SOMOS ESPÍRITUS CON UN
CUERPO
En el capítulo 21
(“Mediumnidad en el lecho de la muerte”), de este interesante libro “Dominios
de la Mediumnidad”, André Luiz nos narra ciertos pormenores, propiamente
humanos, que suelen ser comunes al enfrentar la muerte de un ser querido. El
hecho es que, al no comprender y mucho menos
aceptar lo que realmente Somos, nuestra exagerada identificación de nuestros
Espíritus con los sentimientos del Cuerpo, produce en nosotros un apego tan
grande por aquellos con quienes compartimos muy cercanamente, que nos aferramos
a sus presencias físicas y no queremos aceptar que hagan sus Transiciones al
Más Allá. También ocurre que, muchos
de aquellos Espíritus a quienes se les agotó el tiempo de Experimentar Vida
Material, suelen resistirse al momento de tener que apartarse de sus Cuerpos.
Según nos narra André,
incluso los propios Espíritus Desencarnados, que ya son Conscientes de lo que
realmente Somos, frecuentemente se incomodan al observar, desde otros Planos,
el sufrimiento de aquellos Espíritus Encarnados que enfrentan la muerte o Transición
de algún ser querido. Este es el caso de Hilario, el compañero de viaje de
André, quien, pese a estar plenamente que SOMOS
ESPÍRITUS CON UN CUERPO Y NO UN CUERPO CON UN ESPÍRITU, en algún
momento sintió compasión por aquellos Espíritus Encarnados que experimentaban
la partida de un ser querido, y exclamó: “¡Cielos!
¿Cómo abandonar a una ancianita enferma en una prueba de esta clase? ¿No será
esto una tremenda injusticia?”. A lo que uno de los Asistentes del Instructivo
Viaje, le recordó: “Estoy de acuerdo en que
es lamentable el cuadro que examinamos, sin embargo, nadie elude las leyes que rigen
nuestra vida. Elisa, con la presencia del
hijo recibió aquello que ella buscó ardientemente. Cierto es que se presenta en
la configuración pasajera de una anciana penetrando en la antecámara de la
muerte, pero en
realidad es un espíritu imperecedero y responsable, manejando los valores mentales que se expresan y se
conjugan según principios claros y definidos”.
El hecho es que, muy
pocos Espíritus -Encarnados o no- son Conscientes de su Eternidad y mucho menos
de lo que hemos venido a hacer a estos Mundos. Consecuentemente, muchos son los Espíritus a los que les cuesta aceptar la
muerte de sus Cuerpos, lo que muchas veces se convierte en un pesado
impedimento para hacer una sana y hasta
divertida Transición al Más Allá. Cuando
aprendan a valorar sus cortas estadías en nuestros efímeros Mundos, como un
tiempo de participación en un Juego, con toda seguridad les será muchísimo más
fácil desprenderse de sus apegos por el Cuerpo, que les ha servido de traje en
El Gran Juego, y saldrán corriendo al Más Allá para conocer el puntaje
acumulado, durante ese corto tiempo de Juego, y las fallas cometidas, a los
fines de Planificar la próxima Reencarnación, procurando no cometer las mismas
fallas y mejorar sus puntajes. ¡ES UN
HERMOSO PERO MUY SERIO JUEGO!
Quizás sin querer
queriendo, André nos da detalles de la situación
del Cuerpo de Doña Elisa, como si se tratara de la evaluación de un mecánico, a
quien le han presentado un automóvil para su evaluación: «La encontramos agitada, pronta a desligarse del cuerpo
físico. El médico de la familia examinaba su cuadro orgánico, mostrando
preocupación y desaliento. El estetoscopio le hizo conocer el estado difícil de
su corazón exhausto. Además de esto, la elevada cantidad de urea indicaba una
intoxicación alarmante. Preveía el fin próximo de la escasa resistencia física,
mientras que el delirio de la enferma lo desorientaba. Doña Elisa se vio presa
de una extraña perturbación mental. ... Pese al sudor propio de quien se acerca
a la muerte, como de la extrema palidez que desfiguraba su máscara fisonómica,
hacía un supremo esfuerzo por continuar hablando en voz alta. El facultativo
invitó a la dueña de casa a una conversación reservada, durante la cual le
expuso sus pésimas impresiones. La enferma debería proseguir con una medicación
de emergencia frente a la crisis, sin embargo, la noche sería fatal. La uremia
avanzaba rápidamente, mientras que el corazón era un barco sin timón, por lo
que un colapso podría sorprenderle de un momento a otro». NUESTROS CUERPOS SON SIMPLEMENTE LAS NAVES ASIGNADAS A
NUESTROS ESPÍRITUS, A LOS FINES DE QUE TENGAMOS LAS EXPERIENCIAS DE VIDA, QUE
NOS PERMITAN ADQUIRIR EL CONOCIMIENTO, QUE NOS AYUDE A HACERNOS CONSCIENTES DE
NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS. Cuando se hagan Conscientes de esta
hermosa realidad, al dejar de funcionar sus
Naves -Cuerpos o Avatares-, se bajarán inmediatamente, a los fines de salir
corriendo al Más Allá, para conocer los resultados de sus jugadas, realizadas
en el tiempo de juego que acaba de concluir.
Cuando comprendan y
acepten que SOMOS UN ESPÍRITU CON UN CUERPO Y NO
UN CUERPO CON UN ESPÍRITU, comprenderán y aceptarán que, como suele
ocurrir con cualquier medio de transporte -automóvil, moto, avión, … Nave-, NUESTROS CUERPOS SON TEMPORALES,
POR LO QUE SE DETERIORAN Y DEJAN DE FUNCIONAR. De la misma manera,
tenemos que comprender y aceptar que, así como llega a ocurrir con nuestros
medios de transporte -automóvil, moto, avión, … Nave-, siempre es posible
reparar algunas fallas que presente nuestro Cuerpo -Nave o Avatar-, a los de
continuar jugando, pero siempre surgirán algunas fallas imposibles de reparar,
lo que significará la necesidad de cambiar de medio de transporte -automóvil,
moto, avión, … Nave-, si deseamos continuar con nuestras vivencias. Pues, la
única forma de cambiar de Cuerpo es aceptando que nuestro Cuerpo ya no admite
más reparaciones y dejar de insistir en permanecer dentro de esa Nave -Cuerpo o
Avatar-, que ya no puede seguir funcionando, a los fines de hacer nuestra
Transición al Más Allá, en donde se nos otorgará de otro Cuerpo, que nos
permita continuar jugando, en un nuevo tiempo de juego. ¡NO TIENE SENTIDO INSISTIR EN MANTENER FUNCIONANDO UN
CUERPO QUE YA NO DA MÁS!
De hecho, es egoísta de nuestra parte tratar de mantener a un
Espíritu dentro de un Cuerpo -Nave o Avatar- que está sufriendo de múltiples
fallas, porque con ese Cuerpo deteriorado el Espíritu no podrá realizar alguna
jugada, que le ayude a mejorar su puntaje. Es como insistir en que
un excelente jugador de futbol continúe jugando, a pesar de que tiene la pierna
rota. De manera que, NO TIENE SENTIDO QUE
SUFRAMOS POR LA PARTIDA DE ALGÚN SER QUERIDO, y mucho menos si su
deteriorado Cuerpo -Nave o Avatar- está sufriendo. TENEMOS
QUE HACERNOS CONSCIENTE DE QUE SU PARTIDA ES UNA SIMPLE DESPEDIDA, PORQUE CON
TODA SEGURIDAD NOS VOLVEREMOS A VER, tanto cuanto Somos Eternos y lo
que muere -deja de funcionar- es el Cuerpo.
PERDÓNALOS QUE NO SABEN LO QUE HACEN
En el capítulo 22 (“Emerger
del Pasado”), del libro “Dominios de la Mediumnidad”, André Luiz nos presenta
un caso curiosamente extraño, debido a que nadie se espera que, aquellos a
quienes consideramos muy adelantados espiritualmente, enarbolen comportamientos
propios de los Espíritus poco Perfeccionados. André nos cuenta que,
súbitamente, doña Celina, la gran médium que les ha venido sirviendo de un
digno ejemplo de lo que debe ser el servicio de la mediumnidad, comenzó a
manifestar un odio excesivo por un Espíritu desencarnado que se acercó al
recinto. Tanto para André como para el resto de los estudiantes, el extraño
comportamiento de doña Celina parecía dejar en evidencia un caso de ‘mixtificación’,
porque nadie se esperaba
que doña Celina, la que tanto ha enseñado a muchos a perdonar, a los fines de
sanar sus Espíritus, no hubiera logrado perdonar a alguien que, en vidas
pasadas, le causó un dolor muy grande.
De hecho, durante el
desarrollo de toda esta extraña trama, se nos recuerda la enorme importancia de
perdonar a los que nos ofenden, a los fines de mantenernos sanos y saludables,
tanto espiritual como físicamente. Según mi humilde opinión, cuando nuestro
Amado Yeshuá le pidió a nuestro Amoroso Padre Dios que nos perdonara, por las injurias
y sufrimientos que le estábamos causando, nos estaba otorgando una gran
lección: “AQUELLOS QUE NOS OFENDEN, MALTRATAN O
DAÑAN, LO HACEN PORQUE NO SABEN LO QUE ESTÁN HACIENDO”. La triste
realidad es que, CASI NADIE ES CONSCIENTE DE LO
QUE REALMENTE SOMOS -ESPÍRITUS-, POR LO QUE CASI NADIE ES CONSCIENTE DE QUE
SOMOS HERMANOS, QUE DEBERÍAMOS AMARNOS COMO NOS AMA NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS.
Evidentemente, esta
ausencia de Consciencia Ontológica, no sólo degenera en que lastimemos a los
demás, sino que, peor aún, no nos permite perdonar. De allí que, cuando nos hagamos Conscientes de que quien nos está
ofendiendo, maltratando o dañando es también un amado Hijo de nuestro Amoroso
Padre Dios, se nos hará más fácil perdonar, sobre todo si logramos
comprender que, ese Hermanos nuestro, muy probablemente es tan ignorante -no
sabe lo que hace- como lo es un niño de pecho, quien no se percata de que nos está
vomitando en la cara cuando eructa. Molestarnos con un niño de pecho por
habernos eructado en la cara no tiene sentido, porque, por más que le
expliquemos, esa criaturita no comprenderá lo que ha hecho. Consecuentemente, no tiene sentido que guardemos en nuestro interior un
odio que, más que lastimar al Hermano que nos ofendió, maltrató o dañó, nos
lastima a nosotros mismos, que somos los que realmente sufrimos las
consecuencias negativas del odio que almacenamos.
EL ODIO ES
UNA PESADA ENERGÍA NEGATIVA QUE NOS DEBILITA Y ENFERMA,
por lo que no tiene sentido mantener algún tipo de odio hacia aquellos Hermanos
que nos hayan ofendido, maltratado o dañado. Antes bien, es siempre preferible
reconocer que, AQUELLOS
HERMANOS QUE NOS OFENDEN, MALTRATAN O DAÑAN, SIMPLEMENTE SON COMO NIÑOS DE
MESES DE NACIDOS, QUE CON TODA SEGURIDAD NO SABEN LO QUE HACEN. De
manera que, como tú si sabes lo que haces, pues
lo ideal es que perdones todo tipo de ofensa, maltrato a daño, sabiendo que,
muy probablemente esa ofensa, maltrato o daño, es la consecuencia de alguna
deuda Kármica, por lo que, en vez de odiar a ese Hermano que te ofendió,
maltrató o dañó, más bien tienes que agradecerle por ayudarte a saldar tu deuda.
¿Acaso sabes cuántas veces en vidas pasadas ofendiste, maltrataste o dañaste a
otros Hermanos, simplemente por no saber que eran tus Hermanos? Pues, ahora que
lo sabes, ¡PERDONA A TUS HERMANOS!
EL QUE ESTÉ LIBRE DE PECADOS
La hermosa realidad es
que, MUCHAS DE LAS OFENSAS, MALTRATOS Y DAÑOS,
QUE OTROS NOS OCASIONAN, SON MUCHAS VECES LAS CONSECUENCIAS DE DEUDAS KÁRMICAS.
Y de estas deudas, ninguno de nosotros, por más espirituales que seamos, estamos
totalmente exentos, tanto cuanto, NO EN TODAS
NUESTRAS VIDAS HEMOS SIDO VERDADERAMENTE ESPIRITUALES. Es decir, TODOS HEMOS OFENDIDO, MALTRATADO O DAÑADO A ALGUNOS
HERMANOS NUESTROS, YA SEA EN VIDAS PASADAS O EN LA PRESENTE, POR LO QUE NINGUNO
DE NOSOTROS ESTÁ LIBRE DE PECADOS. De hecho, EL SEGUNDO OBJETIVO, PARA EL CUAL HEMOS SIDO REVESTIDOS
DE MATERIALIDAD, ES QUE NOS DESLASTREMOS DE LAS MUCHAS MANCHAS QUE PUDIERAN
ESTAR EMBARGANDO A NUESTRO PERIESPÍRITU.
EL MAYOR PECADO
QUE PODEMOS COMETER ES ODIAR A NUESTROS HERMANOS,
por lo que SE HACE IMPERATIVO PERDONAR, CON LA
CONSCIENCIA PLENA DE QUE NUESTRO HERMANO NO SABE LO QUE HACE Y QUE MUY
PROBABLEMENTE, ESA OFENSA, MALTRATO O DAÑO, YO SE LA DEBÍA. El hecho
es que, por muy honorables y espirituales que seamos en la vida presente, esto
no quiere decir que en vidas pasadas no hayamos acumulado algún odio, como una
carga innecesaria para nuestros Espíritus, que pudieran aflorar en algún
momento, revelando lo imperfecto de nuestro Proceso de Perfeccionamiento. ¡TODOS SOMOS PROPENSOS A FALLAR!, por lo que se hace necesario vigilar constantemente nuestros
sentimientos, en procura de no albergar en nuestro interior ningún tipo de odio.
Ante una duda de Hilario,
acerca de si doña Celina merecía o no ser considerada verdaderamente médium, en
el entendido de que no había logrado sanar su pasado, Raúl Silva le recordó:
«¡Ella
representa a millares de seres ante nuestros ojos!... ¡Cuántos mendigos
arrastran en la Tierra el agujereado manto de la hidalguía efímera que les
cubría antes! ¡Cuántos esclavos de la necesidad y del dolor traen consigo la
vanidad y el orgullo de los poderosos señores que fueron en otras épocas!... ¡Cuántas almas son llevadas a la unión
consanguínea y caminan de la cuna a la tumba transportando quistes invisibles
de aversión y odio hacia sus propios familiares, quienes fueron sus rudos
adversarios en existencias pretéritas!... Todos podemos caer en semejantes
estados si no aprendemos a cultivar el olvido del mal y a marchar
incesantemente con el bien...».
¡NADIE ESTÁ LIBRE DE
PECADOS! ¡URGE PERDONAR SI QUEREMOS SER PERDONADOS!
Seguidamente, André nos
comenta que «Raúl Silva, en su condición de
hábil psicólogo, invitó
a la enferma al acto benefactor de la oración.
Le correspondía a ella suplicar al cielo para obtener la gracia del olvido. Cabíale
borrar el pasado de su imaginación, a fin de conseguir la calma y encontrar la
paz. Silva, singularmente conmovido, le
invitó a repetir en compañía suya las frases sublimes de la oración dominical.
La pobre señora lo acompañó dócilmente. Al término de la plegaria se mostraba
más tranquila. El servicial amigo, traduciendo la colaboración del mentor que
le acompañaba solícitamente, le rogó tener en cuenta, por encima de todo, el imperativo de
perdonar a los enemigos para la reconquista de la paz, tras lo cual la enferma, con su rostro en lágrimas, se
desligó de las impresiones que le ataban a su pasado, volviendo a su estado
normal».
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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