CIII.LEYES MORALES – Libro IV / Capítulo II: PENAS Y GOCES
FUTUROS / Parte VIII
Según leemos en algunos
diccionarios, la ‘expiación consiste en padecer
el castigo por los pecados, con lo cual se eliminan los efectos del pecado y el
pecador arrepentido puede reconciliarse con Dios’, pero, a estas
alturas de nuestra exégesis, creo que ya van comprendiendo que, los ‘pecados’ son propiamente
‘manchas en nuestros Periespíritus’, producto de los muchos vicios o abusos de
los bienes materiales, en los que hemos incurrido, durante varias vidas.
Luego, no existe propiamente un ‘castigo’ para ‘eliminar los vicios acumulados’, sino más bien
ciertos procesos dolorosos para lograr deslastrarnos de esos vicios,
que recubren nuestros Periespíritus. Estos procesos de depuración son tan
dolorosos como lo son los dolores que sufre un adicto a las drogas durante un
proceso de abstención de la droga, para desintoxicar el cuerpo de la sustancia
a la cual es adicto. Quizás por esta similitud, muchos ven el proceso de
purificación de un Espíritu como un castigo, aunque realmente no lo es, porque
en cualquiera de los dos casos, los dolores son
necesarios para lograr deslastrarnos de nuestros vicios y tomar nuevamente el control
de nuestros Cuerpos -Naves-. Además, frecuentemente se entiende por
‘expiación’ a las medidas de corrección que toma un pecador para ‘purificarse’
de sus pecados -manchas-, por lo que tenemos que asumir el proceso de ‘expiación’ como una especie de ‘castigo’ auto impuesto por el pecador,
a los fines de solventar las faltas cometidas. De allí que, se tiene
que aceptar que, estos castigos no son impuestos por Dios, tanto cuanto
es el propio pecador quien decide someterse a ciertos dolencias o sufrimientos
corporales, a los fines de corregir sus malas inclinaciones.
El concepto de
‘expiación’ -arriba anotado-, nos dice que, el proceso de ‘expiación’ ayuda a
eliminar las ‘manchas’ pero cuando el ‘pecador’ -el vicioso- está arrepentido
de haberse ‘manchado’, a los fines de reconciliarse con Dios. Se entiende
entonces que, SIN
ARREPENTIMIENTO NO ES POSIBLE DAR INICIO AL PROCESO DE PURIFICACIÓN O EXPIACIÓN,
lo que nos deja en claro que, si no estamos
verdaderamente arrepentidos de habernos enviciado, no nos será posible
reconciliarnos con Dios, por más
dolorosos que pudieran ser los métodos de ‘expiación’ en los que nos
ejercitemos. Les aclaro que, EL ARREPENTIMIENTO IMPLICA NO SOLAMENTE RECONOCER QUE
SE HA COMETIDO UNA FALTA, SINO QUE ES ALTAMENTE PRECISO COMPRENDER QUE ESA
FALTA LE HACE UN DAÑO TERRIBLE A MI ESPÍRITU Y ME IMPIDE ESTAR CERCA DE NUESTRO
AMOROSO PADRE DIOS. Ocurre entonces que, en atención a que muy pocos
son los que comprenden y aceptan que realmente somos Espíritus Encarnados, pues
SON MUY POCOS LOS QUE VERDADERAMENTE SE ARREPIENTEN
DE SUS FALTAS, tanto cuanto no logran comprender el terrible daño que le hacen
a sus Espíritus.
(432): 1000. ¿Podemos, ya en la vida presente,
rescatar nuestras culpas? – “Sí, reparándolas. Pero no creáis que las rescataréis
tan sólo con unas pocas privaciones pueriles o legando a los demás vuestros bienes, para después de
vuestra desencarnación, cuando ellos no los necesitéis. Dios no toma en cuenta en manera
alguna un arrepentimiento estéril, siempre fácil y que no cuesta otro esfuerzo
que el de golpearse el pecho. Perder el dedo meñique mientras se
presta un servicio borra más culpas que el tormento del cilicio sufrido a lo
largo de los años, sin otro objetivo que el bien de sí mismo.
El mal sólo es rescatado
por el bien, y la
reparación no reviste ningún mérito si no afecta al hombre ni en su orgullo ni
en sus intereses materiales. ¿De qué le vale, para su justificación,
el restituir después de su muerte los bienes mal habidos, cuando ya le son
inútiles y les ha sacado provecho? ¿De qué le vale privarse de algunos placeres
fútiles y unas pocas cosas superfluas, si la injusticia que ha cometido contra
otros sigue siendo la misma? ¿De qué le vale, por último, humillarse ante Dios
si sigue siendo orgulloso ante los hombres?”. (Harto les he comentado que, es
altamente importante RECONOCER
Y ACEPTAR QUE SOMOS ESPÍRITUS ETERNOS ENCARNADOS PARA VIVIR EXPERIENCIAS
TEMPORALES QUE NOS AYUDEN A CRECER EN EL CONOCIMIENTO, A LOS FINES DE HACERNOS
CONSCIENTES DE DIOS. De allí que, mientras no reconozcamos y
aceptemos esta hermosa realidad, todo lo que hagamos por mejorar nuestra
relación con Dios será en vano, tanto cuanto no comprenderemos que lo que se
encuentra en peligro es nuestro Espíritu y no nuestro Cuerpo. Por esta razón es
que, las prácticas de ‘expiación’ suelen ser muy
poco efectivas para la mayoría de los penitentes, tanto cuanto ni siquiera
comprenden cómo esa práctica ayuda al Espíritu a deslastrarse de sus ‘manchas’.
Sirven de ejemplos los muchos religiosos devotos con inclinaciones al vicio de
la lujuria que, después de dejarse dominar por el vicio y cometer algún abuso
sexual, se colocan un cilicio en la cintura y se dan de latigazos en la
espalda, pidiéndole perdón a Dios por haber cometido tal abuso, pero a la
vuelta de unos días, vuelven a caer en la falta. Esto ocurre porque realmente
no están arrepentidos de sus faltas, tanto cuanto no comprenden que esa falta
le hace un daño terrible a su Espíritu y esto no lo comprenden porque aún no
tienen ‘Consciencia’ de lo que son, tanto ellos mismos como aquel de quien
abusan sexualmente).
DURACIÓN DE LAS PENAS FUTURAS
Aunque frecuentemente se
entiende por ‘expiación’ a las medidas de corrección que toma un pecador para
‘purificarse’ de sus pecados -manchas-, evidentemente, cada
vivencia material o Reencarnación es en sí una ‘expiación de nuestras faltas’,
tanto cuanto, cada vez que Reencarnamos es a los fines de ‘Aprender de nuestras
Experiencias de Vida el Conocimiento que nos ayude a hacernos Conscientes de
nuestro Amoroso Padre Dios y, a la par, deslastrarnos de los vicios acumulados, durante varias vidas.
Luego, deslastrarnos de
los vicios acumulados es propiamente un proceso de purificación –‘expiación’-,
que deberíamos lograr con la superación de ciertas Pruebas y con los
sufrimientos propios de la vida misma. Pero tristemente, la falta de ‘Consciencia de lo que somos’ impide que muchos
aprovechen las Pruebas para purificarse, por lo que, los
procesos de ‘expiación’ suelen durar más allá de una vida, para la gran mayoría
de los Espíritus.
(434): 1006. ¿Podrá ser
eterna la duración de los sufrimientos del Espíritu? – “A no dudarlo, si fuera
eternamente malo, esto es, si no hubiera de arrepentirse jamás ni de mejorar,
entonces sí sufriría por toda la eternidad. Pero Dios no creó Seres que
estuviesen perpetuamente destinados al mal. Sólo los ha creado
simples e ignorantes, y todos
deben progresar en un lapso más o menos prolongado, con arreglo a su voluntad. La voluntad puede ser
más o menos tardía, así como hay niños que son más precoces que otros, más
tarde o temprano llega por la necesidad irresistible que experimenta el
Espíritu de salir de su estado de inferioridad y ser feliz. La ley que rige la duración de las penas es, pues,
eminentemente sabia y benévola, puesto que subordina
dicha duración a los esfuerzos que realice el Espíritu. No le quita jamás su libre
albedrío. Si
lo emplea mal, sufre las consecuencias de ello.”. (De manera que, el tiempo
que nos lleve el deslastrarnos de los vicios acumulados durante varias vidas,
depende más de nosotros que de Dios, tanto cuanto Él jamás nos quitará el Libre
Albedrío. Permítanme que les insista una vez más: LOS
ESPÍRITUS QUE NO LOGRAN PROGRESAR SON AQUELLOS QUIENES, DURANTE SUS VIDAS
MATERIALES, NO QUIEREN RECONOCER Y ACEPTAR QUE SON ESPÍRITUS,
consecuentemente, no se esfuerzan ni un ápice por ‘Progresar’ porque no tienen
ni la más mínima idea de que lo que está en juego es el ‘Perfeccionamiento de
sus Espíritus’, a los fines de acercarse a nuestro Amoroso Padre Dios, para ‘Alcanzar
la Dicha Plena’. Es decir, debido al Velo que se nos
coloca antes de Reencarnar, son muchos los Espíritus que se olvidan de lo que
realmente son y comienzan a reconocer las necesidades materiales como propias, lo
que los mueve a procurar los bienes materiales excesivamente, hasta llegar al
abuso de los mismos. Luego, cada vez que hacen sus transiciones al
Más Allá, se percatan de lo mal que van y, en vez de esforzarse por salir del
atolladero, deciden claudicar en sus intentos por ‘Perfeccionarse’. Pero,
gracias a nuestro Amoroso Padre Dios, el ‘Progreso de nuestros Espíritus’ es una
Ley Divina, por lo que todos los Espíritus, en alguna de sus existencias
materiales -Reencarnaciones- comenzarán sus ‘PerfeccionamientoS EspiritualES’,
algunos más tempranos que otros. Algunos Espíritus son más lentos que otros
para ‘Progresar’ pero, tal y como ocurre con los niños que deciden no estudiar
y al llegar a la edad adulta deciden retomar sus estudios, a los fines de
profesionalizarse, esos Espíritus lentos o flojos, en alguna de sus existencias
materiales -Reencarnaciones-, deciden madurar y comienzan a esforzarse por ‘Perfeccionarse’).
Comúnmente, aquello que acostumbran a realizar prácticas de ‘expiación
pueriles o infructuosas’, vuelven a caer muchas veces en la misma falta, porque
su arrepentimiento es motivado por el miedo al ‘infierno de fuego eterno’.
Evidentemente, tales ‘falsos penitentes’, parecieran tener cierta ‘Consciencia
de que son Espíritus’, tanto cuanto le tienen miedo al Más Allá y no desean
entrar al ‘infierno de fuego eterno’, por lo que creen que, al imponerse
ciertos castigos corporales por sus faltas, lograrán reconciliarse con Dios y
así librarse del ‘infierno de fuego eterno’. Pero, tristemente, LO QUE TIENEN no es ‘Consciencia de que son Espíritus’ sino simplemente lo que
tienen es el ‘Conocimiento de que son Espíritus’, lo cual no les alcanza
para un verdadero arrepentimiento. Ahora bien, tampoco el miedo al ‘infierno
de fuego eterno’ les ayuda a ‘Crecer Espiritualmente’, porque, de alguna forma
o manera, los Espíritus saben que el ‘infierno de
fuego eterno’ no existe, por lo que terminan cayendo constantemente en la
falta, porque creen que su falta no le acarrea castigo más allá del auto
impuesto con las prácticas de expiación, las cuales continúa
haciendo creyendo que con estas prácticas se reconciliará con Dios, pero
resulta que Dios no se mete en nuestro mal uso del Libre Albedrío.
(435): 1009. Según esto,
¿las penas impuestas jamás serían eternas? – “Interrogad a vuestro buen
sentido, a vuestra razón, y preguntaos si una condena a perpetuidad, por
algunos momentos de error, no sería la negación de la bondad de Dios.
¿Qué es, en efecto, la duración de la vida – aun cuando llegase a los cien
años- respecto de la eternidad? ¡Eternidad! ¿Comprendéis cabalmente esta
palabra? ¡Sufrimientos, torturas sin término ni esperanza, tan sólo porque se
han cometido algunas faltas! ¿No rechaza vuestro juicio semejante idea? Que los antiguos hayan visto en el Señor del Universo a un
dios terrible, celoso y vengativo, se concibe. En su ignorancia, atribuían a la
divinidad las pasiones humanas. Pero no es ese el Dios de los
cristianos, que coloca el amor y la caridad, la misericordia y el olvido de las
ofensas en la categoría de las virtudes principales. ¿Podría Él mismo carecer
de las cualidades que establece como obligatorias para el hombre? ¿No hay
contradicción en atribuirle bondad infinita e infinita venganza? Afirmáis que
ante todo Él es justo y que el hombre no comprende su justicia, pero ésta no
excluye a la bondad, y no sería bueno Dios si condenara a penas horribles y
perpetuas a la mayor parte de sus criaturas. ¿Podría imponer a sus
hijos el que sean justos, si no les concede los medios de comprender la
justicia? Por lo demás, lo sublime de la justicia, unida a la bondad, ¿no reside acaso en el hecho de
hacer que la duración de las penas dependa de los esfuerzos del culpable por
mejorarse? En ello está la verdad
de estas palabras: «A cada uno según sus obras»”. (De manera que, según se
desprende de lo comunicado por San Agustín a Kardec, EL INFIERNO DE FUEGO ETERNO NO EXISTE.
Pero entonces, que podemos decir de aquel oráculo que nuestro Amado Yeshuá
pronunció: «… Apartaos de mí, malditos, al
fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» -Mateo
25:41-, pues, de momento les diré que, nuestro Amado
Yeshuá aparentemente habla de un fuego que es eterno, pero no dice que el
diablo y sus secuaces deberán permanecer eternamente en ese fuego.
Creo que comprenderemos mejor lo que realmente quiso decir nuestro Amado Yeshuá
leyendo, investigando y profundizando lo que Platón le comentó a Kardec,
respecto de ese oráculo:
«¡Guerras de palabras! ¡Guerras de palabras!
¿No habéis hecho verter ya bastante sangre? ¿Es necesario todavía reavivar las
hogueras? Se discute sobre palabras: “eternidad de las penas, eternidad de los
castigos”. ¿No sabéis que aquello que entendéis hoy por eternidad no lo
entendían como vosotros los antiguos? Consulte el teólogo las fuentes, y como todos
vosotros descubrirá que el texto hebreo no daba el
mismo significado al vocablo que los griegos, latinos y modernos han traducido
por “penas sin fin, irremisibles”. La
eternidad de los castigos corresponde a la eternidad del mal. Sí, en tanto exista el mal entre
los hombres subsistirán asimismo los castigos. En este sentido relativo hay que interpretar los textos
sagrados. Así pues, la eternidad de las penas sólo
es relativa y no absoluta. El día en que
todos los hombres, por arrepentimiento, se revistan con la capa de la
inocencia, no habrá más lloro ni crujir de dientes. Bien es cierto que
vuestra razón humana es limitada, pero, tal como es constituye un presente de
Dios, y con ayuda de la razón no hay un solo hombre de buena fe que comprenda
de otro modo la eternidad de los castigos. ¡Eternidad de los castigos! ¡Cómo!
¡Habría que admitir, entonces, que el mal sea eterno! Sólo Dios es eterno, y no
ha podido crear eterno al mal, porque en tal caso habría que despojarlo del más
eximio de sus atributos: su Poder Soberano, pues no será soberanamente poderoso
quien pueda crear un elemento destructor de sus obras. ¡Humanidad, humanidad!,
no sumerjas más tu sombría mirada en los hondones de la tierra para buscar allí
los castigos. Llora,
aguarda, expía, y refúgiate en la idea de un Dios infinitamente Bueno,
absolutamente Poderoso y esencialmente Justo»
Al principio de su
intervención, Platón deja en claro que, al leer las Sagradas Escrituras,
siempre nos encontraremos con una ¡Guerra de Palabras!!!, porque cada palabra que leemos puede tener significados diferentes,
según sea el contexto, época, … persona que pronunció esa palabra.
De allí la enorme importancia de leer, investigar y profundizar cada palabra
que leemos en las Sagradas Escrituras, si realmente queremos descubrir el
Mensaje Encriptado por nuestro Amoroso Padre Dios. Mínimamente, se espera de aquellos que
realmente quieren ‘Progresar Espiritualmente’, que a lo menos investiguen la etimología histórica de cada
palabra, que leen en las Sagradas Escrituras, aunque supongan
que ya conocen el significado de las palabras que leen. Mejor aún si, tal y
como acostumbraba a hacerlo Platón, que procuraba conocer el significado que le
daban a las palabras en la antigüedad, para entonces comprender que quisieron
comunicar los antiguos cuando las pronunciaban y por eso descubrió que, «el texto
hebreo no daba el mismo significado al vocablo que los griegos, latinos y
modernos han traducido por “penas sin fin, irremisibles”» y por
eso logró deducir que «la eternidad de las penas sólo es relativa y no
absoluta» y
ES RELATIVA PORQUE SU DURACIÓN DEPENDERÁ DEL TIEMPO QUE NOS LLEVE EL DESLASTRARNOS
DE LOS VICIOS ACUMULADOS. Así pues, es concluyente que, EL INFIERNO TAMBIÉN ES RELATIVO,
tanto cuanto, mientras no logremos deslastrarnos de los vicios acumulados, pues
viviremos vidas infernales, en atención a las penas, castigos, … Pruebas que
tendremos que vivir, para lograr ‘expiar o purificar nuestros Espíritus. Este
es justamente el significado de el oráculo que solía pronunciar nuestro Amado
Yeshuá: «ALLÁ,
EN LA OTRA VIDA, SERÁ EL LLORAR Y CRUJIR DE DIENTES»).
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