comportamiento, extremadamente politeísta y materialista, nunca fue la idea de que viviéramos experiencias materiales en la tierra. Ocurrió entonces que, en algún momento nuestro Amoroso Padre Dios Consideró que el’ tiempo de entrenamiento’ había concluido y envió El Diluvio, a fin de resetear El Gran Juego y comenzar a jugar con mayor Conciencia de Dios.

Por mucho tiempo después de El Diluvio, los hombres que sobrevivieron continuaron empeñados en idolatrar todo lo que apreciaban era Dios. Entonces, al considerar que ya estábamos lo suficientemente curtidos para comenzar a Jugar en serio, nuestro Amoroso Padre Dios Activó a Abraham, cerca del año 1.800 a.C., a los fines de comenzar a inclinar a la humanidad hacia el monoteísmo. Aproximadamente 600 años después (1.200 a.C.) fue activado Moisés, a los fines de indicarnos ciertas Reglas, las cuales nos ayudarían a Jugar con mejor orden y conciencia. Seguidamente, fue activado Siddhartha, cerca del año 600 a.C., a los fines de recordarnos que la única forma de no reencarnar es parecernos lo más posible a Dios, haciéndonos responsable de nuestras existencias. En el año 1 d.C., aproximadamente 600 años después de Siddhartha, llegó nuestro Amado Yeshuá, para darle plenitud a las Reglas de El Gran Juego. Aproximadamente 600 años después de la Encarnación de nuestro Amado Yeshuá (cerca del 600 d.C.) fue activado Mahoma, a fin de que se esforzara por reunir a las diferentes religiones existentes en La Única Verdad de La Existencia de El Único Dios Verdadero. Cerca de 600 años después de la activación de Mahoma, fue activado Tomás de Aquino (cerca del 1.200 d.C.), a los fines de que nos detallara hermosamente Qué Cosa Es Dios y como alcanzarle, detalles que publicó en su Suma de Teología, Obra fundamental para Conocer a nuestro Amoroso Padre Dios.

Ocurría que, para 600 años después de Tomás de Aquino (cerca del 1.800 d.C.) no había detectado a ningún otro Mensajero Destacado, que nos ayudara a avanzar en El Gran Juego, con la Revelación de aquello que le tocó -como Mensajero Destacado- revelar. Entonces, gracias a nuestro Amoroso Padre Dios, una de mis hijas me recomendó ver la película titulada “Kardec”, película que me dejó en claro que, Kardec vino a demostrarnos con procedimientos científicos la existencia del Reino Espiritual y nuestras evidentes interconexiones con ese Reino. Podemos decir que, antes de Kardec no había Espiritismo y ni siquiera existía esta palabra. Kardec es el Mensajero Destacado que le hacía falta a mi teoría de El Diseño evidente de El Gran Juego, en cuanto a el establecimiento tiempos para Revelarnos Información necesaria para seguir avanzando.

De hecho, en la traducción de la versión del Libro que estoy leyendo, analizando y profundizando para ustedes, su autor J. Herculano Pires, en sus “Noticia de la Obra” nos dice: “Al tomar este libro en nuestras manos observamos una secuencia histórica que no podemos olvidar. Cuando el mundo se aprestaba a salir del caos de las civilizaciones primitivas apareció Moisés como conductor de un pueblo destinado a trazar los lineamientos de un mundo nuevo, y de sus manos surgió la Biblia. No había sido Moisés quien la escribiera, pero fue él el motivo central de esa primera codificación del nuevo ciclo de revelaciones: el ciclo cristiano. Más tarde, cuando la influencia bíblica ya había modelado a un pueblo y éste se había dispersado por todo el mundo gentil, esparciendo la nueva ley, se hizo presente Jesús, y de sus palabras, recogidas por los discípulos, surgió el Evangelio. La Biblia es la primera codificación de la primera revelación cristiana, el código hebraico en el que se fundieron los principios sagrados. Así como en la Biblia se anunciaba ya el Evangelio, también en éste aparecía la predicción de un nuevo código: el del Espíritu de Verdad, según puede comprobarse en el Capítulo 14 del Evangelio según San Juan. Y ese nuevo código nació de las manos de Allan Kardec, bajo la orientación del Espíritu de Verdad, en el momento exacto en que el mundo se preparaba para entrar en una fase superior de su desarrollo”.

Con este Libro, el 18 de abril de 1857 se inició para el mundo la era espírita. En él se cumplía la promesa evangélica del Consolador, del Paracleto o Espíritu de Verdad. Decir esto equivale a afirmar que El Libro de los Espíritus es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento. No se trata de un libro común, que se pueda leer de un día para el otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo y meditarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo




Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo




 

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